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Salud

La diabetes en la tercera edad

Cada vez hay un mayor número de diabéticos en la tercera edad, la padecen entre un 5 y un 10% de personas mayores de 65 años.

La diabetes es una enfermedad grave. Las personas desarrollan diabetes cuando el nivel de glucosa en la sangre, a veces llamado azúcar en la sangre, es demasiado alto.

Lo bueno es que hay cosas que usted puede hacer para controlar la diabetes y prevenir los problemas asociados con esta enfermedad. Además, si le preocupa desarrollar diabetes, hay cosas que puede hacer para disminuir su riesgo.

 

¿Qué es la diabetes?

Nuestros cuerpos convierten los alimentos que consumimos en glucosa. La insulina ayuda a la glucosa a entrar en nuestras células, donde puede usarse para generar energía.

Si tiene diabetes, es posible que su cuerpo no produzca suficiente insulina, que no use la insulina correctamente, o ambas cosas. Eso puede causar demasiada glucosa en la sangre.

Su médico de cabecera puede enviarlo a un médico que se especializa en el cuidado de personas con diabetes, llamado endocrinólogo.

 

Tipos de diabetes

Hay dos tipos principales de diabetes.

Diabetes tipo 1. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina o produce muy poca cantidad. Aunque los adultos pueden desarrollar este tipo de diabetes, ocurre con mayor frecuencia en niños y adultos jóvenes.

Diabetes tipo 2. En la diabetes tipo 2, el cuerpo produce insulina, pero no la usa de manera correcta. Es el tipo más común de diabetes. Ocurre con mayor frecuencia en adultos de mediana edad y adultos mayores, pero también puede afectar a los niños.

Su probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 es mayor si tiene sobrepeso, es inactivo o tiene un historial de diabetes en la familia.

La diabetes puede afectar muchas partes de su cuerpo. Es importante mantener la diabetes bajo control. Con el tiempo, puede causar graves problemas de salud, como enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, enfermedades renales, ceguera, daños a los nervios y problemas de circulación que pueden llevar a la amputación.

Las personas con diabetes tipo 2 también tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

 

Síntomas de la diabetes

Es posible que algunas personas con diabetes tipo 2 no sepan que tienen la enfermedad. Pero pueden sentirse cansadas, hambrientas o sedientas. Pueden perder peso sin intentarlo, orinar con frecuencia o tener problemas de la vista, como visión borrosa.

También pueden desarrollar infecciones en la piel o sanar con lentitud cuando se han cortado o tienen moretes. Consulte a su médico de inmediato si tiene uno o más de estos síntomas.

 

Cuidado de la diabetes en la tercera edad

Cuando sea diagnosticado con diabetes, el médico elegirá el mejor tratamiento según el tipo de diabetes que usted tenga, su rutina diaria y cualquier otro problema de salud que tenga.

Muchas personas con diabetes tipo 2 pueden controlar sus niveles de glucosa en la sangre tan solo con dieta y ejercicio. Otras necesitan medicamentos para la diabetes o inyecciones de insulina.

Con el tiempo, las personas con diabetes pueden necesitar tanto cambios en el estilo de vida como de medicamentos.

Usted puede mantener el control de su diabetes haciendo lo siguiente:

Elija alimentos saludables. Aprenda cómo los diferentes alimentos afectan los niveles de glucosa. Para perder peso, considere los alimentos que son bajos en grasa y azúcar. Dígale al médico si desea ayuda con la planificación de las comidas.

Haga ejercicio. El ejercicio diario puede ayudar a mejorar los niveles de glucosa en las personas mayores que tienen diabetes. Pídale al médico que le ayude a planificar un programa de ejercicios.

Vigile su presión arterial. Hágase revisar la presión arterial con frecuencia.

Vigile su colesterol. Hágase un análisis de sangre por lo menos una vez al año para determinar sus niveles de colesterol y triglicéridos. Los niveles altos pueden aumentar su riesgo de desarrollar problemas cardíacos.

Deje de fumar. Fumar aumenta su riesgo de desarrollar muchos problemas de salud, incluso ataques cardíacos y derrames cerebrales.

Hágase exámenes anuales de los ojos. Encontrar y tratar los problemas oculares a tiempo puede ayudar a mantener los ojos sanos.

Hágase exámenes anuales de los riñones. La diabetes puede afectar los riñones. Los exámenes de orina y sangre mostrarán si sus riñones están bien.

Vacúnese contra la gripe todos los años y vacúnese contra la neumonía. Una vacuna anual contra la gripe le ayudará a mantenerse saludable. Si tiene más de 65 años, asegúrese de haberse vacunado contra la neumonía. Si tenía menos de 65 años cuando recibió la vacuna contra la neumonía, pregúntale al médico si es posible que necesite una segunda vacuna.

Cuide sus dientes y encías. Cepíllese los dientes y use hilo dental todos los días. Acuda al dentista para que le revise los dientes y encías dos veces al año con el fin de evitar problemas graves.

Proteja su piel. Mantenga su piel limpia y use cremas suavizantes para evitar la sequedad. Cuide las pequeñas cortaduras y moretes para así prevenir infecciones.

Revise sus pies. Tome tiempo para revisarse los pies todos los días con el fin de detectar si tiene áreas enrojecidas. Pídale a alguien que le revise los pies si no puede hacerlo usted mismo.

Si tiene llagas, ampollas, cortes en la piel, infecciones o acumulación de callosidades, consulte a un médico especialista en el cuidado de los pies, llamado podólogo.

 

Consejos para protegerse del frío en la tercera edad

Las bajas temperaturas, las heladas y las olas de frío son, sin duda, uno de los mayores riesgos de mortalidad en los ancianos.

Ante las inclemencias propias del invierno, damos unas breves pautas para afrontar el invierno en la tercera edad de forma segura sin olvidar que existen residencias y servicios especiales, como la teleasistencia, que aseguran, en todo lo posible, el bienestar de los mayores.

 

Abrigarse adecuadamente

Esto es necesario tanto para salir a la calle como para estar en casa. Dos imprescindibles son el gorro y los guantes para mantener el calor, así como usar ropa cómoda y cálida en el hogar y ahorrar también en calefacción.

También hay que tener en cuenta que no es recomendable salir a la calle si hace mal tiempo, nieva o llueve ya que el suelo está resbaladizos y la probabilidad de sufrir una caída aumenta considerablemente.

 

Cuidar la alimentación y reforzar el organismo

El invierno es la estación del año que provoca más gripes y resfriados por el cambio brusco de temperatura. Por ello las personas mayores deben cuidar la alimentación para que el organismo se sienta reforzado.

Los alimentos que el cuerpo demanda en invierno deben proporcionar más calor a nuestro cuerpo, por ello, se recomienda tomar:

Hidratos de carbono: ayudan a mantener el nivel de glucosa en sangre como el pan, el arroz y las patatas.

Hidratación: se aconseja beber líquidos, aunque no se tenga sed, en forma de agua, zumos, caldos o infusiones calientes. Conviene limitar las bebidas estimulantes, como alcohol y refrescos.

Carne, pescado, huevos y lácteos: el consumo de pescado ha de ser mayor que el de carnes y se pueden tomar hasta 4 huevos por semana. El consumo de lácteo puede llegar a 3 raciones al día.

Frutas, verduras y legumbres: hay que aprovechar los cítricos en esta época del año, ricos en vitaminas y antioxidantes. Su alto contenido en vitamina C la hace necesaria para los huesos y articulaciones.

 

Ventilación adecuada y sistema de calefacción

Al igual que en otras estaciones del año, es imprescindible ventilar las habitaciones para evitar la acumulación de gases o humos, pero con moderación.

Hay que tener en cuenta que las corrientes de aire puede ser peligrosas para la salud, al igual que un mal estado del sistema de calefacción.

Por ello es importante revisar el sistema de calefacción y comprobar que funciona bien y si la casa dispone de chimenea asegurarnos de que el tiro está abierto y limpio.

 

Evitar los accidentes

El frío también aumenta el riesgo de accidentes, tanto dentro como fuera de casa.

Fuera de casa, la formación de placas de hielo puede producir caídas. Por ello hay que utilizar zapatos adecuados, resistentes al agua y con suela antideslizante para los días de lluvia o de nieve.

Aunque es bueno mantenerse activo todo el año, si las condiciones meteorológicas son adversas (nieve, hielo, lluvia, vientos fuertes y fríos) hay que tener cuidado y, a veces, la mejor opción es no salir de casa.

En casa, el mal uso de braseros y de estufas de gas o leña conlleva riesgo de incendio y de intoxicación por monóxido de carbono.

Revise periódicamente las estufas de gas y siga las recomendaciones de seguridad si usa un brasero. Si la casa dispone de chimenea, asegúrese de que el tiro está abierto y limpio.

Para las personas mayores, sobre todo si viven solas o sufren alguna patología que las limite, el sistema de calefacción que conlleva menos riesgos es el radiador eléctrico.

 

En Residència Sol i Natura cuidamos de los mayores y tenemos todo preparado para que pasen un invierno cómodo y feliz.

 

Síntomas, factores de riesgo y prevención de la osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad que disminuye la cantidad de minerales en la masa ósea, debilitando los huesos, volviéndolos frágiles y propensos a fracturas.

Cabe destacar, que este padecimiento afecta en mayor proporción a mujeres que a hombres, debido a la disminución de los niveles de estrógeno al llegar la menopausia, pues esta hormona es importante para la mantención del tejido óseo.

La Osteoporosis en la tercera edad es una de las enfermedades más comunes y que más afectan a la movilidad de las personas mayores.

A medida que la población de países como España envejece a un ritmo acelerado la incidencia de la osteoporosis también crece, convirtiéndose en un problema importante de salud pública.

El calcio es el elemento principal para la reparación y fortaleza de los huesos, razón por la cual junto a la vitamina D y el ejercicio físico son los tres pilares para prevenir esta enfermedad.

 

Síntomas de la osteoporosis

Los síntomas de la osteoporosis como el dolor en los huesos o las fracturas, generalmente surgen a partir de los 45 años de edad, siendo más común en las mujeres después de la menopausia y en hombres después de los 65 años de edad.

La osteoporosis es una enfermedad que se caracteriza por la disminución de la resistencia de los huesos, aumentando el riesgo de fracturas, principalmente en las vértebras del hueso del muslo y de la muñeca, sin embargo, puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo.

De esta forma, algunos síntomas y señales de osteoporosis son:

  • Dolor en los huesos y en las articulaciones;
  • Fragilidad ósea que aumenta el riesgo de fracturas;
  • Fracturas frecuentes, principalmente en las vértebras de la columna y del fémur;
  • Diminución de la altura 2 a 3 cms;
  • Dolor de espalda, causado por una vértebra fracturada o colapsada;
  • Postura encorvada con hombros caídos.

 

Factores de riesgo

  • Mala alimentación.
  • Tener los huesos delgados.
  • Tendencias hereditarias.
  • Escaso ejercicio físico.
  • Consumo excesivo de tabaco y alcohol.
  • Dieta baja en calcio.
  • Escasa ingesta de agua y minerales tales como: Calcio, Hierro, Fósforo y Magnesio.
  • Menopausia en el caso de las mujeres, ya que provoca la disminución de estrógenos.
  • El bajo peso corporal.
  • Enfermedades como la anorexia y la bulimia.
  • El tratamiento con determinados medicamentos.
  • La permanencia prolongada en la cama.

 

Prevención de la osteoporosis

Existen una serie de recomendaciones que pueden evitar o retrasar la aparición de la osteoporosis y disminuir el riesgo de que se produzcan fracturas.

– Practicar ejercicio de forma regular. El ejercicio, ya sea caminar, nadar, bailar, etc, fortalece los huesos y permite mantener la masa muscular, mejorando la fuerza y elasticidad de los músculos.

– Mantener una dieta rica en calcio y vitamina D. Diversos estudios han determinado que en España el 60% de las personas mayores tienen un déficit de vitamina D, una vitamina que resulta esencial para que el calcio y otros minerales puedan fijarse en el hueso.

– Prevenir las fracturas. Un entorno seguro en el hogar y la máxima precaución en la calle, así como una correcta educación postural, son imprescindibles para evitar las temibles fracturas.

– Realizar una densitometría de forma periódica. Es recomendable realizarla con una frecuencia de dos años, sobretodo en mujeres con factores de riesgo (mayores de 50 años, tras la menopausia o con antecedentes familiares) y en pacientes que toman corticoides de forma crónica.

– Usar protectores de cadera. Existen protectores de nylon reforzado, con forma de caparazón, que se adaptan al cuerpo mediante un soporte elástico. Gracias a estos protectores, en caso de caída se disminuye el riesgo de fracturas ya que se dispersan las fuerzas que se producen sobre la zona de la pelvis.

 

 

Prevención de la gripe en ancianos

Contraer la gripe es una experiencia desagradable, sin importar tu edad o tu salud genera y por ello, cada año las vacunas contra la gripe son una iniciativa importante del Ministerio de Sanidad.

Debido a los riesgos para las personas mayores la prevención de la gripe en ancianos es especialmente importante.

Cada año miles de personas de la tercera edad son hospitalizadas debido a la gripe y, por desgracia, algunos fallecen.

Los ancianos con edades a partir de los setenta u ochenta años están en mayor riesgo de gripe que las personas mayores de sesenta años, debido a la disminución de la inmunidad a las enfermedades a medida que envejecen.

Contagio de la gripe en ancianos

La gripe común (o estacional) es una de las enfermedades más contagiosas. Se contagia con “gotas respiratorias”, tos y estornudos. Alguien puede tocar algo con el virus de la gripe en él, como mandos de las puertas, teléfonos o manijas del carrito de la compra y luego tocar su boca o la nariz involuntariamente.

Y no es suficiente simplemente mantenerse alejado de otras personas que se sientan enfermas. La gente puede ser contagiada un día antes de que desarrollen cualquier síntoma y hasta cinco días después de enfermarse. Eso es parte del problema, la gente no se da cuenta de que tiene el virus antes de que realmente se sientan enfermos.

Los síntomas de la gripe incluyen fiebre, escalofríos, nariz congestionada, dolor de cabeza, dolor de garganta, tos, fatiga extrema y dolores musculares. Náuseas, vómitos y diarrea a veces están presentes, pero raramente son prominentes.

La gripe en la tercera edad

Si bien los adultos sanos pueden estar de baja por la gripe durante una semana completa, los ancianos corren el riesgo de enfermarse mucho más. Ellos son más vulnerables, una vez que tienen la gripe, suelen desarrollar complicaciones.

Debido a que la gripe en ancianos es realmente una enfermedad muy grave, porque no tienen lo que llamamos “reserva fisiológica” como las personas más jóvenes. Por lo tanto, las personas mayores se sentirán mucho más enfermos ante un caso de la gripe y corren un mayor riesgo de derivar en complicaciones.

Una de las complicaciones más graves es la neumonía viral primaria o la neumonía bacteriana secundaria. La mayoría de las hospitalizaciones y muertes por gripe en ancianos son una consecuencia de la neumonía y otros trastornos respiratorios.

Además, si una persona mayor tiene alguna condición crónica de salud, como insuficiencia cardíaca congestiva, enfermedad pulmonar crónica, incluso diabetes o insuficiencia renal, podrían ser exacerbados por la gripe. Y otra complicación común de la gripe es la deshidratación, por lo que beber una gran cantidad de líquidos es especialmente vital para los ancianos.

Tratamiento de la gripe en la tercera edad

La temporada de gripe normalmente se extiende desde octubre hasta finales de febrero, aunque algunos años se ejecuta en marzo y abril también. Se estima que entre el 10 y el 20 por ciento de la población contrae gripe cada año.

Una vez que alguien contrae la gripe, la única “cura” verdadera es descansar y beber muchos líquidos, aunque un médico puede prescribir algunos medicamentos antivirales que pueden evitar que el virus se propague dentro del cuerpo y acortar la duración de los síntomas.

Estos deben tomarse dentro de las 48 horas de la aparición de los síntomas de la gripe y tampoco son un sustituto de la vacuna contra la gripe.

Prevención de la gripe en ancianos

Mantenerse lejos del trabajo o de lugares llenos de gente mientras se está enfermo es importante para prevenir la propagación de la gripe a otros. Pero eso no es una opción para las personas de la tercera edad que viven en residencias de ancianos o centros de día, lo que hace que la prevención de la gripe sea mucho más difícil en estos centros para mayores.

Cuando se congregan grandes cantidades de personas en lugares cerrados, la transmisión es mucho más fácil.

Sin embargo, las residencias para mayores generalmente requieren que todos los empleados sean vacunados, lo cual es la forma más efectiva de prevenir la gripe. Y, es importante vacunarse contra la gripe cada año, porque el virus cambia ligeramente de año en año. Conseguir una vacuna contra la gripe un año y no el siguiente, no protegerá a alguien de la cepa de ese año.

Se deben hacer todos los esfuerzos razonables para vacunarse temprano en la temporada de gripe, pero no excesivamente temprano porque ocasionalmente la inmunidad desaparecerá antes de que termine la temporada de gripe, especialmente si la temporada dura hasta marzo o abril.

¿Qué pasa si un anciano está saludable y no siente que está “en riesgo”? Debe vacunarse igualmente. No hay ninguna razón para que un anciano saludable deje de vacunarse.

Un estudio de la Universidad de Michigan encontró que el aumento de las vacunas contra la gripe de los ancianos podrían salvar hasta 6.500 vidas en diez años. De hecho, las investigaciones de la Universidad Johns Hopkins demuestran que las inyecciones anuales de la gripe reducen la mitad de las muertes entre los pacientes del hospital.

Mientras que la vacunación es la prevención de la gripe más importante, solo tiene de un 70 a 90 por ciento de eficacia, por lo que algunas personas que reciben la vacuna seguirán contrayendo la gripe. Por lo tanto, para las poblaciones en riesgo, es especialmente importante que todos a su alrededor también se vacunen.

Eso incluye a todos los involucrados en el cuidado de los ancianos. Y al igual que las residencias de ancianos, los hospitales requieren que todos los empleados sean vacunados.

Aunque no es posible contraer la gripe de la vacuna inyectable estándar de la gripe, que se hace con un virus muerto, algunas personas experimentarán un brazo dolorido de uno a dos días y ocasionalmente fiebre.

Algunas personas creen que ciertos alimentos o vitaminas pueden evitar la enfermedad, si bien pueden hacerte más saludable en general, no son eficaces para la prevención de la gripe.

Durante la temporada de gripe, practicar una buena higiene puede ayudar a las personas a evitar la captura o propagación de la gripe. Lávate las manos con frecuencia, especialmente después de tocar las manillas de las puertas y los pasamanos de las escaleras de lugares públicos. Cúbrete la nariz y la boca al toser o estornudar siempre, e inmediatamente después lávate las manos. Y, por supuesto, manténte alejado de las personas que están enfermas.

Las personas que cuidan a los ancianos necesitan especialmente seguir este tipo de prevención de la gripe, es sentido común.

 

Síntomas del Alzheimer en la tercera edad

Algunos episodios esporádicos de pérdida de memoria son normal a medida que envejecemos, pero los síntomas de la enfermedad de Alzheimer son más que simples lapsos en la memoria.

Las personas con Alzheimer experimentan dificultades para comunicarse, aprender, pensar y razonar. Problemas lo suficientemente graves como para tener un impacto en el trabajo, las actividades sociales y la vida familiar de un individuo.

Asociaciones especializadas en Alzheimer han desarrollado una lista de síntomas comunes que te ayudarán a reconocer la diferencia entre los cambios normales en la memoria relacionados con la edad y los posibles síntomas que advierten del Alzheimer.

No hay una línea clara entre los cambios normales y las señales de advertencia de la enfermedad de Alzheimer. Siempre es recomendable consultar con un médico si el nivel de función de una persona parece estar cambiando.

Las asociaciones de Alzheimer creen que es fundamental que las personas diagnosticadas con demencia y sus familias reciban información, atención y apoyo lo antes posible.

A continuación detallamos los principales síntomas que advierten del Alzheimer en personas mayores.

Los síntomas

Pérdida de memoria. Olvidar informaciones nuevas es uno de los signos tempranos más comunes de la demencia. La pérdida de memoria general y el olvido de eventos importantes y pedir la misma información una y otra vez son también síntomas comunes de la enfermedad de Alzheimer en etapas tempranas.

Es común y, por tanto, no deben relacionarse con Alzheimer que los mayores olviden nombres o citas de vez en cuando y que los recuerden más tarde.

Dificultad para realizar tareas en el hogar. A las personas con demencia a menudo les resulta difícil planificar o completar las tareas diarias. Las personas mayores con Alzheimer pueden perder el control en la preparación de una comida, al hacer una llamada telefónica o jugando a un juego.

No indica síntomas de Alzheimer que un ancianos ocasionalmente olvide por qué entró en una habitación o lo que planeaba decir.

Nuevos problemas con la escritura o en la expresión oral. Las personas de la tercera edad con la enfermedad de Alzheimer a menudo olvidan palabras sencillas o sustituyen palabras inusuales, haciendo que su discurso o su escritura difícil de entender.

Pueden ser incapaces de nombrar “cepillo de dientes”, por ejemplo, y en su lugar pedir “esa cosa para mi boca”. No son señales de alerta del Alzheimer que una persona mayore a veces tenga problemas para encontrar la palabra correcta al hablar.

Confusiones con el tiempo y los lugares. Las personas que sufren la enfermedad de Alzheimer pueden perderse en su propio barrio, olvidarse de dónde están y cómo llegaron allí y, por tanto, no saben cómo regresar a casa. No debe preocupar que un ancianos ocasionalmente se olvide del día de la semana o hacia dónde iba, esos dos olvidos no serían preocupantes como signos de Alzheimer.

Disminución del juicio. Aquellos mayores con Alzheimer pueden vestir de manera inapropiada, usando varias capas en un día caluroso o poca ropa en climas fríos. Pueden mostrar un mal juicio, como derrochando grandes sumas de dinero con televentas o en juegos de apuestas. Sin embargo, no son síntomas de Alzheimer que un anciano tome una decisión cuestionable o discutible de vez en cuando.

Problemas con el pensamiento abstracto. Alguien con la enfermedad de Alzheimer puede tener dificultades inusuales para realizar tareas mentales complejas, como olvidarse de cuáles son los números y cómo deben usarse. No debe preocupar que un anciano tenga dificultades a la hora de contar el dinero ya que es común al envejecer y no son muestras de Alzheimer.

Cambiar las cosas de sitio y perder la capacidad de volver a encontrarlas. Una persona de la tercera edad con Alzheimer puede poner las cosas en lugares inusuales: una plancha en el congelador o un reloj de pulsera en el bote del azúcar. No debes preocuparte si tu querido anciano pierde las llaves o una cartera, si es capaz de recordar dónde es posible que lo perdiera y puede encontrarlo más tarde.

Cambios en el estado de ánimo o el comportamiento. Los cambios de humor también forman parte de los 10 síntomas que advierten del Alzheimer. Aquellos mayores con Alzheimer suelen mostrar cambios de humor rápidos sin razón aparente: de la calma pasan a las lágrimas, o a la ira o la agresión.

Pueden llegar a estar extremadamente confusos, ansiosos, miedosos o dependientes de un miembro de la familia. Al contrario, un anciano que ocasionalmente se sienta triste o malhumorado es normal, no tiene porqué vincularse con los 10 síntomas que advierten del Alzheimer.

Problemas para entender las imágenes visuales y las relaciones espaciales. Para algunas personas, un cambio en el procesamiento visual puede ser un signo de la enfermedad de Alzheimer temprana. Pueden tener dificultades para leer, complicaciones para valorar la distancia y determinar el color o el contraste, lo que puede causar problemas graves a la hora de conducir un vehículo.

Es importante no preocuparse, achacándolo al Alzheimer, con los cambios en la visión relacionados con las cataratas que es algo típico en las personas cuando entran en la tercera edad.

Dejar de acudir actividades sociales. Una persona con enfermedad de Alzheimer en etapa temprana puede evitar ser social debido a los cambios que está experimentando. Los ancianos con Alzheimer suelen alejarse de los deportes, de los eventos sociales y dejar de practicar aficiones que llevaba realizando toda su vida. Pueden volverse pasivos, sentarse frente al televisor durante horas, dormir más de lo habitual o no querer realizar actividades de la vida cotidiana. Tampoco debemos preocuparnos si el anciano a veces se siente cansado del trabajo o de las obligaciones sociales, esto no constituyen una advertencia del Alzheimer.

 

El cerebro y la música en la tercera edad

La forma en que el cerebro y el cuerpo procesan la música sigue siendo misteriosa. Al menos sabemos que la música se procesa en muchos niveles a la vez.

La música que tiene un significado personal para alguien o está relacionada con eventos históricos es un fuerte estímulo para atraer respuestas en las personas, incluso en las últimas etapas de la demencia. Aunque no sean capaces de decirte cuál es la canción, pueden moverse y sentir el ritmo.

Muchos investigadores han encontrado una fuerte conexión entre la corteza auditiva del cerebro humano y su sistema límbico, donde se procesan las emociones.

Este vínculo biológico hace posible que el sonido sea procesado casi de inmediato por las áreas del cerebro que están asociadas con la memoria a largo plazo y las emociones.

Gracias a la musicoterapia muchas personas con daño neurológico han aprendido a moverse mejor, recordar más e incluso recuperar el habla escuchando y tocando música.

En numerosos estudios clínicos de personas mayores con Alzheimer y otras formas de demencia, la música familiar y agradable, no la medicación, ha reducido la depresión; la disminución de la agitación aumentó la sociabilidad, el movimiento y la capacidad cognitiva, disminuyendo los comportamientos problemáticos.

En un pequeño estudio de 1986, solo la música provocó una respuesta física de aquellos pacientes con Alzheimer en etapa final medidos en ritmo cardíaco, respiración, parpadeo y movimiento de la boca.

Un estudio posterior que utilizó música en cuidados paliativos encontró que la música, procesada por muchas partes del cerebro, aumenta las posibilidades de activar vías neurológicas que el lenguaje por sí solo no puede.

Hay ciertas áreas del cerebro que están relativamente intactas incluso cuando una enfermedad progresiva como el Alzheimer se aplica. En particular, el sistema límbico. Y específicamente, el hipocampo, que conserva la memoria a largo plazo y ha conservado el impacto emocional.

La música desencadena estos recuerdos a largo plazo. Así que personas que no han hablado en años comienzan a cantar canciones que sabían en sus primeros años de adolescencia y en los años de juventud.

Cuando hacemos música activamente, en lugar de escucharla pasivamente, activamos otra parte del cerebro que controla el equilibrio y el movimiento, el cerebelo, además de las áreas cognitiva y límbica. Los musicoterapeutas pueden comenzar con la escucha pasiva, pero pronto involucran a la persona para que haya más partes del cuerpo activadas.

La música no solo puede ser un vínculo agradable con el pasado, sino también una conexión nutritiva con el presente.

Los familiares que día a día ven las pérdidas y la degeneración de primera mano necesitan algún tipo de esperanza, necesitan ver que hay formas de acceder al ser humano que aman. Para un cuidador o un miembro de la familia bailar o cantar con esa persona les da mucha más sensación de que hay [alguien] dentro del caparazón que la enfermedad ha causado.

Tipos de terapia musical

Existen dos tipos de musicoterapia: activa y pasiva. La música familiar y, lo más importante, agradable, provoca las mejores respuestas.

Los musicoterapeutas trabajan directamente con familiares, cuidadores y pacientes para encontrar la mejor música para el objetivo deseado de la terapia de demencia, como ‘mejorar la memoria’, ‘reducir la agitación’ o ‘mejorar las habilidades cognitivas’.

La música se puede usar de manera nemotécnica para resintonizar el cerebro y recordar ciertas tareas durante las primeras etapas del Alzheimer y la demencia. Pero en etapas posteriores, la música es más útil para mantener las habilidades motoras.

En todos los casos, se sabe que la música reduce la ansiedad y el estrés a la vez que aumenta la atención, la motivación y el enfoque.

A diferencia de la terapia de música pasiva, o simplemente de escuchar música en vivo o grabada, la musicoterapia activa utiliza instrumentos reales, como tambores, arpas, clavicémbalos o la voz, para involucrar a un paciente en el juego.

Un cuidador en una ocasión ayudó a un hombre con Alzheimer y su esposa a bailar por primera vez en años después de que ella tocara música de su juventud. El sonido y la vibración de la canción motivaron al hombre a mover sus piernas siguiendo el ritmo musical, mientras que antes de que comenzara la música, solo miraba al vacío.

 

La depresión en la tercera edad

La depresión es un trastorno de primer orden en cuanto a frecuencia y trascendencia dentro de las enfermedades que aquejan preferentemente a los ancianos.

La existencia de tratamientos eficaces que pueden mejorar la calidad de vida de quienes padecen este trastorno, obliga a prestar especial atención a este problema.

 

¿Qué es la depresión?

El concepto de depresión no es extraño por su difusión fuera de la practica médica. Sin embargo es necesario puntualizar que los síntomas depresivos pueden formar una variada constelación de manifestaciones que incluyen síntomas psíquicos y corporales.

Entre los primeros se encuentran síntomas afectivos consistentes en una alteración del humor entendido como alteración del estado de ánimo. Es el ánimo depresivo o tristeza vital.

Otros síntomas de esta esfera afectan a la pérdida de interés por las cosas así como a la capacidad para disfrutar. Constituyen el núcleo central de la depresión y se acompañan de una disminución de la vitalidad con alteración de la actividad laboral y social del individuo.

En esta esfera pueden existir otros síntomas como ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, ideas de suicidio…

Sin embargo en la depresión existen síntomas corporales o somáticos siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía.

Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano.

 

¿Qué predispone al anciano a estar deprimido?

En la vejez concurren una serie de factores de diversa índole que pueden favorecer la aparición de este trastorno. Entre ellos se encuentran:

Pérdida de salud que acontece con la edad. En muchas ocasiones ésta pérdida de salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía.

Presencia de enfermedades crónicas, pérdidas de familiares, amigos y seres queridos en ocasiones acompañadas de reacciones de duelo patológicas.

Merma de la capacidad económica.

Pérdida de roles en el seno de la familia con la salida de los hijos y un papel menor del abuelo dentro de la misma.

Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en la actividad y relaciones sociales.

Factores biológicos presentes, aunque no suficientes para la depresión. Entre ellos se han implicado cambios en la estructura cerebral, neurotransmisión, sistemas hormonales. Se ha postulado que pudieran ser un factor de vulnerabilidad.

A pesar de ello el envejecimiento no es sinónimo de depresión. No se deben confundir el envejecimiento normal con la presencia de una enfermedad por más que en ocasiones estén presentes una mayor introversión, reiteración y presencia del pasado en algunos ancianos.

Es decir, ni todos los ancianos están deprimidos ni los síntomas de una depresión cuando aparecen en una anciano, son “normales” para su edad.

 

¿Por qué es importante la depresión en esta edad?

En primer lugar por su frecuencia que es muy alta. Se calcula que hasta un 30% de los mayores de 65 años padece alguna de las diversas formas de depresión.

Esta aseveración tiene sin embargo muchas matizaciones, todas ellas tomadas con precaución derivada de los problemas metodológicos de los estudios.

Se sabe que la depresión severa o depresión mayor es menos frecuente en el anciano que en el adulto joven. Afectaría al 1-2% de los mayores de 65 años y supondría un cuarto de todas las depresiones mayores.

Existen argumentos por parte de algunos autores en contra de la anterior afirmación, dando una posible explicación a esta diferencia en un menor diagnóstico de la depresión del mayor.

Esto se debería a varios factores como la presencia de deterioro cognitivo o una expresión de los síntomas de forma diferente en el anciano, con una menor expresión de tristeza y más presencia de síntomas somáticos o corporales.

Esto supondría que los estrictos listados de criterios con los que se hacen los diagnósticos estén poco adaptados a la forma de la depresión en el anciano.

En cambio la frecuencia es muy alta si se estudian depresiones menores y presencia de síntomas o estados depresivos que no cumplen suficientemente criterios para considerarlos depresión. La presencia de estas depresiones menores o depresiones subclínicas se calcula en un 15%-20% de las personas mayores.

Estas cifras que hemos dado son válidas para ancianos que viven en la comunidad. Si se analiza la frecuencia del trastorno depresivo en ancianos hospitalizados o institucionalizados en residencias, los porcentajes son aún mayores.

Se calcula que la presencia de depresión mayor en ancianos hospitalizados con enfermedad aguda llega al 10%.

En estos mismos los trastornos depresivos menores alcanzarían el 30%. En residencias los porcentajes se disparan hasta 15% y 30-35% respectivamente.

En segundo lugar por su trascendencia. La presencia de este trastorno pasa factura en el adulto mayor no sólo como fuente de sufrimiento individual afectando a su calidad de vida.

Se sabe que la depresión complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como el ictus; induce un mayor riesgo de suicidio y se traduce en una mayor mortalidad por cualquier causa en quien lo padece.

Son observaciones constatadas tanto a nivel comunitario como en instituciones geriátricas.

Esta mayor mortalidad se ha atribuido a varios factores:

  • Menor soporte social del anciano deprimido.
  • Peor estado nutricional por pérdida del apetito.
  • Posibles efectos de la depresión sobre el sistema inmunitario
  • Pérdida de motivación para el autocuidado

 

¿Qué peculiaridades tiene la depresión en el anciano?

La depresión senil tiene una serie de rasgos diferenciadores. Algunos de ellos ya los hemos introducido previamente:
Menor presencia de síntomas psíquicos como la tristeza y mayor presencia de síntomas corporales.

La tristeza y el bajo estado de ánimo pueden manifestarse en el anciano como apatía y retracción y pueden ser predominantes quejas somáticas diversas que obligan a realizar pruebas en busca de otras enfermedades que por otra parte son muy frecuentes en estas edades. A veces estos síntomas corporales constituyen verdaderos cuadros hipocondríacos con temores y preocupaciones excesivas.

Algunos síntomas propios de la depresión pueden ser muy llamativos en el anciano como la pérdida de peso por falta de apetito, el insomnio o la aparición de ideas delirantes y en los cuadros graves verdaderos cuadros psicóticos.

Los ancianos con mucha frecuencia padecen enfermedades en las que la depresión puede ser un síntoma más de dicha enfermedad. En este caso la depresión en sí no es la enfermedad principal sino un síntoma acompañante. Son las llamadas depresiones somatógenas que complican procesos como la enfermedad de Parkinson, el ictus o Accidente Cerebrovascular, enfermedades del Tiroides como el Hipertiroidismo o el Hipotiroidismo, trastornos del metabolismo o algunos tipos de cáncer.

Por el mismo motivo los ancianos consumen en ocasiones fármacos para tratar sus enfermedades pero que pueden inducir la aparición de depresión días o semanas después de su uso. Entre estos están medicamentos como corticoides, antiparkinsonianos, algunos antihipertensivos, etc.

En la depresión grave del anciano es más frecuente el suicidio que en los jóvenes.

En ocasiones la depresión se presenta como deterioro cognitivo, es decir como un menor rendimiento intelectual con quejas de pérdida de memoria que obliga a los clínicos a diferenciar estas depresiones de una verdadera demencia.

Diferenciar depresión de demencia: Un reto en ocasiones difícil.Trataremos de describir un problema médico muy frecuente con el que se encuentra el Geriatra en su práctica clínica. Como hemos comentado la depresión en el mayor, en ocasiones, se presenta y se manifiesta como un declinar cognitivo con quejas de pérdida de memoria y aprendizaje, confundiéndose con una Demencia.

Por otra parte la Enfermedad de Alzheimer, que es la demencia más frecuente, puede acompañarse en fases iniciales e intermedias de síntomas depresivos (30%) e incluso completar una depresión que merme aún mas su rendimiento cognitivo.

El problema para entender estas dos situaciones se complica aún más si tenemos en cuenta que cuando se han seguido en el tiempo a los pacientes que han desarrollado una depresión en la vejez manifestada con peor rendimiento cognitivo han desarrollado con mas frecuencia una Demencia.

A la depresión que por sus quejas de memoria se confundía con una Demencia sin que esta existiese, se la llamó clásicamente pseudodemencia por ser una falsa demencia. Afortunadamente disponemos de algunos aspectos diferenciales entre los dos trastornos a la hora de preguntar al paciente y a la familia para diferenciarlos.

  

¿Cómo se diagnostica la depresión?

El diagnóstico de la depresión es un diagnostico clínico, es decir se basa en el interrogatorio y en la historia clínica detectándose los síntomas psíquicos y somáticos antes referidos.

Para ello y especialmente en el anciano es necesario un alto índice de sospecha para reconocerla por algunos rasgos especiales que se han comentado y por la tendencia a confundirla como algo propio del envejecimiento.

Existen algunos instrumentos en forma de cuestionarios o escalas que sirven como instrumentos de detección y seguimiento, útiles en el anciano pero que por sí solos no proporcionan el diagnóstico. Son una ayuda y no deben sustituir el interrogatorio clínico.

 

¿Cómo se trata la depresión?

Para tratar la depresión se utilizan dos herramientas fundamentales: la psicoterapia y los fármacos antidepresivos. En casos especiales, seleccionados por su gravedad o sintomatología, aún tiene un papel en la depresión senil la terapia electroconvulsiva.

La psicoterapia en muy diversas formas: terapias cognitivas, interpersonales, psicodinámicas…, tiene un papel importante en la depresión en el anciano en casos de intensidad leve o moderada dentro de un abordaje integral del problema.

Dentro de la psicoterapia se suele animar a los ancianos a realizar actividades con otras personas del mismo grupo de edad con los que puedan intercambiar opiniones y que puedan llegar a tener sentimientos similares.

Este tipo de actividades son de lo más variadas y se adaptan a los gustos de cada persona, pudiendo ir desde viajes con el Imserso, partidas de cartas o partidas de dominó para 2 jugadores. Todo vale con tal de que el anciano se relacione y comparta sus preocupaciones.

Los fármacos antidepresivos con un importante desarrollo en los últimos años, son conocidos desde hace décadas por su alta eficacia en el tratamiento de la depresión. El anciano presenta algunas peculiaridades cuando usamos estos fármacos.

Por una parte son extremadamente sensibles a algunos efectos secundarios presentes en varios de estos fármacos: efectos con empeoramiento cognitivo, efectos cardiovasculares, sedación etc…

Por otra parte pueden presentar varias enfermedades acompañando a la depresión, que sean sensibles a estos efectos adversos: cardiopatía, demencia. Además pueden estar tomando otros fármacos que interaccionen de forma adversa con el antidepresivo.

Por todas estas razones la elección del antidepresivo debe ser ajustada a las características del paciente por parte del Médico de Atención Primaria, Psiquiatra o Geriatra; que son los profesionales más frecuentemente implicados en estas situaciones.

 

La importancia del ejercicio en mayores con diabetes

Nadie pone en duda de que el ejercicio es bueno para todos. Numerosos estudios realizados en todo el mundo demuestran que las personas de todas las edades obtienen grandes beneficios del ejercicio y la actividad física.

¿Sabías, por ejemplo, que hay una pérdida de masa muscular del 15% cada 10 años después de los 50 años y del 30% cada 10 años después de los 70 años? A través de realizar regularmente ejercicios de fuerza, el tejido muscular y la fuerza se pueden restaurar.

Es más, el ejercicio también hace más fácil para los adultos mayores el mantener la fuerza, el equilibrio, la flexibilidad y resistencia, todo esto es importante para que se mantengan saludables e independientes.

En el caso de los adultos mayores que padecen diabetes, llevar a cabo actividades que comporten ejercicio físico es todavía más importante.

El ejercicio aumenta la sensibilidad a la insulina y puede acrecentar la respuesta de los medicamentos.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Hay programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

 

Tipos de ejercicio

Existen diferentes ejercicios para cada parte del cuerpo y el primer paso para determinar una rutina de ejercicio es consultar al médico.

Una vez que el médico da el visto bueno, el programa de ejercicio de la persona debe incluir ejercicios de equilibrio ya que existe evidencia de que esto puede ayudar a reducir el riesgo de caídas.

Ejercicios de equilibrio

Ejercicios de equilibrio como elevar la pierna hacia un lado y flexiones de rodilla pueden reducir el riesgo de caídas. Existe una gran variedad de ejercicios de equilibrio que se pueden realizar, como algunos que fortalecen las piernas y otros como pararse en un solo pie que mejoran el equilibrio. 

Ejercicios de flexibilidad

Ejercicios de flexibilidad o estiramientos, hacen que los músculos y los tejidos mantengan la estructura del cuerpo en su lugar. Con el tiempo, un entrenamiento de flexibilidad regular pueden ayudar a mantener el cuerpo más ágil, acelerar la cicatrización de heridas y prevenir futuras caídas y heridas.

Ejercicios de fuerza o resistencia

Ejercicios de fuerza o resistencia, utilizando peso ligero, como las bandas elásticas no solo ayudan a fortalecer los músculos de piernas y brazos, sino que también aumentan el equilibrio. Sin embargo, este tipo de ejercicios no son indicados para pacientes con diabetes que presentan retinopatía (enfermedad de los ojos).

Ejercicios de resistencia, como caminar, trotar, nadar, mejoran la salud del corazón, pulmones y el sistema circulatorio. Ayudan a prevenir cáncer de colon, enfermedades del corazón, osteoporosis, infartos y otros padecimientos.

El éxito de un programa de ejercicio es aquel que se lleva a cabo regularmente, como una rutina.

 

El papel de los cuidadores

En el caso de personas con diabetes que residan en una residencia geriátrica, es vital que en esta se lleven a cabo, de forma regular y organizada, actividades y programas específicos de ejercicios.

En el centro se debe supervisar la actividad de cada residente y adaptarla a sus necesidades. Es común que algunos mayores, ya sea por falta de hábito, por falta de motivación o también debido a padecer alguna otra enfermedad que les limita física o psíquicamente, tiendan al sedentarismo.

Aquí juega un papel importante el nivel de compromiso de los profesionales de una residencia de ancianos. Es vital que se supervise regularmente los hábitos del residente y procurar que participe dentro de sus posibilidades en actividades programadas de forma regular.

En Residència Sol i Natura entendemos la importancia de este asunto y nos lo tomamos muy en serio.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Están programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

Dependiendo de las condiciones del residente, algunos ejercicios se deben descartar. Pacientes con diabetes con complicaciones en los ojos (retinopatía) deben de eliminar o limitar los ejercicios de resistencia (pesas, máquinas con bandas elásticas) ya que este tipo de ejercicios pueden elevar la presión arterial y causar ceguera.

 

Parkinson: síntomas y cómo tratar al enfermo

La enfermedad de Parkinson la padece el 1% de las personas mayores de 60 años.

Es una enfermedad degenerativa consistente en la muerte de las neuronas dopaminérgicas, productoras de la dopamina, necesaria para una adecuada coordinación de los movimientos.

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La causa de la enfermedad continúa siendo desconocida, aunque se cree que existe cierto patrón hereditario familiar.

 

Síntomas de la enfermedad de Parkinson

El Parkinson se caracteriza por: la rigidez progresiva, la lentitud primero y luego la falta de movimientos (de brazos, en la escritura, desaparece el parpadeo, etc.), la postura encorvada y el temblor.

El temblor es el signo más conocido de la enfermedad de Parkinson. Pero no todas las personas mayores que tiemblan tienen enfermedad de Parkinson; un temblor muy frecuente es el temblor senil, que es hereditario y que no se mantiene estable, a no ser que se acompañe del resto de los síntomas del Parkinson.

En los enfermos con Parkinson se ralentizan todos los movimientos y la expresión verbal, lo que conduce a pensar que también sus capacidades mentales están alteradas y que sufren demencia. Pero no es así.

El paciente conserva su lucidez, pero es prisionero de su cuerpo, de un implacable engranaje que alterna los momentos de lentitud y rigidez con otros normales.

Se trata de un ritmo irregular, despiadado para el enfermo y difícilmente soportable para su entorno, al que le cuesta a veces comprenderlo.

El enfermo con Parkinson pasa por momentos en los que se encuentra normal con otros en los que presenta mucho temblor o mucha lentitud, como si llevara toda una armadura encima que le impide moverse y expresarse con normalidad.

El rostro puede ser amímico, sin expresión, lo que no significa que el paciente no entienda, sienta y comprenda todo lo que ocurre a su alrededor.

Es importante acudir cuanto antes al médico especialista y seguir de manera rigurosa el tratamiento médico prescrito, pues en esta enfermedad es muy eficaz, y comentar al médico todas las incidencias que aparezcan con su administración: cuándo parece que deja de hacer efecto, si se presentan otros síntomas o movimientos raros, etc., pues actualmente existen diferentes fármacos que son efectivos en este trastorno.

 

Recomendaciones para enfermos con Parkinson

Algunas recomendaciones útiles para los familiares de personas mayores con Parkinson son las siguientes:

Realizar ejercicio, ya que en combinación con la medicación mejora la calidad de vida gracias a la disminución de la tensión y la rigidez del enfermo. Hay que animarle por todos los medios a que camine cada día.

Valorar positivamente las fuerzas y capacidades del enfermo.

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– No insistir en aquello que no puede hacer.

Implicarle en la toma de cualquier decisión que le concierna.

Evitar a toda costa estresarle más dando muestras de impaciencia.

Distribuir las tareas y actividades del día en etapas cortas y sucesivas a fin de facilitar su realización.

No hay que olvidar que una persona con Parkinson no puede hacer dos cosas a la vez y que necesita ejecutar cada movimiento de forma consciente.

Favorecer el descanso. Las tareas cotidianas exigen más tiempo y energía a un enfermo con Parkinson que a cualquier otra persona. Por eso es esencial que descanse y recupere la fuerza necesaria para llevarlas a cabo. Por su parte, la familia debe ser respetuosa cuando el enfermo se muestre cansado, algo que sucede con rapidez.

– Reservar los momentos en que el medicamento produce su máximo efecto para la realización de las actividades que requieran más movimientos, como la higiene personal o el vestirse.

– Tener en cuenta que los problemas de incontinencia son debidos a la lentitud con que la persona enferma se dirige al baño, que debe estar lo más próximo posible a la habitación donde el enfermo pasa la mayor parte del tiempo.

– Si el paciente tiene dificultades con el lenguaje, cosa frecuente, pero que no ocurre en todos los casos, hay que mirarle de frente y prestarle toda la atención, dándole tiempo para pronunciar las frases, sin interrumpirle ni hablar por él.

Hay que indicarle con un movimiento de la cabeza que se le ha entendido o, en caso de duda, repetirle lo que se cree haber entendido y preguntarle si era eso lo que quería decir.

 

Las fracturas de cadera en la tercera edad

Las fracturas de la región de la cadera son una lesión bastante frecuente entre nuestros mayores se corresponden con las que se producen en la parte superior del fémur, y junto con las de la muñeca y columna, son las más frecuentes en las personas mayores.

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¿Por qué se producen las fracturas de cadera en las personas mayores?

Se estima que en la tercera década de la vida, se llega al máximo nivel de masa ósea, y de ahí en adelante se pierde paulatinamente hasta la menopausia, en el caso de las mujeres, y sobre los 70 años en los hombres, donde la pérdida es mucho más acentuada.

De tal modo que mientras mayor sea la reserva, mas resistencia tendrá el hueso al momento de recibir golpes.

Lo anterior está vinculado de alguna forma con la osteoporosis, que es una enfermedad propia de adultos mayores, en la que se pierde el calcio de los huesos, haciéndolos más frágiles y más propensos a romperse.

Sin embargo, en las personas mayores, tan importante como la calidad del hueso son los golpes que se le den a éste. Por eso las caídas, son un factor esencial en el riesgo de padecer fracturas de cadera.

Los ancianos se caen por muchas causas, desde las alteraciones para caminar, la visión defectuosa, la falta de equilibrio, etc. hasta los accidentes producto de barreras arquitectónicas como las escaleras sin pasamanos y sin antideslizantes, los desniveles de la acera, la falta de iluminación nocturna para concurrir al servicio higiénico, etc.

Una de las principales diferencias de los ancianos respecto de los más jóvenes, es que basta una pequeña cantidad de energía para que, en el contexto de un hueso poco resistente, se produzca la fractura.

 

¿Quiénes tienen más riesgos de fracturarse?

Se estima que las mujeres tienen 3 veces más fracturas que los hombres, siendo el sexo femenino por lo tanto más propenso.También influye la raza, pues la gente de raza negra tiene mayor resistencia que la de raza blanca.

La edad, como ya se había expuesto, es un claro elemento asociado a la presentación de fracturas pues a mayor edad mayor es mayor el riesgo, y esto es para ambos sexos.

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Además existe una mayor susceptibilidad para fracturarse en mujeres que tengan antecedentes familiares de fracturas de cadera. La osteoporosis y las caídas de cualquier origen, completan el círculo en la producción de fracturas.

 

¿Cuál es el tratamiento de una fractura de cadera?

Habitualmente, y salvo justificadas excepciones, el tratamiento es quirúrgico, y lo realiza el cirujano ortopedista, también llamado traumatólogo.

Según el tipo de fractura, su localización y por cierto, el estado del enfermo y su situación funcional previa, se llevará a cabo un tipo determinado de intervención quirúrgica, a fin de dar solidez y estabilidad a esa articulación y para lograr recuperar la marcha del paciente.

De acuerdo a las mencionadas características se utilizarán diferentes tipos de técnicas para obtener el mejor rendimiento posible de esa articulación, ya sea con clavos, placas, prótesis parciales o totales de la cadera.

 

¿Cómo se puede prevenir la fractura de cadera?

Se sabe que las posibilidades de sufrir caídas aumenta con la edad, de tal manera que un 30% de la población mayor de 75 años se cae al menos una vez al año, y este porcentaje asciende al 50% en los mayores de 80.

Como la mayor parte del tiempo los ancianos lo pasan en su domicilio o en las instituciones en las que están acogidos, es en estos lugares en donde habitualmente se producen las caídas, y, dentro de ellos, en los dormitorios, salas de estar y aseos.

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En estos lugares conviene establecer sistemas o dispositivos tales como pasamanos o barandillas y asientos especiales.

Las alfombras son un peligro para las personas de edad avanzada y muchas de las caídas se producen al tropezar o resbalar sobre ellas por lo que deberían de estar bien adheridas al suelo o, mejor aún, prescindir de ellas.

Otro riesgo es la existencia de zonas oscuras, por lo que es necesario una buena iluminación en los lugares por donde se mueven los ancianos, máxime cuando con mucha frecuencia presentan disminución de la agudeza visual.

También es importante la puesta en marcha de medidas de coordinación y la programación de ejercicios controlados, así como el uso de sistemas protectores (almohadillas) para que actúen como amortiguadores en el caso de caídas.

Hay que tener precaución con la toma de medicamentos sedantes y con todos aquellos que causan hipotensión ortostática en los pacientes que tengan predisposición a las caídas. Se evitará el consumo de alcohol y tabaco, ya que ambos son favorecedores de la osteoporosis.

 

A modo de resumen, podemos concluir que nos encontramos ante un proceso de enorme trascendencia por su frecuencia, coste, gravedad y potencial incapacitante.

Por tanto es necesario mantener y mejorar nuestros esfuerzos en su prevención, reparación y recuperación, para que abordemos el problema en todos sus frentes.

 

catala

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