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Gerencial

Caminando hacia un mundo libre de contenciones.

Hasta ahora el uso de la contención en los centros ha tenido como objetivo el contener físicamente y / o farmacológicamente al residente que se agita o que tiene una conducta violenta, para reducir de esta forma el riesgo de caídas, autolesiones, el daño a otras personas, incluso, el deterioro de las instalaciones, y cualquier otro accidente con grave perjuicio para su propia integridad física o de los demás.

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No obstante, este modelo de gestión en los últimos años ha comenzado ostensiblemente a cambiar en nuestro sector. La supresión y / o el uso racional de las contenciones físicas está comportando un cambio de modelo asistencial centrado en la persona y en su dignidad, así como un trabajo de equipo interdisciplinar con todo el personal de atención directa, reto al que cada día se suman más residencias, que empiezan a trabajar para alcanzar este objetivo, y que también viene propiciado desde la labor de asesoramiento desarrollada por el Servicio de Inspección.

Ahora, en la gran mayoría de las residencias estamos valorando a la persona como individuo particular, estudiando sus necesidades, su problemática, las reservas características y factores de riesgo, con el propósito de llegar a una solución que resuelva “el problema “sin necesidad de utilizar dichas sujeciones, y sólo cuando no funcionan estas medidas alternativas, porque hayan resultado infructuosas, se recurre a alguno de los tipos de medidas de sujeciones.

Hay varios métodos que nos ayudan para llegar a ser un centro libre de contenciones.

Por otro lado, tampoco se puede pretender una seguridad total para nuestros residentes, una sobreprotección a la hora de cuidar no es buena, ya que esto invalidaría la propia existencia, y se debe promover la autonomía personal y debe asumir el riesgo que conlleva la vida misma, de lo que las familias también deben ser conscientes, colaborando todos juntos para conocer y respetar los valores y voluntades de la persona atendida. Como una vez me dijo una Inspectora de Bienestar Social, “chica, la vida es un riesgo …”

La actuación inmediata estándar, frente a todo cambio significativo de comportamiento, es hacer unavaloración integral de la persona, identificando y tratando los problemas psicosociales, funcionales y sanitarios que puedan ser responsables de la situación particular del residente.

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Se utiliza el denominado método conceptual “DSM”, que consiste en la observación durante horas de la conducta del residente, en diferentes franjas horarias, a fin de detectar los posibles problemas y las necesidades que precisa. A continuación, por parte del personal sanitario y cuidador se debe analizar toda la información y valoraciones, y después, con toda la información acumulada, se decidirá por parte del equipo interdisciplinario que se hará, adoptando un plan de medidas como estrategia que sea adecuado al estado de la persona, entre las que destacan:

  • Hacer un abordaje verbal hacia la persona.
  • Hacer un tratamiento de los problemas de salud del residente.
  • Aplicar medidas ambientales y / o conductuales, como por ejemplo:

a) Modificar el entorno físico a las necesidades y el bienestar de las personas, como crear espacios diferenciados, adaptaciones a la vida diaria y estímulos sensoriales, y para hacerlo más seguro, como por ejemplo, utilizar butacas ergonómicas con orejeras y con reposa pies, el descanso diurno del residente; en las habitaciones, camas articuladas más bajos, que eviten que el residente se haga daño si se cae al suelo, además de barandillas, como elemento de seguridad, y siempre y cuando no exista el riesgo de que el residente pueda saltar por encima de la barandilla; un pavimento que sea un suelo caliente; un jardín terapéutico, dotado de huertos urbanos, agua y texturas de colores, y barandillas en los recorridos, etc ..

b) Organizar un programa de estimulación física y actividades que llegue al máximo número de usuarios y que sea impartido por el máximo número posible de profesionales. Resulta muy importante que la persona mayor haga un tipo de ejercicio adecuado a su situación médica, como por ejemplo, dar paseos.

c) Mantener la rutina habitual de cada individuo.

d) Aumentar el trato amable y humanitario por parte del personal sanitario y cuidador con la persona, como por ejemplo, rascar la espalda, hacer masajes de manos, abrazar o coger las manos, ya que transmiten una influencia calmante y una sensación de amor y de seguridad, que hace disminuir los problemas de comportamiento.

En definitiva, los profesionales que trabajamos en las residencias intentamos reconocer y responder a las necesidades particulares de cada residente, con un apoyo psicosocial, cuidados sanitarios, actividades y ejercicio regular, en un entorno físico más seguro, suprimiendo el uso de contenciones, o reduciéndolo a los casos que las otras medidas alternativas no han dado éxito.

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Cuidamos a nuestros mayores como personas.

No podemos permanecer impasibles cuando nos levantamos y desayunamos con noticias publicadas en los medios que desprestigian como a profesionales a las personas que trabajamos en las residencias y en los centros de día de la tercera edad, incluso algunos atreviéndose a acusarnos de maltrato psicológico hacia las personas mayores.

El modelo de asistencia que desde hace ya varios años se viene desarrollando e implementando en las residencias y centros de días de la tercera edad tiene como núcleo básico de atención a la persona del residente o del usuario, a sus intereses y preferencias, con la implicación de las familias, para mejorar su calidad de vida, modelo que últimamente se ha venido a consolidar bajo la nomenclatura “Atención centrada en la persona” (ACP).

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El equipo interdisciplinar de los centros (auxiliares, técnicos y directores) se preocupan de conocer a la persona mayor, trazando su historia de vida, con el fin de comprenderle mejor, de respetar sus gustos y preferencias, para que pueda continuar siendo la misma persona que fue y, al fin y al cabo, lograr nuestro objetivo en común, que no es otro, que conseguir su bienestar, haciendo su vida más fácil y agradable.

Los equipos directivos dirigen su esfuerzo en planificar e implementar en el seno de nuestras organizaciones una formación orientada a mejorar las competencias técnicas y profesionales de los empleados que atienden a nuestros mayores, potenciando sus conocimientos y dotándoles de las herramientas necesarias para que sean capaces de introducir los cambios que en los procesos formativos les han sido planteados, y de esta forma conseguir implementar un modelo de atención centrado en la persona.

Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

Al personal se le forma para que trate con suma amabilidad a las personas residentes o usuarias de centros de días. Su formación les enseña que a un anciano no se le trata como a un niño pequeño, pues aunque tenga muchos años, un deterioro cognitivo por sus patologías médicas o vea poco, sigue siendo un hombre o una mujer, con sus derechos y su dignidad, tan íntegros como pueda tenerlos cualquiera de nosotros, y con una larga historia de vida, experiencia y conocimientos acumulados a lo largo de los años que, en muchas ocasiones nos podría sorprender.

Frente a un anciano que se expresa mal y cuesta de entender, no le alzamos la voz, a no ser que de verdad no te oiga, mantenemos la calma, y con un discurso claro y sencillo nos hacemos entender. Muchas veces, ni siquiera el discurso es necesario, basta plantarte delante de la persona, que te vea la cara y tu expresión, y descubres su mirada de complicidad que te confirma que te ha entendido.

Nuestra ética tampoco nos permite hablar en presencia de la persona mayor, como si esta no estuviera….

Le pedimos opinión a la psicóloga de la Residencia Sol i Natura, la Sra. Meritxell Rosa, titulada en un máster de gerontología, una más de esas miles de profesionales que trabajan en las residencias geriátricas por y para nuestros mayores, y le preguntamos por la opinión que le merece oír en los medios que se nos tache de “maltratadores” a los centros. Nos manifiesta que “trabajo desde hace algunos años en el ámbito geriátrico, en residencias. A lo largo de todo este tiempo he tratado a las personas mayores como lo que son: personas de avanzada edad, con su historia de vida, sus experiencias, sus valores, etc, siendo cada uno de ellos una persona singular, individual y especial, diferente a otra (obviamente como todas las personas!).

Sí, seguramente, en los centros geriátricos podemos cometer errores, pero se hace el máximo esfuerzo por todo el personal para acompañar en esta etapa de la vida, suplir aquellas necesidades básicas que no puedan realizar por ellas mismas, escuchar las historias que quieren contarnos y todo aquello que pueda optimizar su calidad de vida dado el cambio que supone vivir en una residencia. Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

¿Maltrato psicológico? Perdón, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando leo el artículo y vuelvo a ver que entre otros, el centro de la diana somos aquellos profesionales entregados a acompañar a nuestros ancianos como personas, personas mayores, con su nombre y apellidos, respetando sus creencias, sus valores, sus sentimientos, sus emociones, pensamientos y todo aquello que hacen que cada persona sea única.

De nuevo, echo en falta que no se hable del maltrato recibido desde las comunidades autónomas, las consejerías y gobierno estatal: los recortes, el eterno convenio de las residencias y otros elementos se manifiestan en auténticos signos que sí deben remarcarse como auténticos factores de maltrato: número limitado de absorbentes (compresas y pañales) necesarios para una persona mayor con incontinencia, eliminación de tratamientos médicos farmacológicos por reducción de costes y ratios en la Sanidad, aumento del grado de deterioro cognitivo y funcional para ahorrar ayudas económicas en el ámbito de la Dependencia, visitas médicas de especialistas que no llegan,… en definitiva, la falta de políticas dirigidas a este sector de la población: los profesionales que nos dedicamos vocacional y profesionalmente al acompañamiento de personas mayores vemos a las personas, no un número de historia ni una etiqueta ni un gasto.

Somos realistas y sabemos que siempre hay cosas para mejorar y en esta mejora está nuestro empeño y desempeño en el día a día y por una vez, sería interesante que las miras se pusieran un poco más arriba de los profesionales de campo. “

Podríamos resumir todo en que en las residencias y centros de día tenemos muy en cuenta a nuestros mayores, como a personas que integran un colectivo vulnerable, y pensamos de corazón en la actitud que debemos adoptar a la hora de cuidarlos, para tener en cuenta su historia de vida y lograr su bienestar.

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Restauración de las ayudas económicas en Cataluña a personas dependientes en plaza privada de residencia.

esperanzaEl Departamento de Benestar Social i Familia de la Generalitat de Catalunya está tramitando una Orden de modificación de la Orden ASC//433/2007, de 23 de noviembre, por la que se establecen los criterios para determinar el importe y los supuestos en que volverán a concederse las ayudas económicas denominadas prestaciones económicas del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, ayudas que ya estuvieron vigentes hasta el 31 de julio de 2013, y que se suspendieron en aquella fecha.

Estas ayudas económicas iban destinadas a todas aquellas personas con expedientes aprobados de dependencia con un Grado II o III, que ingresaban en plaza privada de residencia, mientras se encontrasen apuntados en lista de espera para plaza pública, y llegaban en función de la capacidad económica de cada persona hasta los 1.308,00 euros mensuales.

Debido a la coyuntura económica de crisis en la que todavía nos encontramos, el restablecimiento de estas ayudas con la nueva Orden para el próximo mes de noviembre del año en curso únicamente está previsto para las personas con un Grado III de dependencia y cuya capacidad económica, a la vez, resulte inferior a los 2.000,00 euros mensuales. Asimismo, se calcularán en función de la capacidad económica de cada persona usuaria, y en ningún caso rebasarán los 715,00 euros mensuales.

Para el cómputo de la capacidad económica se tendrá en cuenta no sólo las rentas o pensiones remunerativas que perciba la persona dependiente, si no también, se tendrá en cuenta también como ingresos en el cómputo anual, un porcentaje en torno al cinco por ciento de los saldos bancarios, valores mobiliarios y demás bienes inmuebles que constituyan el patrimonio del usuario. Hoy en día, sólo está exenta de este cómputo la vivienda habitual, y hasta un tope, cifrado en 300.000 euros.

Desde las diversas patronales de nuestro sector se está reivindicando a la Administración que estas ayudas se amplíen, como antaño, a las personas con un Grado II de dependencia, y para las que actualmente gozan del Grado III, se amplíe el máximo de la ayuda a los 1.308,00 euros, todo lo cual, aún está por ver.

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Caminando hacia un centro libre de sujecciones.

El modelo de gestión de nuestro centro es un modelo de atención a nuestros mayores centrado en la atención de la persona, que garantiza el respeto de los derechos fundamentales de éstos, como son la libertad y la dignidad de la persona, y que en definitiva es un modelo de cuidado basado en la calidad de vida de los ancianos.

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La residencia presta un conjunto de servicios de acogimiento residencial, con carácter permanente o temporal, de asistencia integral en las actividades de las personas mayores que no tienen un grado de autonomía suficiente para realizar las actividades de la vida diaria y que necesitan supervisión constante y que tienen una situación socio-familiar que requiere la sustitución del hogar.

En congruencia con ello, estamos trabajando en la modificación de nuestro modelo de gestión, centrándolo aún, si más cabe, en la atención personalizada, para lo cual nuestras nuevas líneas de trabajo, a nivel interdisciplinar e involucrando a todo el personal del centro, se encaminan a racionalizar y eliminar las sujeciones físicas a medio plazo, apostando por una residencia libre de ellas. Se trata de un proyecto con el que se pretende preservar la dignidad y proteger la integridad de los residentes ofreciéndoles los mejores servicios y cuidados a lo largo de las diferentes fases de su vida.

El uso de las sujeciones en su momento pretendía prevenir situaciones de riesgo en determinados tipos de pacientes. Sin embargo, con el paso del tiempo se ha demostrado que su utilización acarrea algunos problemas y que disminuye la calidad de vida de la persona: aparición de úlceras por presión, incontinencia, trastornos conductuales, inmovilidad, atrofia muscular, etc. Sigue leyendo

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