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Salud

La depresión en la tercera edad

La depresión es un trastorno de primer orden en cuanto a frecuencia y trascendencia dentro de las enfermedades que aquejan preferentemente a los ancianos.

La existencia de tratamientos eficaces que pueden mejorar la calidad de vida de quienes padecen este trastorno, obliga a prestar especial atención a este problema.

 

¿Qué es la depresión?

El concepto de depresión no es extraño por su difusión fuera de la practica médica. Sin embargo es necesario puntualizar que los síntomas depresivos pueden formar una variada constelación de manifestaciones que incluyen síntomas psíquicos y corporales.

Entre los primeros se encuentran síntomas afectivos consistentes en una alteración del humor entendido como alteración del estado de ánimo. Es el ánimo depresivo o tristeza vital.

Otros síntomas de esta esfera afectan a la pérdida de interés por las cosas así como a la capacidad para disfrutar. Constituyen el núcleo central de la depresión y se acompañan de una disminución de la vitalidad con alteración de la actividad laboral y social del individuo.

En esta esfera pueden existir otros síntomas como ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, ideas de suicidio…

Sin embargo en la depresión existen síntomas corporales o somáticos siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía.

Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano.

 

¿Qué predispone al anciano a estar deprimido?

En la vejez concurren una serie de factores de diversa índole que pueden favorecer la aparición de este trastorno. Entre ellos se encuentran:

Pérdida de salud que acontece con la edad. En muchas ocasiones ésta pérdida de salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía.

Presencia de enfermedades crónicas, pérdidas de familiares, amigos y seres queridos en ocasiones acompañadas de reacciones de duelo patológicas.

Merma de la capacidad económica.

Pérdida de roles en el seno de la familia con la salida de los hijos y un papel menor del abuelo dentro de la misma.

Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en la actividad y relaciones sociales.

Factores biológicos presentes, aunque no suficientes para la depresión. Entre ellos se han implicado cambios en la estructura cerebral, neurotransmisión, sistemas hormonales. Se ha postulado que pudieran ser un factor de vulnerabilidad.

A pesar de ello el envejecimiento no es sinónimo de depresión. No se deben confundir el envejecimiento normal con la presencia de una enfermedad por más que en ocasiones estén presentes una mayor introversión, reiteración y presencia del pasado en algunos ancianos.

Es decir, ni todos los ancianos están deprimidos ni los síntomas de una depresión cuando aparecen en una anciano, son “normales” para su edad.

 

¿Por qué es importante la depresión en esta edad?

En primer lugar por su frecuencia que es muy alta. Se calcula que hasta un 30% de los mayores de 65 años padece alguna de las diversas formas de depresión.

Esta aseveración tiene sin embargo muchas matizaciones, todas ellas tomadas con precaución derivada de los problemas metodológicos de los estudios.

Se sabe que la depresión severa o depresión mayor es menos frecuente en el anciano que en el adulto joven. Afectaría al 1-2% de los mayores de 65 años y supondría un cuarto de todas las depresiones mayores.

Existen argumentos por parte de algunos autores en contra de la anterior afirmación, dando una posible explicación a esta diferencia en un menor diagnóstico de la depresión del mayor.

Esto se debería a varios factores como la presencia de deterioro cognitivo o una expresión de los síntomas de forma diferente en el anciano, con una menor expresión de tristeza y más presencia de síntomas somáticos o corporales.

Esto supondría que los estrictos listados de criterios con los que se hacen los diagnósticos estén poco adaptados a la forma de la depresión en el anciano.

En cambio la frecuencia es muy alta si se estudian depresiones menores y presencia de síntomas o estados depresivos que no cumplen suficientemente criterios para considerarlos depresión. La presencia de estas depresiones menores o depresiones subclínicas se calcula en un 15%-20% de las personas mayores.

Estas cifras que hemos dado son válidas para ancianos que viven en la comunidad. Si se analiza la frecuencia del trastorno depresivo en ancianos hospitalizados o institucionalizados en residencias, los porcentajes son aún mayores.

Se calcula que la presencia de depresión mayor en ancianos hospitalizados con enfermedad aguda llega al 10%.

En estos mismos los trastornos depresivos menores alcanzarían el 30%. En residencias los porcentajes se disparan hasta 15% y 30-35% respectivamente.

En segundo lugar por su trascendencia. La presencia de este trastorno pasa factura en el adulto mayor no sólo como fuente de sufrimiento individual afectando a su calidad de vida.

Se sabe que la depresión complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como el ictus; induce un mayor riesgo de suicidio y se traduce en una mayor mortalidad por cualquier causa en quien lo padece.

Son observaciones constatadas tanto a nivel comunitario como en instituciones geriátricas.

Esta mayor mortalidad se ha atribuido a varios factores:

  • Menor soporte social del anciano deprimido.
  • Peor estado nutricional por pérdida del apetito.
  • Posibles efectos de la depresión sobre el sistema inmunitario
  • Pérdida de motivación para el autocuidado

 

¿Qué peculiaridades tiene la depresión en el anciano?

La depresión senil tiene una serie de rasgos diferenciadores. Algunos de ellos ya los hemos introducido previamente:
Menor presencia de síntomas psíquicos como la tristeza y mayor presencia de síntomas corporales.

La tristeza y el bajo estado de ánimo pueden manifestarse en el anciano como apatía y retracción y pueden ser predominantes quejas somáticas diversas que obligan a realizar pruebas en busca de otras enfermedades que por otra parte son muy frecuentes en estas edades. A veces estos síntomas corporales constituyen verdaderos cuadros hipocondríacos con temores y preocupaciones excesivas.

Algunos síntomas propios de la depresión pueden ser muy llamativos en el anciano como la pérdida de peso por falta de apetito, el insomnio o la aparición de ideas delirantes y en los cuadros graves verdaderos cuadros psicóticos.

Los ancianos con mucha frecuencia padecen enfermedades en las que la depresión puede ser un síntoma más de dicha enfermedad. En este caso la depresión en sí no es la enfermedad principal sino un síntoma acompañante. Son las llamadas depresiones somatógenas que complican procesos como la enfermedad de Parkinson, el ictus o Accidente Cerebrovascular, enfermedades del Tiroides como el Hipertiroidismo o el Hipotiroidismo, trastornos del metabolismo o algunos tipos de cáncer.

Por el mismo motivo los ancianos consumen en ocasiones fármacos para tratar sus enfermedades pero que pueden inducir la aparición de depresión días o semanas después de su uso. Entre estos están medicamentos como corticoides, antiparkinsonianos, algunos antihipertensivos, etc.

En la depresión grave del anciano es más frecuente el suicidio que en los jóvenes.

En ocasiones la depresión se presenta como deterioro cognitivo, es decir como un menor rendimiento intelectual con quejas de pérdida de memoria que obliga a los clínicos a diferenciar estas depresiones de una verdadera demencia.

Diferenciar depresión de demencia: Un reto en ocasiones difícil.Trataremos de describir un problema médico muy frecuente con el que se encuentra el Geriatra en su práctica clínica. Como hemos comentado la depresión en el mayor, en ocasiones, se presenta y se manifiesta como un declinar cognitivo con quejas de pérdida de memoria y aprendizaje, confundiéndose con una Demencia.

Por otra parte la Enfermedad de Alzheimer, que es la demencia más frecuente, puede acompañarse en fases iniciales e intermedias de síntomas depresivos (30%) e incluso completar una depresión que merme aún mas su rendimiento cognitivo.

El problema para entender estas dos situaciones se complica aún más si tenemos en cuenta que cuando se han seguido en el tiempo a los pacientes que han desarrollado una depresión en la vejez manifestada con peor rendimiento cognitivo han desarrollado con mas frecuencia una Demencia.

A la depresión que por sus quejas de memoria se confundía con una Demencia sin que esta existiese, se la llamó clásicamente pseudodemencia por ser una falsa demencia. Afortunadamente disponemos de algunos aspectos diferenciales entre los dos trastornos a la hora de preguntar al paciente y a la familia para diferenciarlos.

  

¿Cómo se diagnostica la depresión?

El diagnóstico de la depresión es un diagnostico clínico, es decir se basa en el interrogatorio y en la historia clínica detectándose los síntomas psíquicos y somáticos antes referidos.

Para ello y especialmente en el anciano es necesario un alto índice de sospecha para reconocerla por algunos rasgos especiales que se han comentado y por la tendencia a confundirla como algo propio del envejecimiento.

Existen algunos instrumentos en forma de cuestionarios o escalas que sirven como instrumentos de detección y seguimiento, útiles en el anciano pero que por sí solos no proporcionan el diagnóstico. Son una ayuda y no deben sustituir el interrogatorio clínico.

 

¿Cómo se trata la depresión?

Para tratar la depresión se utilizan dos herramientas fundamentales: la psicoterapia y los fármacos antidepresivos. En casos especiales, seleccionados por su gravedad o sintomatología, aún tiene un papel en la depresión senil la terapia electroconvulsiva.

La psicoterapia en muy diversas formas: terapias cognitivas, interpersonales, psicodinámicas…, tiene un papel importante en la depresión en el anciano en casos de intensidad leve o moderada dentro de un abordaje integral del problema.

Dentro de la psicoterapia se suele animar a los ancianos a realizar actividades con otras personas del mismo grupo de edad con los que puedan intercambiar opiniones y que puedan llegar a tener sentimientos similares.

Este tipo de actividades son de lo más variadas y se adaptan a los gustos de cada persona, pudiendo ir desde viajes con el Imserso, partidas de cartas o partidas de dominó para 2 jugadores. Todo vale con tal de que el anciano se relacione y comparta sus preocupaciones.

Los fármacos antidepresivos con un importante desarrollo en los últimos años, son conocidos desde hace décadas por su alta eficacia en el tratamiento de la depresión. El anciano presenta algunas peculiaridades cuando usamos estos fármacos.

Por una parte son extremadamente sensibles a algunos efectos secundarios presentes en varios de estos fármacos: efectos con empeoramiento cognitivo, efectos cardiovasculares, sedación etc…

Por otra parte pueden presentar varias enfermedades acompañando a la depresión, que sean sensibles a estos efectos adversos: cardiopatía, demencia. Además pueden estar tomando otros fármacos que interaccionen de forma adversa con el antidepresivo.

Por todas estas razones la elección del antidepresivo debe ser ajustada a las características del paciente por parte del Médico de Atención Primaria, Psiquiatra o Geriatra; que son los profesionales más frecuentemente implicados en estas situaciones.

 

La importancia del ejercicio en mayores con diabetes

Nadie pone en duda de que el ejercicio es bueno para todos. Numerosos estudios realizados en todo el mundo demuestran que las personas de todas las edades obtienen grandes beneficios del ejercicio y la actividad física.

¿Sabías, por ejemplo, que hay una pérdida de masa muscular del 15% cada 10 años después de los 50 años y del 30% cada 10 años después de los 70 años? A través de realizar regularmente ejercicios de fuerza, el tejido muscular y la fuerza se pueden restaurar.

Es más, el ejercicio también hace más fácil para los adultos mayores el mantener la fuerza, el equilibrio, la flexibilidad y resistencia, todo esto es importante para que se mantengan saludables e independientes.

En el caso de los adultos mayores que padecen diabetes, llevar a cabo actividades que comporten ejercicio físico es todavía más importante.

El ejercicio aumenta la sensibilidad a la insulina y puede acrecentar la respuesta de los medicamentos.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Hay programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

 

Tipos de ejercicio

Existen diferentes ejercicios para cada parte del cuerpo y el primer paso para determinar una rutina de ejercicio es consultar al médico.

Una vez que el médico da el visto bueno, el programa de ejercicio de la persona debe incluir ejercicios de equilibrio ya que existe evidencia de que esto puede ayudar a reducir el riesgo de caídas.

Ejercicios de equilibrio

Ejercicios de equilibrio como elevar la pierna hacia un lado y flexiones de rodilla pueden reducir el riesgo de caídas. Existe una gran variedad de ejercicios de equilibrio que se pueden realizar, como algunos que fortalecen las piernas y otros como pararse en un solo pie que mejoran el equilibrio. 

Ejercicios de flexibilidad

Ejercicios de flexibilidad o estiramientos, hacen que los músculos y los tejidos mantengan la estructura del cuerpo en su lugar. Con el tiempo, un entrenamiento de flexibilidad regular pueden ayudar a mantener el cuerpo más ágil, acelerar la cicatrización de heridas y prevenir futuras caídas y heridas.

Ejercicios de fuerza o resistencia

Ejercicios de fuerza o resistencia, utilizando peso ligero, como las bandas elásticas no solo ayudan a fortalecer los músculos de piernas y brazos, sino que también aumentan el equilibrio. Sin embargo, este tipo de ejercicios no son indicados para pacientes con diabetes que presentan retinopatía (enfermedad de los ojos).

Ejercicios de resistencia, como caminar, trotar, nadar, mejoran la salud del corazón, pulmones y el sistema circulatorio. Ayudan a prevenir cáncer de colon, enfermedades del corazón, osteoporosis, infartos y otros padecimientos.

El éxito de un programa de ejercicio es aquel que se lleva a cabo regularmente, como una rutina.

 

El papel de los cuidadores

En el caso de personas con diabetes que residan en una residencia geriátrica, es vital que en esta se lleven a cabo, de forma regular y organizada, actividades y programas específicos de ejercicios.

En el centro se debe supervisar la actividad de cada residente y adaptarla a sus necesidades. Es común que algunos mayores, ya sea por falta de hábito, por falta de motivación o también debido a padecer alguna otra enfermedad que les limita física o psíquicamente, tiendan al sedentarismo.

Aquí juega un papel importante el nivel de compromiso de los profesionales de una residencia de ancianos. Es vital que se supervise regularmente los hábitos del residente y procurar que participe dentro de sus posibilidades en actividades programadas de forma regular.

En Residència Sol i Natura entendemos la importancia de este asunto y nos lo tomamos muy en serio.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Están programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

Dependiendo de las condiciones del residente, algunos ejercicios se deben descartar. Pacientes con diabetes con complicaciones en los ojos (retinopatía) deben de eliminar o limitar los ejercicios de resistencia (pesas, máquinas con bandas elásticas) ya que este tipo de ejercicios pueden elevar la presión arterial y causar ceguera.

 

Parkinson: síntomas y cómo tratar al enfermo

La enfermedad de Parkinson la padece el 1% de las personas mayores de 60 años.

Es una enfermedad degenerativa consistente en la muerte de las neuronas dopaminérgicas, productoras de la dopamina, necesaria para una adecuada coordinación de los movimientos.

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La causa de la enfermedad continúa siendo desconocida, aunque se cree que existe cierto patrón hereditario familiar.

 

Síntomas de la enfermedad de Parkinson

El Parkinson se caracteriza por: la rigidez progresiva, la lentitud primero y luego la falta de movimientos (de brazos, en la escritura, desaparece el parpadeo, etc.), la postura encorvada y el temblor.

El temblor es el signo más conocido de la enfermedad de Parkinson. Pero no todas las personas mayores que tiemblan tienen enfermedad de Parkinson; un temblor muy frecuente es el temblor senil, que es hereditario y que no se mantiene estable, a no ser que se acompañe del resto de los síntomas del Parkinson.

En los enfermos con Parkinson se ralentizan todos los movimientos y la expresión verbal, lo que conduce a pensar que también sus capacidades mentales están alteradas y que sufren demencia. Pero no es así.

El paciente conserva su lucidez, pero es prisionero de su cuerpo, de un implacable engranaje que alterna los momentos de lentitud y rigidez con otros normales.

Se trata de un ritmo irregular, despiadado para el enfermo y difícilmente soportable para su entorno, al que le cuesta a veces comprenderlo.

El enfermo con Parkinson pasa por momentos en los que se encuentra normal con otros en los que presenta mucho temblor o mucha lentitud, como si llevara toda una armadura encima que le impide moverse y expresarse con normalidad.

El rostro puede ser amímico, sin expresión, lo que no significa que el paciente no entienda, sienta y comprenda todo lo que ocurre a su alrededor.

Es importante acudir cuanto antes al médico especialista y seguir de manera rigurosa el tratamiento médico prescrito, pues en esta enfermedad es muy eficaz, y comentar al médico todas las incidencias que aparezcan con su administración: cuándo parece que deja de hacer efecto, si se presentan otros síntomas o movimientos raros, etc., pues actualmente existen diferentes fármacos que son efectivos en este trastorno.

 

Recomendaciones para enfermos con Parkinson

Algunas recomendaciones útiles para los familiares de personas mayores con Parkinson son las siguientes:

Realizar ejercicio, ya que en combinación con la medicación mejora la calidad de vida gracias a la disminución de la tensión y la rigidez del enfermo. Hay que animarle por todos los medios a que camine cada día.

Valorar positivamente las fuerzas y capacidades del enfermo.

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– No insistir en aquello que no puede hacer.

Implicarle en la toma de cualquier decisión que le concierna.

Evitar a toda costa estresarle más dando muestras de impaciencia.

Distribuir las tareas y actividades del día en etapas cortas y sucesivas a fin de facilitar su realización.

No hay que olvidar que una persona con Parkinson no puede hacer dos cosas a la vez y que necesita ejecutar cada movimiento de forma consciente.

Favorecer el descanso. Las tareas cotidianas exigen más tiempo y energía a un enfermo con Parkinson que a cualquier otra persona. Por eso es esencial que descanse y recupere la fuerza necesaria para llevarlas a cabo. Por su parte, la familia debe ser respetuosa cuando el enfermo se muestre cansado, algo que sucede con rapidez.

– Reservar los momentos en que el medicamento produce su máximo efecto para la realización de las actividades que requieran más movimientos, como la higiene personal o el vestirse.

– Tener en cuenta que los problemas de incontinencia son debidos a la lentitud con que la persona enferma se dirige al baño, que debe estar lo más próximo posible a la habitación donde el enfermo pasa la mayor parte del tiempo.

– Si el paciente tiene dificultades con el lenguaje, cosa frecuente, pero que no ocurre en todos los casos, hay que mirarle de frente y prestarle toda la atención, dándole tiempo para pronunciar las frases, sin interrumpirle ni hablar por él.

Hay que indicarle con un movimiento de la cabeza que se le ha entendido o, en caso de duda, repetirle lo que se cree haber entendido y preguntarle si era eso lo que quería decir.

 

Las fracturas de cadera en la tercera edad

Las fracturas de la región de la cadera son una lesión bastante frecuente entre nuestros mayores se corresponden con las que se producen en la parte superior del fémur, y junto con las de la muñeca y columna, son las más frecuentes en las personas mayores.

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¿Por qué se producen las fracturas de cadera en las personas mayores?

Se estima que en la tercera década de la vida, se llega al máximo nivel de masa ósea, y de ahí en adelante se pierde paulatinamente hasta la menopausia, en el caso de las mujeres, y sobre los 70 años en los hombres, donde la pérdida es mucho más acentuada.

De tal modo que mientras mayor sea la reserva, mas resistencia tendrá el hueso al momento de recibir golpes.

Lo anterior está vinculado de alguna forma con la osteoporosis, que es una enfermedad propia de adultos mayores, en la que se pierde el calcio de los huesos, haciéndolos más frágiles y más propensos a romperse.

Sin embargo, en las personas mayores, tan importante como la calidad del hueso son los golpes que se le den a éste. Por eso las caídas, son un factor esencial en el riesgo de padecer fracturas de cadera.

Los ancianos se caen por muchas causas, desde las alteraciones para caminar, la visión defectuosa, la falta de equilibrio, etc. hasta los accidentes producto de barreras arquitectónicas como las escaleras sin pasamanos y sin antideslizantes, los desniveles de la acera, la falta de iluminación nocturna para concurrir al servicio higiénico, etc.

Una de las principales diferencias de los ancianos respecto de los más jóvenes, es que basta una pequeña cantidad de energía para que, en el contexto de un hueso poco resistente, se produzca la fractura.

 

¿Quiénes tienen más riesgos de fracturarse?

Se estima que las mujeres tienen 3 veces más fracturas que los hombres, siendo el sexo femenino por lo tanto más propenso.También influye la raza, pues la gente de raza negra tiene mayor resistencia que la de raza blanca.

La edad, como ya se había expuesto, es un claro elemento asociado a la presentación de fracturas pues a mayor edad mayor es mayor el riesgo, y esto es para ambos sexos.

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Además existe una mayor susceptibilidad para fracturarse en mujeres que tengan antecedentes familiares de fracturas de cadera. La osteoporosis y las caídas de cualquier origen, completan el círculo en la producción de fracturas.

 

¿Cuál es el tratamiento de una fractura de cadera?

Habitualmente, y salvo justificadas excepciones, el tratamiento es quirúrgico, y lo realiza el cirujano ortopedista, también llamado traumatólogo.

Según el tipo de fractura, su localización y por cierto, el estado del enfermo y su situación funcional previa, se llevará a cabo un tipo determinado de intervención quirúrgica, a fin de dar solidez y estabilidad a esa articulación y para lograr recuperar la marcha del paciente.

De acuerdo a las mencionadas características se utilizarán diferentes tipos de técnicas para obtener el mejor rendimiento posible de esa articulación, ya sea con clavos, placas, prótesis parciales o totales de la cadera.

 

¿Cómo se puede prevenir la fractura de cadera?

Se sabe que las posibilidades de sufrir caídas aumenta con la edad, de tal manera que un 30% de la población mayor de 75 años se cae al menos una vez al año, y este porcentaje asciende al 50% en los mayores de 80.

Como la mayor parte del tiempo los ancianos lo pasan en su domicilio o en las instituciones en las que están acogidos, es en estos lugares en donde habitualmente se producen las caídas, y, dentro de ellos, en los dormitorios, salas de estar y aseos.

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En estos lugares conviene establecer sistemas o dispositivos tales como pasamanos o barandillas y asientos especiales.

Las alfombras son un peligro para las personas de edad avanzada y muchas de las caídas se producen al tropezar o resbalar sobre ellas por lo que deberían de estar bien adheridas al suelo o, mejor aún, prescindir de ellas.

Otro riesgo es la existencia de zonas oscuras, por lo que es necesario una buena iluminación en los lugares por donde se mueven los ancianos, máxime cuando con mucha frecuencia presentan disminución de la agudeza visual.

También es importante la puesta en marcha de medidas de coordinación y la programación de ejercicios controlados, así como el uso de sistemas protectores (almohadillas) para que actúen como amortiguadores en el caso de caídas.

Hay que tener precaución con la toma de medicamentos sedantes y con todos aquellos que causan hipotensión ortostática en los pacientes que tengan predisposición a las caídas. Se evitará el consumo de alcohol y tabaco, ya que ambos son favorecedores de la osteoporosis.

 

A modo de resumen, podemos concluir que nos encontramos ante un proceso de enorme trascendencia por su frecuencia, coste, gravedad y potencial incapacitante.

Por tanto es necesario mantener y mejorar nuestros esfuerzos en su prevención, reparación y recuperación, para que abordemos el problema en todos sus frentes.

 

Cómo mantener en forma la memoria en la tercera edad.

La memoria es un proceso mediante el cual se puede, registrar, codificar, almacenar, acceder y recuperar la información que en la práctica cotidiana se va adquiriendo.

Por lo tanto constituye para las personas una guía que fundamenta su conducta. La pérdida de la memoria es una amenaza siempre presente para los adultos mayores.

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A continuación vamos a considerar los factores más frecuentes en los que se da pérdida de memoria y cómo estimular nuestro cerebro mediante ciertas actividades mentales y físicas.

 

Factores que influyen en la pérdida de memoria

La angustia y la depresión, el aislamiento y la inactividad.
Medicamentos que pueden interferir con la atención y eventualmente, producir daños cerebrales.
Enfermedades cerebrales: Alzheimer, lesiones vasculares o de otro tipo.
La memoria es como un músculo. Se debilita si uno no lo cuida y ejercita, entonces lo mejor que se puede hacer es entrenarla ya que la estimulación mental tiene como fin frenar o retrasar el deterioro que llega con la edad.

 

¿Qué es la estimulación cognitiva?

La estimulación cognitiva consiste en trabajar las capacidades cognitivas como son la memoria, el cálculo, la atención, el razonamiento…mediante ejercicios escritos u orales.

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El principal objetivo de la estimulación cognitiva es mejorar o bien mantener dichas capacidades.

Para mantener nuestras capacidades cognitivas en forma debemos ejercitarlas todos los días. 

Actualmente es el principal tratamiento para relentizar en la medida de lo posible la evolución de las demencias.

Todas las personas mayores aunque no tengan demencia, ni perdidas de memoria deben trabajar estas capacidades, bien mediante ejercicios de estimulación cognitiva o bien jugando a juegos nuevos, aprendiendo idiomas, a tocar instrumentos, algún deporte… ya que con la edad el cerebro también pierde capacidad.

 

 

Actividades para ejercitar la mente

Ser constantes y realizar una serie de actividades de lo que llamamos gimnasia cerebral es clave. Ésta consiste en una serie de movimientos corporales sencillos que activan o interconectan ambos hemisferios del cerebro, logrando las condiciones óptimas para realizar otras actividades y así mantener el cerebro activo, ya que se ha demostrado que cuanto más se utilice este órgano, más disminuye la posibilidad que se presenten fallos en sus funciones.

Estos movimientos y actividades ayudan a lograr la comunicación entre el cuerpo y el cerebro, lo que significa eliminar del organismo estrés y tensiones al mover la energía bloqueada y permitiendo que la energía fluya fácilmente por el complejo mente-cuerpo.

Estos sencillos “desafíos” o ejercicios pueden ser desde ducharse con los ojos cerrados a tratar de utilizar la mano contraria para realizar alguna actividad, leer en voz alta un texto o cambiar rutinas y aprender cosas nuevas.

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Con actividades tan sencillas como estas conseguiremos mantener un nivel constante de actividad intelectual y, por lo tanto, mejoramos nuestro estado de ánimo.

Si a esto le unimos un componente social, participar en talleres, ya sea la pintura y dibujo, por su capacidad de activar y mejorar la perspectiva del espacio y la creatividad, y otras actividades manuales, nos serán de mucha utilidad para mantener nuestra mente en forma y, además, podremos compartir nuestras vivencias e inquietudes con personas de la misma edad que tienen inquietudes, problemas o aficiones similares.

Cualquier forma de aprendizaje es ejercicio para la materia gris. En principio no importa lo que se aprenda; lo importante para un entrenamiento positivo es mantener la mente ocupada con unos conocimientos que le permitan repetir y memorizar ciertas materias de aprendizaje.

Estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

A menudo, los trabajos manuales u otros pasatiempos creativos ofrecen excelentes oportunidades de ampliar sus conocimientos y ejercitar sus capacidades mentales.

Sin embargo, también sirven los sudokus, los crucigramas, los juegos de palabras, el ajedrez u otros ejercicios mentales para mantener la agilidad de las células grises.

Por otro lado, los estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

Aumentan la imaginación espacial, las capacidades de orientación y concentración y la percepción corporal, y contribuyen a vivir de forma activa y a aprovechar su entorno de manera consciente y participativa, por no hablar de las numerosas ventajas que tienen para el sistema circulatorio, la resistencia y el riego sanguíneo.

Diagnóstico y cuidado de la piel en la tercera edad

Los trastornos cutáneos, son un problema frecuente en las personas de edad avanzada, considerándose que un 40%, y en algunos estudios hasta un 60%, de los ancianos presentan algún tipo de patología cutánea.

Esta distinta incidencia, está influenciada, porque muchas veces, los ancianos, consideran como normal en el envejecimiento la aparición de lesiones cutáneas y no las consultan.

 

¿Cuáles son estas enfermedades?

Existe una amplia variabilidad de problemas dermatológicos, que pueden afectar al anciano, con una amplia variabilidad en la expresión y con unas características típicas de cada enfermedad cutánea o sistémica:

  • Problemas cosméticos, como son las arrugas.
  • Problemas molestos como es el síntoma más frecuente en los ancianos, el prurito o sensación desagradable que produce el deseo de rascarse la piel para obtener alivio, que suele deberse a la piel seca o xerosis, empeorando por la noche, en invierno, con la baja humedad y altas temperaturas.
  • Problemas que pueden amenazar su salud, o afectar de manera adversa a su calidad de vida, como las neoplasias, infecciones, eczemas, reacciones secundarias a medicamentos.

 

¿Cómo se diagnostican las enfermedades cutáneas en el anciano?

Se diagnostican de la misma forma que en el joven, a través de:

  • Visión directa de la piel: En muchos casos, su médico de familia o su geriatra, a través del examen directo de la piel, podrá detectar y diagnosticar que tipo de enfermedad padece usted, atendiendo a cuatro características básicas en cualquier lesión cutánea: su distribución, tipo de lesión, forma y disposición.
  • Historia clínica detallada: Usted deberá responder a su médico, a las siguientes preguntas:
  • Dónde comenzaron, cómo se extendieron, cuánto duraron, cómo y con qué mejoran o empeoran, sus lesiones cutáneas.
  • Síntomas relacionados con la erupción, como prurito, escozor, dolor, entumecimiento, o generales como fiebre, malestar general, dolores articulares.
  • Tratamientos recientes o habituales.
  • Enfermedades cutáneas o sistémicas, anteriores o coexistentes.
  • Historia de alergias, exposición a agentes físicos o químicos.

Es fundamental, que usted se autoexplore la piel de todo el cuerpo, y acuda a su médico si observa, sobre todo, la aparición de las siguientes características en una lesión pigmentada, por el riesgo de ocultarse un melanoma: de la misma forma que en el joven, a través de:

  • Asimetría: una mitad es diferente a la otra.
  • Bordes Irregulares: terminaciones dentadas, desiguales o poco nítidas.
  • Cambio de Tamaño: un diámetro mayor de 6 mm.
  • Cambio de Color: pigmentación no uniforme, tonalidades marrones y negras, con toques rojos, violetas y blancos.
  • Cambio de Aspecto: descamación, supuración, sangrado, picor, variación de volumen, sensibilidad o dolor.

Por tanto las lesiones cutáneas del anciano, no deben ser catalogadas como banales por el solo hecho de su lenta evolución y / o aspecto benigno.

En caso de duda, su médico le remitirá al dermatólogo, quién considerará la conveniencia de realizar otras pruebas como es la biopsia cutánea, cuando: no sea posible establecer un diagnóstico preciso, no respondan las lesiones al tratamiento pautado por ser persistentes o resistentes, o bien, cuando se sospecha malignidad de las lesiones cutáneas.

 

¿Cómo cuidar la piel del anciano?

Fundamentalmente se basa en:

Cuidados Básicos de la piel:

  • Higiene correcta diaria con agua tibia. Utilizando jabones inodoros, de Ph neutro como los de avena, ya que quitan menos la grasa de la piel.
  • Secado correcto de la piel, sobre todo a nivel de los pliegues cutáneos, para evitar las maceraciones y aparición de infecciones como la candidiasis.
  • Los baños no deben ser prolongados, evitando el agua caliente.
  • Evitar ropas de lana o de poliéster que puedan ser irritantes.
  • Es necesario una correcta hidratación y nutrición.
  • Aplicar una loción hidratante pesada como el agua en aceite, o una crema emoliente sobre la superficie húmeda.
  • Cuidado con los medicamentos o la exposición a sustancias químicas. Evitar el alcohol y el tabaco.

Tratamientos específicos del envejecimiento cutáneo:

  • Cosméticos hidratantes, reafirmantes, y nutrientes, para mantener la hidratación y corregir déficits secretores, así como estimulantes del metabolismo celular.
  • Retinoides tópicos (peeling químico), que provocan una agresión controlada con el fin de eliminar la piel dañada y causar una regeneración a partir de los anejos.
  • Treíntoina: mejora la aspereza, la flacidez, arrugas finas, hiperpigmentación, léntigos solares y telangiectasias. Su mejoría comienza a los tres meses, y es máxima al año de aplicación.
  • Acido Glicólico: mejora las arrugas superficiales, hiperpigmentaciones, verrugas seborreicas, y queratosis actínicas.
  • Adapaleno.
  • Producen como efectos secundarios, enrojecimiento, blanqueamiento de la piel.
  • Lifting: despegamiento de la piel y estructuras subyacentes para eliminar la piel sobrante. Puede ocasionar hematomas, disminución de la sensibilidad, y cicatrices.
  • Tratamiento específico de las lesiones cutáneas, mediante fármacos, como esteroides en dermatitis, antibióticos en infecciones, o cirugía, crioterapia con nitrógeno líquido.
  • Prevención: La mejor curación es la prevención. Es esencial la fotoprotección, a través de los filtros solares, de aplicación tópica, que absorben la energía solar y la trasforman en energía calórica. Se debe adaptar el índice de protección al fototipo de piel del anciano. Este índice, indica el tiempo máximo que puede estar expuesto sin quemarse. Actualmente, se recomienda a partir de un índice a partir de 15-20.

 

Causas, efectos y tratamiento de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina. El afectado puede llegar a sentir una necesidad imperiosa y repentina de orinar pero es incapaz de retener la orina.

Los escapes también pueden producirse al estornudar, reír, realizar algún esfuerzo o ejercicio físico. Supone un problema higiénico, social y psíquico, ya que influye en la actividad cotidiana del enfermo y reduce su calidad de vida. (según DMedicina.com)

 

Causas frecuentes de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es un problema que si bien se asocia a la edad avanzada, esta no es por sí mismo motivo para padecerla.

No obstante, sí que se han observado algunos cambios asociados con la edad y la aparición de determinadas enfermedades que predisponen a su desarrollo.

Además de la edad, otros factores que influyen a la hora de padecer incontinencia urinaria son los antecedentes personales y las enfermedades que haya padecido o padezca el paciente, como son patologías neurológicas o enfermedades sistémicas con repercusión sobre el sistema nervioso central.

También influyen cualquier intervención que el paciente haya tenido y que haya afectado al tracto urinario, a la zona abdominal y de la pelvis, y a la columna vertebral.

Algunas de las intervenciones más comunes en este sentido son: uretrotomías, resección transuretral de póstrata, resección abdominoperineal de colon, histerectomías, laminectomías, etc.

También hay que tener en cuenta el plan de medicación del paciente, ya que algunos fármacos pueden tener entre los efectos secundarios desencadenar o agravar la incontinencia urinaria.

 

¿A quiénes afecta más?

Este trastorno ocurre tanto en hombre como en mujeres. Sin embargo, debido en parte a las tensiones físicas de la maternidad y a una disminución del estrógeno después de la menopausia, las mujeres sufren incontinencia con el doble de frecuencia que los hombres.

De hecho, se calcula que aproximadamente un 15% de los varones ancianos y un 30% de las mujeres padecen incontinencia.

En el caso de los hombres, la incontinencia de urgencia es la más frecuente y está caracterizada por la pérdida involuntaria de orina asociada con un intenso deseo de orinar.

Entre las mujeres, la más común es la incontinencia de esfuerzo. Se trata de pérdidas involuntarias de orina que se producen durante el ejercicio físico y ocurren cuando la presión intravesical supera a la presión uretral. Está asociada con la debilidad del suelo pélvico y se produce fundamentalmente durante el día.

 

Efectos en la vida diaria

Si el problema no se afronta a tiempo, puede derivar en efectos adversos que impactan significativamente en la calidad de vida de las personas que sufren incontinencia.

Algunos de los más habituales son desde problemas en la piel (maceración, úlceras cutáneas), infecciones urinarias de repetición y caídas (incontinencia nocturna), a problemas de aislamiento, depresión o dependencia, por ejemplo.

 

Buscar ayuda médica pronto

Una vez que se constata que existe el problema, es fundamental buscar asesoramiento médico. Pero no siempre se recurre a él por diferentes motivos- de hecho, sólo 1 de cada 3 afectados consulta sobre este tema al médico-.

La vergüenza, la pérdida de autoestima y considerar la incontinencia como un hecho inevitable del envejecimiento son los factores más frecuentemente asociados a la ocultación del problema.

Es un error suponer que no existe tratamiento.

No hablar con el médico sobre las pérdidas de orina cuando empiezan a ocurrir es un error, ya que en el 30-40% de los casos el tratamiento precoz recupera la continencia y en más de la mitad la mejoría que puede llegar a alcanzarse es notable.

 

Consejos para afrontar la incontinencia urinaria

Prevención

Existen algunas medidas que pueden ayudar a retrasar la aparición de la incontinencia de orina así como prevenirla. Algunos de los consejos que pueden tener en cuenta son:

  • Seguir una dieta equilibrada, como la mediterránea. Evitar el sobrepeso y la obesidad, de esta forma se reducirá la presión intraabdominal.
  • Reducir el consumo de bebidas como el café, los refrescos y bebidas carbonatadas, el alcohol y los cítricos, entre otros.
  • Evitar las comidas picantes.
  • Aumentar el consumo de fibra para evitar el estreñimiento.
  • Reducir el consumo de productos y medicamentos diuréticos, así tendrá menos ganas de orinar.
  • Evitar beber entre cuatro y dos horas antes de irse a dormir.
  • No empujar al orinar. De esta manera evitará que se dañen los músculos del suelo pélvico.
  • No ingerir bebidas antes de realizar ejercicio físico.

Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos situados alrededor de la uretra y del suelo pélvico, cuando estos músculos están debilitados hay más probabilidades de que aparezca la incontinencia urinaria.

Estos ejercicios consisten en la realización de una serie de contracciones y relajaciones que se repiten a lo largo del día de forma constante.

Otras medidas higiénico-dietéticas

Por otro lado, los médicos apuntan a que existen medidas higiénico-dietéticas básicas que facilitan el manejo de la incontinencia.

Se debe intentar ayudar al anciano a establecer un horario regular de micciones que no supere las 3 horas; hay que controlar que el paciente pueda acceder rápidamente al baño desde su cama, que la ropa de dormir pueda quitarse con facilidad y que el baño disponga de elementos de seguridad y de timbre.

En cuanto a la distribución de líquidos diarios, debe ser ordenada por el médico y variar en verano e invierno de acuerdo con las condiciones climáticas.

Un buen aporte durante la mañana y primeras horas de la tarde, acompañado de una disminución acentuada durante la noche, permite controlar mejor la incontinencia nocturna, por ejemplo.

Por otro lado y en relación a los fármacos diuréticos, no deben administrarse por la mañana en ancianos activos. Muchas veces, los pacientes se orinan por esta causa y dejan de tomarlos.

Tampoco se han de tomar por la noche porque obliga a levantarse en la madrugada con el consecuente peligro de sufrir caídas.

El mejor momento es antes o después de comer, periodos en los que ya se han realizado las tareas cotidianas.

 

Demencia con cuerpos de Lewy: qué es y tratamientos

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad neurodegenerativa que suele darse más habitualmente entre los 50 y los 80 años.

Demencia con cuerpos de Levy, qué es y tratamientos

Esta enfermedad suele confundirse a menudo con el Parkinson y el Alzheimer, pero no es la misma. No obstante sí comparte algunos síntomas con dichas enfermedades y a menudo se superpone a estas. La demencia con Cuerpos de Lewy incluye síntomas conductuales y de la memoria propios del Alzheimer, a la vez que síntomas del sistema motor similares a los del Parkinson.

También se caracteriza por la presencia de alucinaciones visuales muy vívidas.

Los rasgos más característicos de las personas con demencia con Cuerpos de Lewy son, además de los indicados, son predominio de la rigidez, la bradicinesia (lentitud en los movimientos, especialmente los voluntarios complejos), falta de expresividad facial, trastornos de postura, hipofonía (trastorno de la voz, condicionado por una tonación baja de la voz) y temblor.

La mezcla de síntomas, su orden de aparición e intensidad varían de un paciente a otro.

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad para la que, de momento, no existen vías de prevención ni cura, si bien se están desarrollando a través de múltiples estudios de investigación, nuevos fármacos que permitan aliviar los síntomas y detener la progresión de la enfermedad.

 

Tratamiento de los enfermos con demencia con Cuerpos de Lewy

Hasta ahora hemos visto los síntomas y criterios de diagnóstico de la demencia con Cuerpos de Lewy. Pero más importante es si cabe ofrecer el tratamiento adecuado que, como veremos, debe incluir intervención farmacológica y no farmacológica.

Primero de todo se ha de hacer una valoración integral del paciente que nos permita ver su situación desde una perspectiva global. Es entonces cuando podremos elaborar un tratamiento personalizado, flexible y revisable dependiendo de cómo evolucione la enfermedad.

El tratamiento a implementar deberá ser multidisciplinar. Eso implica que además de las típicas especialidades implicadas en estos casos: geriatra, neurólogo, psiquiatra, se deberán incluir a otros profesionales de ramas como la enfermería, la psicología y trabajo social. La familia, por supuesto, también debe implicarse y tiene un importante papel a desempeñar.

Como ya hemos indicado antes en la actualidad no existe ningún tratamiento eficaz aprobado para el uso de esta enfermedad. No obstante sí que se administran ciertos fármacos que ayudan a promover su calidad de vida.

A la hora de decidir los tratamientos se requiere un cuidadoso equilibrio entre los beneficios y los riesgos potenciales. Los beneficios incluyen mejor funcionalismo, mejor cognición y menos síntomas neurológicos, pero los riesgos potenciales incluyen efectos colaterales y complicaciones secundarias.

 

Tratamiento farmacológico

Se suelen indicar fármacos inhibidores de la colinesterasa que mejoran la alerta y la cognición.

También fármacos antiparkinsonianos.

Algunos antidepresivos pues pueden mejorar los síntomas de la depresión, la ansiedad y la calidad/cantidad de sueño.

 

Tratamiento NO farmacológico

Son muy adecuados incluir entre el amplio abanico de tratamientos no farmacológicos los siguientes:

Estimulación cognitiva: especialmente terapia de orientación a la realidad, terapia de reminiscencia, terapia de validación, entrenamiento de la memoria y estimulación sensorial.

Terapia conductual.

Terapia cognitivo – conductual.

También tratamientos para la mejora de los trastornos sensoriales tratables, como pueden ser posibles alteraciones auditivas o de la visión, pueden reducir las alucinaciones y las caídas.

Las caídas pueden reducirse sensiblemente reduciendo los factores de riesgo: luz deficiente, alfombras, etcétera. Otras medidas como el uso de protectores pueden minimizar tanto las caídas como sus consecuencias.

 

Es importante que los pacientes con demencia con cuerpos de Lewy reciban reevaluaciones médicas frecuentes y una vigilancia y supervisión adecuadas.

Los cuidadores deben estar siempre atentos al paciente, ya que estos tienen tendencia a caerse o perder la conciencia.

 

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Cómo afrontar problemas visuales y auditivos en la tercera edad.

Millones de personas en todo el mundo sufren las consecuencias derivadas de problemas visuales y auditivos.

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La pérdida de audición y visual puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, algunas enfermedades infecciosas, el empleo de determinados fármacos, la exposición al ruido excesivo y también al envejecimiento.

Los problemas de visión y audición son de vital importancia en la vida de relación de las personas mayores porque condicionan la correcta relación con los demás.

Ante la aparición del más mínimo signo de alarma, como visión borrosa, disminución de la visión o dificultades auditivas hay que acudir al especialista para diagnosticar la causa de la alteración sensitiva y con ello poner el tratamiento adecuado lo antes posible.

A continuación vamos a considerar los problemas visuales y auditivos más comunes en la tercera edad y cómo afrontarlos afrontarlos.

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Problemas de visión más frecuentes en las personas mayores

La presbicia

Es una consecuencia del envejecimiento del ojo y de la disminución de la capacidad de acomodación del cristalino. Es algo casi inevitable y, aunque puede ser corregido, no tiene cura. Pero sí se puede mitigar su efecto mediante el uso de las correspondientes gafas graduadas de forma correcta según el déficit de visión.

Las cataratas

Están provocadas por la progresiva opacidad del cristalino y conllevan una disminución creciente de la agudeza visual. En su estado inicial se pueden manifestar por sensación de deslumbramiento, disminución de la sensibilidad a los contrastes y dificultades para percibir el relieve y los colores. Las posibilidades de tener cataratas aumentan con la edad. Afectan al 20% de la población de más de 65 años, a más del 35% de los mayores de 75 y a más del 60% de quienes han superado los 85. Por fortuna, las cataratas tienen buen tratamiento. La operación se puede practicar como cirugía ambulatoria y con anestesia local. Cada vez se operan más los dos ojos, aunque nunca en la misma intervención.

El glaucoma

Es una enfermedad que afecta al nervio óptico cuya función es conducir la información visual captada por el ojo hasta el cerebro. Lo más frecuente es que la destrucción de este nervio sea lenta y progresiva, lo que se conoce como glaucoma crónico.

Aunque todavía no se ha determinado bien las causas del glaucoma, la mayoría de las veces aparece asociado a un aumento de la tensión ocular debido a una anomalía en la filtración del humor acuoso, el líquido que se encuentra en el interior de los ojos.

Ese líquido, que todos producimos, se renueva de manera constante y, tras ser utilizado, es filtrado antes de volver la circulación sanguínea. Puede ocurrir, sin embargo, que el sistema de filtración no funcione correctamente, en general debido a su envejecimiento, con lo que el líquido se acumula en el interior del ojo y provoca una presión excesiva sobre el nervio óptico y los vasos que lo alimentan.

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Los síntomas del glaucoma crónico son tan leves que, a veces, ni se les presta atención. El nervio óptico se va destruyendo poco a poco desde la periferia hacia el interior. Al principio, el campo visual de la persona afectada se estrecha sin que se dé cuenta, ya que la zona central de la retina (que es la que nos permite ver con precisión, leer, reparar en los detalles…) no está afectada y el cerebro sigue siendo capaz de reconstruir las imágenes que faltan.

Más tarde, aparecen algunos síntomas leves: dolores de cabeza por la mañana, visión borrosa y necesidad constante de limpiar las gafas son algunos de los habituales. En cuanto se sienta alguno de ellos hay que acudir al oftalmólogo.

En un estadio aún más avanzado, la visión central desaparece casi por completo, impidiendo bajar escaleras o conducir. Cuando esto ocurre suele ser ya demasiado tarde porque las lesiones son irreversibles.

Existe un tratamiento eficaz para evitar que el glaucoma avance pero, como en todas las enfermedades, es necesario realizar un diagnóstico lo antes posible para poner el remedio adecuado por parte del médico especialista en oftalmología.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala visión

  • Se ayuda más a la persona con visión deficiente apoyándola para que se defienda por sí misma que haciendo las cosas en su lugar.
  • La forma más eficaz de saber lo que ve una persona es preguntárselo. Antes de hablarle, en particular si hay otras personas delante, lo mejor es decir nuestro nombre y después dirigirnos a ella por su nombre o tocarle el brazo. También es conveniente avisarla cuando nos disponemos a marcharnos.
  • Cuando se camina junto a ella, sólo hay que darle el brazo, sin intentar guiarla o tirar de su mano: esta actitud, además de inútil, le resultará molesta.
  • Hay que hacer el esfuerzo de describirle los lugares donde está o lo que pasa a su alrededor: la nueva decoración de la habitación, un paisaje, acontecimientos, imágenes de la televisión…
  • Para saber si necesita ayuda, lo más sencillo es preguntárselo.
  • Cuando se pone la mesa, es recomendable colocar platos claros sobre manteles oscuros y al contrario; los alimentos de color claro en platos oscuros y viceversa. Cuanto mayores sean los contrastes, mejor.
  • Para ayudarla a localizar objetos, una buena técnica es el «método del reloj» empleado por los pilotos de avión: «en el plato, la carne está en las dos», «en la mesa, las tijeras están en las diez»… Es sencillo y eficaz.
  • Hay objetos de la vida cotidiana diseñados para personas con problemas de visión: teléfonos con teclas grandes, juegos de mesa adaptados, lupas luminosas, utilizar audiolibros…

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Problemas auditivos

Cerca de un cuarta parte de las personas de 65 a 74 años y hasta la mitad de los mayores de 75 años sufren una pérdida de audición lo suficientemente importante como para interferir con su actividad social.

El hecho de no ser capaz de oír o entender las conversaciones limita la posibilidad de utilizar el teléfono, afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales y produce un sentimiento de aislamiento.

Si no se le pone remedio con rapidez, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente. El mundo deja de tener interés, no se oye a los pájaros ni se perciben otros sonidos de la vida cotidiana.

Cansados de repetir, los interlocutores sólo se dirigen a un sordo cuando no tienen más remedio. Y éste, apurado por las molestias e incómodo por las bromas o burlas que puedan producirse, deja de pedir que le repitan las frases.

También se aísla porque se cansa de leer los labios. Al final, se niega a salir porque, en la calle, en medio del bullicio, se siente aún más aislado, y los espectáculos le agotan porque debe mantenerse en alerta constante.

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Así, acaba por vivir en su propio mundo, calla y se repliega. En ocasiones, por el contrario, se convierte en un charlatán que habla sin parar y que acaba irritando a quienes le rodean. O, lo que resulta más grave aún: si no se toman medidas a tiempo (uso de un audífono), puede que quede alterado el propio mecanismo de comprensión de los sonidos, con lo que la amplificación de los mismos con un aparato no tendrá efectos satisfactorios.

Debido a la imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas («hablan mal de mí», «me insultan»…) que pueden derivar en el desarrollo de personalidades débiles, en delirios y otros problemas graves.

La falta de audición en la persona mayor puede ser debida a diferentes problemas, algunos de los cuales pueden tener tratamiento. La causa más común de pérdida de audición en la población mayor es la llamada presbiacusia, es decir, la disminución auditiva debida al propio proceso de envejecimiento caracterizada por una otoesclerosis.

No obstante, el envejecimiento no es sinónimo de sordera. Sí es cierto que el oído sufre una serie de cambios asociados con el envejecimiento que comportan unas modificaciones auditivas, pero nunca una sordera, por lo que ante cualquier problema de audición se recomienda acudir al médico especialista, el otorrinolaringólogo, para un estudio y valoración de las causas que motivan la pérdida de audición.

Según la causa, así será el tratamiento, pero nunca debe de ser el de la resignación y el de la creencia errónea de que es algo natural con la edad.

La tecnología actual pone a nuestra disposición los mejores avances en audioprótesis; audífonos que pasan totalmente inadvertidos y que se adaptan a nuestro nivel de audición.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala audición

Hay actitudes muy sencillas que favorecen enormemente la comunicación con una persona con dificultades de oído y que la ayudarán a salir de su aislamiento:

  • Antes de hablarle, llamar su atención
  • Vigilar que no haya obstáculos entre el rostro del interlocutor y el suyo
  • Mirar a la persona de frente
  • Procurar eliminar, en la medida de lo posible, los ruidos de fondo
  • Evitar comer, caminar o fumar cuando uno se dirige a la persona con dificultades de audición
  • Hablar con claridad y a ritmo medio
  • Gesticular para que las palabras sean más explícitas
  • Si una frase no se ha entendido bien, o lo parece, volver a enunciarla
  • Mostrarse tranquilo y ser paciente
  • En caso de mala comunicación, pedir a la persona con deficiencia auditiva que sugiera los medios para mejorarla.

 

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Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos

Las residencias de ancianos y centros de día están considerados como lugares donde las personas mayores reciben los cuidados y la atención que necesitan durante la última etapa de su vida.

No obstante, no siempre se ha tenido esta visión del ingreso de un padre, madre, tío, hermano, cónyuge o cualquier otro familiar en una residencia geriátrica. Hasta hace poco tiempo, las residencias de ancianos estaban consideradas como lugares donde se “aparcaba” o “abandonaba” al anciano que no se podía atender en casa.

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De vez en cuando, escuchamos alguna noticia negativa relacionada con personas mayores y residencias de ancianos. Son notícias que aun siendo precisamente eso, noticia por su excepcionalidad, pueden pintar en nuestra mente una idea totalmente falsa e injusta del trato y cuidados que se ofrecen en los centros geriátricos.

Gracias al trabajo de los profesionales, esta idea ha ido cambiando, y se ha podido comprobar que la convivencia y sociabilización dentro de una residencia permite aumentar la esperanza de vida.

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Motivos por los que algunos tienen sentimientos de culpa

El sentimiento de culpa aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad.

Cuando alguien está atrapado en la culpa, no se gusta, se descalifica, se tortura y se siente incapaz de tomar las riendas de su vida.

Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. Usted puede sentir que ha dejado a la persona, o que debería haberse hecho cargo por más tiempo.

Es posible que haya prometido previamente a la persona que usted siempre iba cuidar de ella en su casa y ahora se siente obligada a romper esa promesa.

Recuerde que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.

Puede ser de ayuda hablar con otros cuidadores en un grupo de apoyo, pero no deje que otros que todavía están cuidando en casa influyan en su sentimiento de culpa. La situación de cada persona es diferente y, al igual que en otros ámbitos de la vida, no debemos compararnos con otras personas.

Nunca olvidaré el día que tuve que dejar a mi mamá en un hogar de cuidado durante la primera etapa de su Alzheimer cuando todavía no cumplía los 70 años. Era la residente más joven.

Todavía me despierto por las noches con la culpa de haberla dejado mientras imploraba “Pero si yo soy tu mamá…” y yo me alejaba del oeste de Gales rumbo a mi esposo e hijos en Londres.

Aún recuerdo las cuatro horas que pasé en el auto, con el rostro inundado de lágrimas.

Mi padre me había dicho que no podía cuidar de ella y yo lo odiaba por eso. Lo que no sabíamos entonces era que él también estaba en las primeras etapas del Alzheimer.

(Testimonio de Fiona Phillips)

Es habitual que en los casos en la que la persona ingresa en la residencia con una actitud poco colaboradora o incluso en contra de su voluntad, las dudas y los sentimientos de culpa se hacen aun mayores. Este tipo de situaciones son habituales en cuadros de demencia y alzheimer, especialmente en sus fases más precoces.

En casos como el anterior, se inicia una lucha entre lo que nos dicta la razón (el enfermo necesita cuidados profesionales y estará mejor atendido)  y lo que sentimos (que no somos buenos hijos, por ejemplo).

Si bien ese tipo de sentimientos no son fáciles de erradicar, especialmente cuando el residente no está de acuerdo con la nueva situación, o cuando intenta chantajear emocionalmente al hasta ahora cuidador, sí que podemos esforzarnos por actuar de tal modo que la experiencia sea lo menos traumática posible e incluso agradable. ¿Qué podemos hacer?

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El ingreso no significa abandono

El traslado a una residencia no tiene por qué significar que usted renuncia a su papel de cuidador por completo, a menos que esto sea lo que quiere; es sólo una forma diferente de cuidar. Su participación aún puede ser muy importante.

Algunos cuidadores sienten que la atención residencial les ayuda a tener una mejor relación con la persona, ya que su tiempo juntos puede ser más especial, menos estresante y más como lo que solía ser antes de que llegase la constante preocupación sobre aspectos prácticos del cuidado.

Entrar en un centro es, sin embargo, un momento de transición; puede llevar a la persona y a su cuidador un tiempo para asentarse y acostumbrarse al cambio.

Lógicamente llevar al mayor a una residencia no significa que los familiares se vayan a desatender de su ser querido. Lejos de eso, es cuando más cercanía debe de haber entre el nuevo residente y los familiares.

Las residencias hacen mucho hincapié sobre el papel que juegan los familiares en la adaptación del nuevo residente en la fase de ingreso y adaptación.

importancia de visitar a familiares en residencias de ancianos

El principal objetivo que persiguen las residencias es que el acompañamiento familiar en las fases de preingreso, ingreso y adaptación de un nuevo residente al centro sea fundamental para lograr su plena integración, sin sentir un cambio demasiado brusco en su vida y mucho menos que sienta que lo están apartando de su grupo familiar.

Independientemente de nuestras circunstancias y de cómo nos sentimos nosotros y el residente ante la nueva situación, será bueno tener  en cuenta algunos de los principales beneficios de ser atendido en una residencia.

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Beneficios de ser atendido en una residencia

Sociabilización

En una residencia los ancianos se relacionan entre ellos, crean amistades, salen juntos a pasear, juegan a juegos de mesa, e incluso se visitan dentro de las habitaciones.

Un informe sobre envejecimiento activo recoge que el 60% las personas con más de 85 años presenta dificultades al caminar o al vestirse, esto provoca que no salgan a la calle, provocando una reclusión perjudicial para la salud mental.

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Estimulación cerebral

La estancia en un centro activa necesariamente la mente de sus residentes con actividades y talleres programadas por los psicólogos o educadores sociales del centro.

Aprenderse los nombres del resto de residentes o ir caminando a otras plantas, practicar gimnasia suave o caminar por los jardines del centro, son actividades diarias que les ayuda a mantenerse mentalmente y físicamente activos.

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Dieta equilibrada

Los ancianos con demencia o pérdidas de memoria empiezan a tener problemas para cocinar en casa y acaban comiendo incorrectamente. En la residencia se consigue que establezcan una dieta sana y equilibrada, observándose grandes mejorías en su aspecto físico y anímico gracias al aporte correcto de los nutrientes.

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Mejor Salud

Actualmente los mayores de 65 años representan cerca del 42% de las altas hospitalarias en nuestro país, un dato que se reduce cuando las personas mayores viven en una residencia al estar controlados por un equipo médico permanente.

Por otro lado los olvidos de los ancianos sobre la toma de la medicación o las sobredosis de medicación no se dan en una residencia. Los medicamentos se guardan en la farmacia del centro y enfermería se encarga de repartirlos a las horas convenidas. También se supervisa que el residente se tome la medicación, dándola en boca o triturándola si es necesario.

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En resumen podemos decir que gracias al impagable trabajo de los profesionales que atienden a nuestros mayores en las residencias, estos están bien cuidados y atendidos, obteniendo una serie de beneficios de sociabilizar con el resto de residentes, de participar en actividades adaptadas a sus circunstancias, recibiendo una dieta equilibrada y adaptada, manteniendo un control exhaustivo en la toma de medicación y en definitiva, obteniendo una mejoría en su calidad de vida.

Y por otro lado, podemos hacer mucho de nuestra parte al participar de manera activa en ayudar al residente en su nueva situación que, tengamos en cuenta, le costará un tiempo adaptarse a ella. Nuestras llamadas y visitas regulares seguramente reforzarán la idea en el residente de que es un ser muy amado y querido por nosotros.

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catala

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