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La depresión en la tercera edad

La depresión es un trastorno de primer orden en cuanto a frecuencia y trascendencia dentro de las enfermedades que aquejan preferentemente a los ancianos.

La existencia de tratamientos eficaces que pueden mejorar la calidad de vida de quienes padecen este trastorno, obliga a prestar especial atención a este problema.

 

¿Qué es la depresión?

El concepto de depresión no es extraño por su difusión fuera de la practica médica. Sin embargo es necesario puntualizar que los síntomas depresivos pueden formar una variada constelación de manifestaciones que incluyen síntomas psíquicos y corporales.

Entre los primeros se encuentran síntomas afectivos consistentes en una alteración del humor entendido como alteración del estado de ánimo. Es el ánimo depresivo o tristeza vital.

Otros síntomas de esta esfera afectan a la pérdida de interés por las cosas así como a la capacidad para disfrutar. Constituyen el núcleo central de la depresión y se acompañan de una disminución de la vitalidad con alteración de la actividad laboral y social del individuo.

En esta esfera pueden existir otros síntomas como ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, ideas de suicidio…

Sin embargo en la depresión existen síntomas corporales o somáticos siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía.

Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano.

 

¿Qué predispone al anciano a estar deprimido?

En la vejez concurren una serie de factores de diversa índole que pueden favorecer la aparición de este trastorno. Entre ellos se encuentran:

Pérdida de salud que acontece con la edad. En muchas ocasiones ésta pérdida de salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía.

Presencia de enfermedades crónicas, pérdidas de familiares, amigos y seres queridos en ocasiones acompañadas de reacciones de duelo patológicas.

Merma de la capacidad económica.

Pérdida de roles en el seno de la familia con la salida de los hijos y un papel menor del abuelo dentro de la misma.

Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en la actividad y relaciones sociales.

Factores biológicos presentes, aunque no suficientes para la depresión. Entre ellos se han implicado cambios en la estructura cerebral, neurotransmisión, sistemas hormonales. Se ha postulado que pudieran ser un factor de vulnerabilidad.

A pesar de ello el envejecimiento no es sinónimo de depresión. No se deben confundir el envejecimiento normal con la presencia de una enfermedad por más que en ocasiones estén presentes una mayor introversión, reiteración y presencia del pasado en algunos ancianos.

Es decir, ni todos los ancianos están deprimidos ni los síntomas de una depresión cuando aparecen en una anciano, son “normales” para su edad.

 

¿Por qué es importante la depresión en esta edad?

En primer lugar por su frecuencia que es muy alta. Se calcula que hasta un 30% de los mayores de 65 años padece alguna de las diversas formas de depresión.

Esta aseveración tiene sin embargo muchas matizaciones, todas ellas tomadas con precaución derivada de los problemas metodológicos de los estudios.

Se sabe que la depresión severa o depresión mayor es menos frecuente en el anciano que en el adulto joven. Afectaría al 1-2% de los mayores de 65 años y supondría un cuarto de todas las depresiones mayores.

Existen argumentos por parte de algunos autores en contra de la anterior afirmación, dando una posible explicación a esta diferencia en un menor diagnóstico de la depresión del mayor.

Esto se debería a varios factores como la presencia de deterioro cognitivo o una expresión de los síntomas de forma diferente en el anciano, con una menor expresión de tristeza y más presencia de síntomas somáticos o corporales.

Esto supondría que los estrictos listados de criterios con los que se hacen los diagnósticos estén poco adaptados a la forma de la depresión en el anciano.

En cambio la frecuencia es muy alta si se estudian depresiones menores y presencia de síntomas o estados depresivos que no cumplen suficientemente criterios para considerarlos depresión. La presencia de estas depresiones menores o depresiones subclínicas se calcula en un 15%-20% de las personas mayores.

Estas cifras que hemos dado son válidas para ancianos que viven en la comunidad. Si se analiza la frecuencia del trastorno depresivo en ancianos hospitalizados o institucionalizados en residencias, los porcentajes son aún mayores.

Se calcula que la presencia de depresión mayor en ancianos hospitalizados con enfermedad aguda llega al 10%.

En estos mismos los trastornos depresivos menores alcanzarían el 30%. En residencias los porcentajes se disparan hasta 15% y 30-35% respectivamente.

En segundo lugar por su trascendencia. La presencia de este trastorno pasa factura en el adulto mayor no sólo como fuente de sufrimiento individual afectando a su calidad de vida.

Se sabe que la depresión complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como el ictus; induce un mayor riesgo de suicidio y se traduce en una mayor mortalidad por cualquier causa en quien lo padece.

Son observaciones constatadas tanto a nivel comunitario como en instituciones geriátricas.

Esta mayor mortalidad se ha atribuido a varios factores:

  • Menor soporte social del anciano deprimido.
  • Peor estado nutricional por pérdida del apetito.
  • Posibles efectos de la depresión sobre el sistema inmunitario
  • Pérdida de motivación para el autocuidado

 

¿Qué peculiaridades tiene la depresión en el anciano?

La depresión senil tiene una serie de rasgos diferenciadores. Algunos de ellos ya los hemos introducido previamente:
Menor presencia de síntomas psíquicos como la tristeza y mayor presencia de síntomas corporales.

La tristeza y el bajo estado de ánimo pueden manifestarse en el anciano como apatía y retracción y pueden ser predominantes quejas somáticas diversas que obligan a realizar pruebas en busca de otras enfermedades que por otra parte son muy frecuentes en estas edades. A veces estos síntomas corporales constituyen verdaderos cuadros hipocondríacos con temores y preocupaciones excesivas.

Algunos síntomas propios de la depresión pueden ser muy llamativos en el anciano como la pérdida de peso por falta de apetito, el insomnio o la aparición de ideas delirantes y en los cuadros graves verdaderos cuadros psicóticos.

Los ancianos con mucha frecuencia padecen enfermedades en las que la depresión puede ser un síntoma más de dicha enfermedad. En este caso la depresión en sí no es la enfermedad principal sino un síntoma acompañante. Son las llamadas depresiones somatógenas que complican procesos como la enfermedad de Parkinson, el ictus o Accidente Cerebrovascular, enfermedades del Tiroides como el Hipertiroidismo o el Hipotiroidismo, trastornos del metabolismo o algunos tipos de cáncer.

Por el mismo motivo los ancianos consumen en ocasiones fármacos para tratar sus enfermedades pero que pueden inducir la aparición de depresión días o semanas después de su uso. Entre estos están medicamentos como corticoides, antiparkinsonianos, algunos antihipertensivos, etc.

En la depresión grave del anciano es más frecuente el suicidio que en los jóvenes.

En ocasiones la depresión se presenta como deterioro cognitivo, es decir como un menor rendimiento intelectual con quejas de pérdida de memoria que obliga a los clínicos a diferenciar estas depresiones de una verdadera demencia.

Diferenciar depresión de demencia: Un reto en ocasiones difícil.Trataremos de describir un problema médico muy frecuente con el que se encuentra el Geriatra en su práctica clínica. Como hemos comentado la depresión en el mayor, en ocasiones, se presenta y se manifiesta como un declinar cognitivo con quejas de pérdida de memoria y aprendizaje, confundiéndose con una Demencia.

Por otra parte la Enfermedad de Alzheimer, que es la demencia más frecuente, puede acompañarse en fases iniciales e intermedias de síntomas depresivos (30%) e incluso completar una depresión que merme aún mas su rendimiento cognitivo.

El problema para entender estas dos situaciones se complica aún más si tenemos en cuenta que cuando se han seguido en el tiempo a los pacientes que han desarrollado una depresión en la vejez manifestada con peor rendimiento cognitivo han desarrollado con mas frecuencia una Demencia.

A la depresión que por sus quejas de memoria se confundía con una Demencia sin que esta existiese, se la llamó clásicamente pseudodemencia por ser una falsa demencia. Afortunadamente disponemos de algunos aspectos diferenciales entre los dos trastornos a la hora de preguntar al paciente y a la familia para diferenciarlos.

  

¿Cómo se diagnostica la depresión?

El diagnóstico de la depresión es un diagnostico clínico, es decir se basa en el interrogatorio y en la historia clínica detectándose los síntomas psíquicos y somáticos antes referidos.

Para ello y especialmente en el anciano es necesario un alto índice de sospecha para reconocerla por algunos rasgos especiales que se han comentado y por la tendencia a confundirla como algo propio del envejecimiento.

Existen algunos instrumentos en forma de cuestionarios o escalas que sirven como instrumentos de detección y seguimiento, útiles en el anciano pero que por sí solos no proporcionan el diagnóstico. Son una ayuda y no deben sustituir el interrogatorio clínico.

 

¿Cómo se trata la depresión?

Para tratar la depresión se utilizan dos herramientas fundamentales: la psicoterapia y los fármacos antidepresivos. En casos especiales, seleccionados por su gravedad o sintomatología, aún tiene un papel en la depresión senil la terapia electroconvulsiva.

La psicoterapia en muy diversas formas: terapias cognitivas, interpersonales, psicodinámicas…, tiene un papel importante en la depresión en el anciano en casos de intensidad leve o moderada dentro de un abordaje integral del problema.

Dentro de la psicoterapia se suele animar a los ancianos a realizar actividades con otras personas del mismo grupo de edad con los que puedan intercambiar opiniones y que puedan llegar a tener sentimientos similares.

Este tipo de actividades son de lo más variadas y se adaptan a los gustos de cada persona, pudiendo ir desde viajes con el Imserso, partidas de cartas o partidas de dominó para 2 jugadores. Todo vale con tal de que el anciano se relacione y comparta sus preocupaciones.

Los fármacos antidepresivos con un importante desarrollo en los últimos años, son conocidos desde hace décadas por su alta eficacia en el tratamiento de la depresión. El anciano presenta algunas peculiaridades cuando usamos estos fármacos.

Por una parte son extremadamente sensibles a algunos efectos secundarios presentes en varios de estos fármacos: efectos con empeoramiento cognitivo, efectos cardiovasculares, sedación etc…

Por otra parte pueden presentar varias enfermedades acompañando a la depresión, que sean sensibles a estos efectos adversos: cardiopatía, demencia. Además pueden estar tomando otros fármacos que interaccionen de forma adversa con el antidepresivo.

Por todas estas razones la elección del antidepresivo debe ser ajustada a las características del paciente por parte del Médico de Atención Primaria, Psiquiatra o Geriatra; que son los profesionales más frecuentemente implicados en estas situaciones.

 

La importancia del ejercicio en mayores con diabetes

Nadie pone en duda de que el ejercicio es bueno para todos. Numerosos estudios realizados en todo el mundo demuestran que las personas de todas las edades obtienen grandes beneficios del ejercicio y la actividad física.

¿Sabías, por ejemplo, que hay una pérdida de masa muscular del 15% cada 10 años después de los 50 años y del 30% cada 10 años después de los 70 años? A través de realizar regularmente ejercicios de fuerza, el tejido muscular y la fuerza se pueden restaurar.

Es más, el ejercicio también hace más fácil para los adultos mayores el mantener la fuerza, el equilibrio, la flexibilidad y resistencia, todo esto es importante para que se mantengan saludables e independientes.

En el caso de los adultos mayores que padecen diabetes, llevar a cabo actividades que comporten ejercicio físico es todavía más importante.

El ejercicio aumenta la sensibilidad a la insulina y puede acrecentar la respuesta de los medicamentos.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Hay programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

 

Tipos de ejercicio

Existen diferentes ejercicios para cada parte del cuerpo y el primer paso para determinar una rutina de ejercicio es consultar al médico.

Una vez que el médico da el visto bueno, el programa de ejercicio de la persona debe incluir ejercicios de equilibrio ya que existe evidencia de que esto puede ayudar a reducir el riesgo de caídas.

Ejercicios de equilibrio

Ejercicios de equilibrio como elevar la pierna hacia un lado y flexiones de rodilla pueden reducir el riesgo de caídas. Existe una gran variedad de ejercicios de equilibrio que se pueden realizar, como algunos que fortalecen las piernas y otros como pararse en un solo pie que mejoran el equilibrio. 

Ejercicios de flexibilidad

Ejercicios de flexibilidad o estiramientos, hacen que los músculos y los tejidos mantengan la estructura del cuerpo en su lugar. Con el tiempo, un entrenamiento de flexibilidad regular pueden ayudar a mantener el cuerpo más ágil, acelerar la cicatrización de heridas y prevenir futuras caídas y heridas.

Ejercicios de fuerza o resistencia

Ejercicios de fuerza o resistencia, utilizando peso ligero, como las bandas elásticas no solo ayudan a fortalecer los músculos de piernas y brazos, sino que también aumentan el equilibrio. Sin embargo, este tipo de ejercicios no son indicados para pacientes con diabetes que presentan retinopatía (enfermedad de los ojos).

Ejercicios de resistencia, como caminar, trotar, nadar, mejoran la salud del corazón, pulmones y el sistema circulatorio. Ayudan a prevenir cáncer de colon, enfermedades del corazón, osteoporosis, infartos y otros padecimientos.

El éxito de un programa de ejercicio es aquel que se lleva a cabo regularmente, como una rutina.

 

El papel de los cuidadores

En el caso de personas con diabetes que residan en una residencia geriátrica, es vital que en esta se lleven a cabo, de forma regular y organizada, actividades y programas específicos de ejercicios.

En el centro se debe supervisar la actividad de cada residente y adaptarla a sus necesidades. Es común que algunos mayores, ya sea por falta de hábito, por falta de motivación o también debido a padecer alguna otra enfermedad que les limita física o psíquicamente, tiendan al sedentarismo.

Aquí juega un papel importante el nivel de compromiso de los profesionales de una residencia de ancianos. Es vital que se supervise regularmente los hábitos del residente y procurar que participe dentro de sus posibilidades en actividades programadas de forma regular.

En Residència Sol i Natura entendemos la importancia de este asunto y nos lo tomamos muy en serio.

Tanto nuestras instalaciones como nuestros profesionales están orientados al bienestar del residente. Están programadas actividades para nuestros mayores, las adaptamos a las necesidades de cada individuo, hacemos un seguimiento personalizado y nos interesamos en la evolución de cada residente.

Dependiendo de las condiciones del residente, algunos ejercicios se deben descartar. Pacientes con diabetes con complicaciones en los ojos (retinopatía) deben de eliminar o limitar los ejercicios de resistencia (pesas, máquinas con bandas elásticas) ya que este tipo de ejercicios pueden elevar la presión arterial y causar ceguera.

 

Parkinson: síntomas y cómo tratar al enfermo

La enfermedad de Parkinson la padece el 1% de las personas mayores de 60 años.

Es una enfermedad degenerativa consistente en la muerte de las neuronas dopaminérgicas, productoras de la dopamina, necesaria para una adecuada coordinación de los movimientos.

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La causa de la enfermedad continúa siendo desconocida, aunque se cree que existe cierto patrón hereditario familiar.

 

Síntomas de la enfermedad de Parkinson

El Parkinson se caracteriza por: la rigidez progresiva, la lentitud primero y luego la falta de movimientos (de brazos, en la escritura, desaparece el parpadeo, etc.), la postura encorvada y el temblor.

El temblor es el signo más conocido de la enfermedad de Parkinson. Pero no todas las personas mayores que tiemblan tienen enfermedad de Parkinson; un temblor muy frecuente es el temblor senil, que es hereditario y que no se mantiene estable, a no ser que se acompañe del resto de los síntomas del Parkinson.

En los enfermos con Parkinson se ralentizan todos los movimientos y la expresión verbal, lo que conduce a pensar que también sus capacidades mentales están alteradas y que sufren demencia. Pero no es así.

El paciente conserva su lucidez, pero es prisionero de su cuerpo, de un implacable engranaje que alterna los momentos de lentitud y rigidez con otros normales.

Se trata de un ritmo irregular, despiadado para el enfermo y difícilmente soportable para su entorno, al que le cuesta a veces comprenderlo.

El enfermo con Parkinson pasa por momentos en los que se encuentra normal con otros en los que presenta mucho temblor o mucha lentitud, como si llevara toda una armadura encima que le impide moverse y expresarse con normalidad.

El rostro puede ser amímico, sin expresión, lo que no significa que el paciente no entienda, sienta y comprenda todo lo que ocurre a su alrededor.

Es importante acudir cuanto antes al médico especialista y seguir de manera rigurosa el tratamiento médico prescrito, pues en esta enfermedad es muy eficaz, y comentar al médico todas las incidencias que aparezcan con su administración: cuándo parece que deja de hacer efecto, si se presentan otros síntomas o movimientos raros, etc., pues actualmente existen diferentes fármacos que son efectivos en este trastorno.

 

Recomendaciones para enfermos con Parkinson

Algunas recomendaciones útiles para los familiares de personas mayores con Parkinson son las siguientes:

Realizar ejercicio, ya que en combinación con la medicación mejora la calidad de vida gracias a la disminución de la tensión y la rigidez del enfermo. Hay que animarle por todos los medios a que camine cada día.

Valorar positivamente las fuerzas y capacidades del enfermo.

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– No insistir en aquello que no puede hacer.

Implicarle en la toma de cualquier decisión que le concierna.

Evitar a toda costa estresarle más dando muestras de impaciencia.

Distribuir las tareas y actividades del día en etapas cortas y sucesivas a fin de facilitar su realización.

No hay que olvidar que una persona con Parkinson no puede hacer dos cosas a la vez y que necesita ejecutar cada movimiento de forma consciente.

Favorecer el descanso. Las tareas cotidianas exigen más tiempo y energía a un enfermo con Parkinson que a cualquier otra persona. Por eso es esencial que descanse y recupere la fuerza necesaria para llevarlas a cabo. Por su parte, la familia debe ser respetuosa cuando el enfermo se muestre cansado, algo que sucede con rapidez.

– Reservar los momentos en que el medicamento produce su máximo efecto para la realización de las actividades que requieran más movimientos, como la higiene personal o el vestirse.

– Tener en cuenta que los problemas de incontinencia son debidos a la lentitud con que la persona enferma se dirige al baño, que debe estar lo más próximo posible a la habitación donde el enfermo pasa la mayor parte del tiempo.

– Si el paciente tiene dificultades con el lenguaje, cosa frecuente, pero que no ocurre en todos los casos, hay que mirarle de frente y prestarle toda la atención, dándole tiempo para pronunciar las frases, sin interrumpirle ni hablar por él.

Hay que indicarle con un movimiento de la cabeza que se le ha entendido o, en caso de duda, repetirle lo que se cree haber entendido y preguntarle si era eso lo que quería decir.

 

Plazas públicas gratuitas para centro de día disponibles

En este momento tenemos disponibles de algunas plazas públicas gratuitas para centro de día.

Las plazas son gratuitas para usuarios con cualquier grado de dependencia (I, II y III)

Nuestro centro de día ofrece los siguientes servicios que podemos dividir en:

 

SERVICIOS DE CARÁCTER BÁSICO

Seguimiento y prevención de las alteraciones de la salud, a través de nuestro servicio médico y de enfermería.

Cocina propia, incluyendo las siguientes comidas: desayuno, comida y merienda, con cena opcional. El equipo de nutrición, dietista y responsable higiénico sanitàrio, innovan para que la dieta no sólo sea sana y equilibrada, sino también variada, sabrosa y nutritiva. Nos adaptamos a las diferentes intolerancias y tipos de dietas, ofrecemos un menú nutritivo con el correcto aporte calórico necesario. Además, los menús se van alternando cada 6 semanas, y adaptando a la estación del tiempo en que nos encontremos.

Atención personal en las actividades de la vida diária:

  • Higiene personal, y una ducha semanal, con opción a ducha diaria.
  • Readaptación funcional y social.

Fomentamos la recuperación de las hábitos y la autonomía a través del equipo de técnicos, entre los que se incluye, el fisioterapeuta, el terapeuta ocupacional, la educadora social y el psicólogo, cuyas funciones favorecen la recuperación y el mantenimiento de la autonomía personal y social.

 

SERVICIOS COMPLEMENTARIOS

  • Fomentamos la dinamización sociocultural (celebraciones de cumpleaños, fiestas, cinefórum…)
  • Llevamos a cabo activitades lúdicas y de ocio, como excursiones.
  • Soporte personal, social y familiar.
  • Celebración de misas y eucaristías.
  • Horticultura y terapia con animales.

 

SERVICIOS DE CARÁCTER OPCIONAL

  • Peluquería.
  • Podología.
  • Transporte adaptado de la Cruz Roja.

 


 

Las fracturas de cadera en la tercera edad

Las fracturas de la región de la cadera son una lesión bastante frecuente entre nuestros mayores se corresponden con las que se producen en la parte superior del fémur, y junto con las de la muñeca y columna, son las más frecuentes en las personas mayores.

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¿Por qué se producen las fracturas de cadera en las personas mayores?

Se estima que en la tercera década de la vida, se llega al máximo nivel de masa ósea, y de ahí en adelante se pierde paulatinamente hasta la menopausia, en el caso de las mujeres, y sobre los 70 años en los hombres, donde la pérdida es mucho más acentuada.

De tal modo que mientras mayor sea la reserva, mas resistencia tendrá el hueso al momento de recibir golpes.

Lo anterior está vinculado de alguna forma con la osteoporosis, que es una enfermedad propia de adultos mayores, en la que se pierde el calcio de los huesos, haciéndolos más frágiles y más propensos a romperse.

Sin embargo, en las personas mayores, tan importante como la calidad del hueso son los golpes que se le den a éste. Por eso las caídas, son un factor esencial en el riesgo de padecer fracturas de cadera.

Los ancianos se caen por muchas causas, desde las alteraciones para caminar, la visión defectuosa, la falta de equilibrio, etc. hasta los accidentes producto de barreras arquitectónicas como las escaleras sin pasamanos y sin antideslizantes, los desniveles de la acera, la falta de iluminación nocturna para concurrir al servicio higiénico, etc.

Una de las principales diferencias de los ancianos respecto de los más jóvenes, es que basta una pequeña cantidad de energía para que, en el contexto de un hueso poco resistente, se produzca la fractura.

 

¿Quiénes tienen más riesgos de fracturarse?

Se estima que las mujeres tienen 3 veces más fracturas que los hombres, siendo el sexo femenino por lo tanto más propenso.También influye la raza, pues la gente de raza negra tiene mayor resistencia que la de raza blanca.

La edad, como ya se había expuesto, es un claro elemento asociado a la presentación de fracturas pues a mayor edad mayor es mayor el riesgo, y esto es para ambos sexos.

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Además existe una mayor susceptibilidad para fracturarse en mujeres que tengan antecedentes familiares de fracturas de cadera. La osteoporosis y las caídas de cualquier origen, completan el círculo en la producción de fracturas.

 

¿Cuál es el tratamiento de una fractura de cadera?

Habitualmente, y salvo justificadas excepciones, el tratamiento es quirúrgico, y lo realiza el cirujano ortopedista, también llamado traumatólogo.

Según el tipo de fractura, su localización y por cierto, el estado del enfermo y su situación funcional previa, se llevará a cabo un tipo determinado de intervención quirúrgica, a fin de dar solidez y estabilidad a esa articulación y para lograr recuperar la marcha del paciente.

De acuerdo a las mencionadas características se utilizarán diferentes tipos de técnicas para obtener el mejor rendimiento posible de esa articulación, ya sea con clavos, placas, prótesis parciales o totales de la cadera.

 

¿Cómo se puede prevenir la fractura de cadera?

Se sabe que las posibilidades de sufrir caídas aumenta con la edad, de tal manera que un 30% de la población mayor de 75 años se cae al menos una vez al año, y este porcentaje asciende al 50% en los mayores de 80.

Como la mayor parte del tiempo los ancianos lo pasan en su domicilio o en las instituciones en las que están acogidos, es en estos lugares en donde habitualmente se producen las caídas, y, dentro de ellos, en los dormitorios, salas de estar y aseos.

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En estos lugares conviene establecer sistemas o dispositivos tales como pasamanos o barandillas y asientos especiales.

Las alfombras son un peligro para las personas de edad avanzada y muchas de las caídas se producen al tropezar o resbalar sobre ellas por lo que deberían de estar bien adheridas al suelo o, mejor aún, prescindir de ellas.

Otro riesgo es la existencia de zonas oscuras, por lo que es necesario una buena iluminación en los lugares por donde se mueven los ancianos, máxime cuando con mucha frecuencia presentan disminución de la agudeza visual.

También es importante la puesta en marcha de medidas de coordinación y la programación de ejercicios controlados, así como el uso de sistemas protectores (almohadillas) para que actúen como amortiguadores en el caso de caídas.

Hay que tener precaución con la toma de medicamentos sedantes y con todos aquellos que causan hipotensión ortostática en los pacientes que tengan predisposición a las caídas. Se evitará el consumo de alcohol y tabaco, ya que ambos son favorecedores de la osteoporosis.

 

A modo de resumen, podemos concluir que nos encontramos ante un proceso de enorme trascendencia por su frecuencia, coste, gravedad y potencial incapacitante.

Por tanto es necesario mantener y mejorar nuestros esfuerzos en su prevención, reparación y recuperación, para que abordemos el problema en todos sus frentes.

 

Cómo mantener en forma la memoria en la tercera edad.

La memoria es un proceso mediante el cual se puede, registrar, codificar, almacenar, acceder y recuperar la información que en la práctica cotidiana se va adquiriendo.

Por lo tanto constituye para las personas una guía que fundamenta su conducta. La pérdida de la memoria es una amenaza siempre presente para los adultos mayores.

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A continuación vamos a considerar los factores más frecuentes en los que se da pérdida de memoria y cómo estimular nuestro cerebro mediante ciertas actividades mentales y físicas.

 

Factores que influyen en la pérdida de memoria

La angustia y la depresión, el aislamiento y la inactividad.
Medicamentos que pueden interferir con la atención y eventualmente, producir daños cerebrales.
Enfermedades cerebrales: Alzheimer, lesiones vasculares o de otro tipo.
La memoria es como un músculo. Se debilita si uno no lo cuida y ejercita, entonces lo mejor que se puede hacer es entrenarla ya que la estimulación mental tiene como fin frenar o retrasar el deterioro que llega con la edad.

 

¿Qué es la estimulación cognitiva?

La estimulación cognitiva consiste en trabajar las capacidades cognitivas como son la memoria, el cálculo, la atención, el razonamiento…mediante ejercicios escritos u orales.

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El principal objetivo de la estimulación cognitiva es mejorar o bien mantener dichas capacidades.

Para mantener nuestras capacidades cognitivas en forma debemos ejercitarlas todos los días. 

Actualmente es el principal tratamiento para relentizar en la medida de lo posible la evolución de las demencias.

Todas las personas mayores aunque no tengan demencia, ni perdidas de memoria deben trabajar estas capacidades, bien mediante ejercicios de estimulación cognitiva o bien jugando a juegos nuevos, aprendiendo idiomas, a tocar instrumentos, algún deporte… ya que con la edad el cerebro también pierde capacidad.

 

 

Actividades para ejercitar la mente

Ser constantes y realizar una serie de actividades de lo que llamamos gimnasia cerebral es clave. Ésta consiste en una serie de movimientos corporales sencillos que activan o interconectan ambos hemisferios del cerebro, logrando las condiciones óptimas para realizar otras actividades y así mantener el cerebro activo, ya que se ha demostrado que cuanto más se utilice este órgano, más disminuye la posibilidad que se presenten fallos en sus funciones.

Estos movimientos y actividades ayudan a lograr la comunicación entre el cuerpo y el cerebro, lo que significa eliminar del organismo estrés y tensiones al mover la energía bloqueada y permitiendo que la energía fluya fácilmente por el complejo mente-cuerpo.

Estos sencillos “desafíos” o ejercicios pueden ser desde ducharse con los ojos cerrados a tratar de utilizar la mano contraria para realizar alguna actividad, leer en voz alta un texto o cambiar rutinas y aprender cosas nuevas.

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Con actividades tan sencillas como estas conseguiremos mantener un nivel constante de actividad intelectual y, por lo tanto, mejoramos nuestro estado de ánimo.

Si a esto le unimos un componente social, participar en talleres, ya sea la pintura y dibujo, por su capacidad de activar y mejorar la perspectiva del espacio y la creatividad, y otras actividades manuales, nos serán de mucha utilidad para mantener nuestra mente en forma y, además, podremos compartir nuestras vivencias e inquietudes con personas de la misma edad que tienen inquietudes, problemas o aficiones similares.

Cualquier forma de aprendizaje es ejercicio para la materia gris. En principio no importa lo que se aprenda; lo importante para un entrenamiento positivo es mantener la mente ocupada con unos conocimientos que le permitan repetir y memorizar ciertas materias de aprendizaje.

Estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

A menudo, los trabajos manuales u otros pasatiempos creativos ofrecen excelentes oportunidades de ampliar sus conocimientos y ejercitar sus capacidades mentales.

Sin embargo, también sirven los sudokus, los crucigramas, los juegos de palabras, el ajedrez u otros ejercicios mentales para mantener la agilidad de las células grises.

Por otro lado, los estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

Aumentan la imaginación espacial, las capacidades de orientación y concentración y la percepción corporal, y contribuyen a vivir de forma activa y a aprovechar su entorno de manera consciente y participativa, por no hablar de las numerosas ventajas que tienen para el sistema circulatorio, la resistencia y el riego sanguíneo.

Diagnóstico y cuidado de la piel en la tercera edad

Los trastornos cutáneos, son un problema frecuente en las personas de edad avanzada, considerándose que un 40%, y en algunos estudios hasta un 60%, de los ancianos presentan algún tipo de patología cutánea.

Esta distinta incidencia, está influenciada, porque muchas veces, los ancianos, consideran como normal en el envejecimiento la aparición de lesiones cutáneas y no las consultan.

 

¿Cuáles son estas enfermedades?

Existe una amplia variabilidad de problemas dermatológicos, que pueden afectar al anciano, con una amplia variabilidad en la expresión y con unas características típicas de cada enfermedad cutánea o sistémica:

  • Problemas cosméticos, como son las arrugas.
  • Problemas molestos como es el síntoma más frecuente en los ancianos, el prurito o sensación desagradable que produce el deseo de rascarse la piel para obtener alivio, que suele deberse a la piel seca o xerosis, empeorando por la noche, en invierno, con la baja humedad y altas temperaturas.
  • Problemas que pueden amenazar su salud, o afectar de manera adversa a su calidad de vida, como las neoplasias, infecciones, eczemas, reacciones secundarias a medicamentos.

 

¿Cómo se diagnostican las enfermedades cutáneas en el anciano?

Se diagnostican de la misma forma que en el joven, a través de:

  • Visión directa de la piel: En muchos casos, su médico de familia o su geriatra, a través del examen directo de la piel, podrá detectar y diagnosticar que tipo de enfermedad padece usted, atendiendo a cuatro características básicas en cualquier lesión cutánea: su distribución, tipo de lesión, forma y disposición.
  • Historia clínica detallada: Usted deberá responder a su médico, a las siguientes preguntas:
  • Dónde comenzaron, cómo se extendieron, cuánto duraron, cómo y con qué mejoran o empeoran, sus lesiones cutáneas.
  • Síntomas relacionados con la erupción, como prurito, escozor, dolor, entumecimiento, o generales como fiebre, malestar general, dolores articulares.
  • Tratamientos recientes o habituales.
  • Enfermedades cutáneas o sistémicas, anteriores o coexistentes.
  • Historia de alergias, exposición a agentes físicos o químicos.

Es fundamental, que usted se autoexplore la piel de todo el cuerpo, y acuda a su médico si observa, sobre todo, la aparición de las siguientes características en una lesión pigmentada, por el riesgo de ocultarse un melanoma: de la misma forma que en el joven, a través de:

  • Asimetría: una mitad es diferente a la otra.
  • Bordes Irregulares: terminaciones dentadas, desiguales o poco nítidas.
  • Cambio de Tamaño: un diámetro mayor de 6 mm.
  • Cambio de Color: pigmentación no uniforme, tonalidades marrones y negras, con toques rojos, violetas y blancos.
  • Cambio de Aspecto: descamación, supuración, sangrado, picor, variación de volumen, sensibilidad o dolor.

Por tanto las lesiones cutáneas del anciano, no deben ser catalogadas como banales por el solo hecho de su lenta evolución y / o aspecto benigno.

En caso de duda, su médico le remitirá al dermatólogo, quién considerará la conveniencia de realizar otras pruebas como es la biopsia cutánea, cuando: no sea posible establecer un diagnóstico preciso, no respondan las lesiones al tratamiento pautado por ser persistentes o resistentes, o bien, cuando se sospecha malignidad de las lesiones cutáneas.

 

¿Cómo cuidar la piel del anciano?

Fundamentalmente se basa en:

Cuidados Básicos de la piel:

  • Higiene correcta diaria con agua tibia. Utilizando jabones inodoros, de Ph neutro como los de avena, ya que quitan menos la grasa de la piel.
  • Secado correcto de la piel, sobre todo a nivel de los pliegues cutáneos, para evitar las maceraciones y aparición de infecciones como la candidiasis.
  • Los baños no deben ser prolongados, evitando el agua caliente.
  • Evitar ropas de lana o de poliéster que puedan ser irritantes.
  • Es necesario una correcta hidratación y nutrición.
  • Aplicar una loción hidratante pesada como el agua en aceite, o una crema emoliente sobre la superficie húmeda.
  • Cuidado con los medicamentos o la exposición a sustancias químicas. Evitar el alcohol y el tabaco.

Tratamientos específicos del envejecimiento cutáneo:

  • Cosméticos hidratantes, reafirmantes, y nutrientes, para mantener la hidratación y corregir déficits secretores, así como estimulantes del metabolismo celular.
  • Retinoides tópicos (peeling químico), que provocan una agresión controlada con el fin de eliminar la piel dañada y causar una regeneración a partir de los anejos.
  • Treíntoina: mejora la aspereza, la flacidez, arrugas finas, hiperpigmentación, léntigos solares y telangiectasias. Su mejoría comienza a los tres meses, y es máxima al año de aplicación.
  • Acido Glicólico: mejora las arrugas superficiales, hiperpigmentaciones, verrugas seborreicas, y queratosis actínicas.
  • Adapaleno.
  • Producen como efectos secundarios, enrojecimiento, blanqueamiento de la piel.
  • Lifting: despegamiento de la piel y estructuras subyacentes para eliminar la piel sobrante. Puede ocasionar hematomas, disminución de la sensibilidad, y cicatrices.
  • Tratamiento específico de las lesiones cutáneas, mediante fármacos, como esteroides en dermatitis, antibióticos en infecciones, o cirugía, crioterapia con nitrógeno líquido.
  • Prevención: La mejor curación es la prevención. Es esencial la fotoprotección, a través de los filtros solares, de aplicación tópica, que absorben la energía solar y la trasforman en energía calórica. Se debe adaptar el índice de protección al fototipo de piel del anciano. Este índice, indica el tiempo máximo que puede estar expuesto sin quemarse. Actualmente, se recomienda a partir de un índice a partir de 15-20.

 

Causas, efectos y tratamiento de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina. El afectado puede llegar a sentir una necesidad imperiosa y repentina de orinar pero es incapaz de retener la orina.

Los escapes también pueden producirse al estornudar, reír, realizar algún esfuerzo o ejercicio físico. Supone un problema higiénico, social y psíquico, ya que influye en la actividad cotidiana del enfermo y reduce su calidad de vida. (según DMedicina.com)

 

Causas frecuentes de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es un problema que si bien se asocia a la edad avanzada, esta no es por sí mismo motivo para padecerla.

No obstante, sí que se han observado algunos cambios asociados con la edad y la aparición de determinadas enfermedades que predisponen a su desarrollo.

Además de la edad, otros factores que influyen a la hora de padecer incontinencia urinaria son los antecedentes personales y las enfermedades que haya padecido o padezca el paciente, como son patologías neurológicas o enfermedades sistémicas con repercusión sobre el sistema nervioso central.

También influyen cualquier intervención que el paciente haya tenido y que haya afectado al tracto urinario, a la zona abdominal y de la pelvis, y a la columna vertebral.

Algunas de las intervenciones más comunes en este sentido son: uretrotomías, resección transuretral de póstrata, resección abdominoperineal de colon, histerectomías, laminectomías, etc.

También hay que tener en cuenta el plan de medicación del paciente, ya que algunos fármacos pueden tener entre los efectos secundarios desencadenar o agravar la incontinencia urinaria.

 

¿A quiénes afecta más?

Este trastorno ocurre tanto en hombre como en mujeres. Sin embargo, debido en parte a las tensiones físicas de la maternidad y a una disminución del estrógeno después de la menopausia, las mujeres sufren incontinencia con el doble de frecuencia que los hombres.

De hecho, se calcula que aproximadamente un 15% de los varones ancianos y un 30% de las mujeres padecen incontinencia.

En el caso de los hombres, la incontinencia de urgencia es la más frecuente y está caracterizada por la pérdida involuntaria de orina asociada con un intenso deseo de orinar.

Entre las mujeres, la más común es la incontinencia de esfuerzo. Se trata de pérdidas involuntarias de orina que se producen durante el ejercicio físico y ocurren cuando la presión intravesical supera a la presión uretral. Está asociada con la debilidad del suelo pélvico y se produce fundamentalmente durante el día.

 

Efectos en la vida diaria

Si el problema no se afronta a tiempo, puede derivar en efectos adversos que impactan significativamente en la calidad de vida de las personas que sufren incontinencia.

Algunos de los más habituales son desde problemas en la piel (maceración, úlceras cutáneas), infecciones urinarias de repetición y caídas (incontinencia nocturna), a problemas de aislamiento, depresión o dependencia, por ejemplo.

 

Buscar ayuda médica pronto

Una vez que se constata que existe el problema, es fundamental buscar asesoramiento médico. Pero no siempre se recurre a él por diferentes motivos- de hecho, sólo 1 de cada 3 afectados consulta sobre este tema al médico-.

La vergüenza, la pérdida de autoestima y considerar la incontinencia como un hecho inevitable del envejecimiento son los factores más frecuentemente asociados a la ocultación del problema.

Es un error suponer que no existe tratamiento.

No hablar con el médico sobre las pérdidas de orina cuando empiezan a ocurrir es un error, ya que en el 30-40% de los casos el tratamiento precoz recupera la continencia y en más de la mitad la mejoría que puede llegar a alcanzarse es notable.

 

Consejos para afrontar la incontinencia urinaria

Prevención

Existen algunas medidas que pueden ayudar a retrasar la aparición de la incontinencia de orina así como prevenirla. Algunos de los consejos que pueden tener en cuenta son:

  • Seguir una dieta equilibrada, como la mediterránea. Evitar el sobrepeso y la obesidad, de esta forma se reducirá la presión intraabdominal.
  • Reducir el consumo de bebidas como el café, los refrescos y bebidas carbonatadas, el alcohol y los cítricos, entre otros.
  • Evitar las comidas picantes.
  • Aumentar el consumo de fibra para evitar el estreñimiento.
  • Reducir el consumo de productos y medicamentos diuréticos, así tendrá menos ganas de orinar.
  • Evitar beber entre cuatro y dos horas antes de irse a dormir.
  • No empujar al orinar. De esta manera evitará que se dañen los músculos del suelo pélvico.
  • No ingerir bebidas antes de realizar ejercicio físico.

Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos situados alrededor de la uretra y del suelo pélvico, cuando estos músculos están debilitados hay más probabilidades de que aparezca la incontinencia urinaria.

Estos ejercicios consisten en la realización de una serie de contracciones y relajaciones que se repiten a lo largo del día de forma constante.

Otras medidas higiénico-dietéticas

Por otro lado, los médicos apuntan a que existen medidas higiénico-dietéticas básicas que facilitan el manejo de la incontinencia.

Se debe intentar ayudar al anciano a establecer un horario regular de micciones que no supere las 3 horas; hay que controlar que el paciente pueda acceder rápidamente al baño desde su cama, que la ropa de dormir pueda quitarse con facilidad y que el baño disponga de elementos de seguridad y de timbre.

En cuanto a la distribución de líquidos diarios, debe ser ordenada por el médico y variar en verano e invierno de acuerdo con las condiciones climáticas.

Un buen aporte durante la mañana y primeras horas de la tarde, acompañado de una disminución acentuada durante la noche, permite controlar mejor la incontinencia nocturna, por ejemplo.

Por otro lado y en relación a los fármacos diuréticos, no deben administrarse por la mañana en ancianos activos. Muchas veces, los pacientes se orinan por esta causa y dejan de tomarlos.

Tampoco se han de tomar por la noche porque obliga a levantarse en la madrugada con el consecuente peligro de sufrir caídas.

El mejor momento es antes o después de comer, periodos en los que ya se han realizado las tareas cotidianas.

 

Demencia con cuerpos de Lewy: qué es y tratamientos

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad neurodegenerativa que suele darse más habitualmente entre los 50 y los 80 años.

Demencia con cuerpos de Levy, qué es y tratamientos

Esta enfermedad suele confundirse a menudo con el Parkinson y el Alzheimer, pero no es la misma. No obstante sí comparte algunos síntomas con dichas enfermedades y a menudo se superpone a estas. La demencia con Cuerpos de Lewy incluye síntomas conductuales y de la memoria propios del Alzheimer, a la vez que síntomas del sistema motor similares a los del Parkinson.

También se caracteriza por la presencia de alucinaciones visuales muy vívidas.

Los rasgos más característicos de las personas con demencia con Cuerpos de Lewy son, además de los indicados, son predominio de la rigidez, la bradicinesia (lentitud en los movimientos, especialmente los voluntarios complejos), falta de expresividad facial, trastornos de postura, hipofonía (trastorno de la voz, condicionado por una tonación baja de la voz) y temblor.

La mezcla de síntomas, su orden de aparición e intensidad varían de un paciente a otro.

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad para la que, de momento, no existen vías de prevención ni cura, si bien se están desarrollando a través de múltiples estudios de investigación, nuevos fármacos que permitan aliviar los síntomas y detener la progresión de la enfermedad.

 

Tratamiento de los enfermos con demencia con Cuerpos de Lewy

Hasta ahora hemos visto los síntomas y criterios de diagnóstico de la demencia con Cuerpos de Lewy. Pero más importante es si cabe ofrecer el tratamiento adecuado que, como veremos, debe incluir intervención farmacológica y no farmacológica.

Primero de todo se ha de hacer una valoración integral del paciente que nos permita ver su situación desde una perspectiva global. Es entonces cuando podremos elaborar un tratamiento personalizado, flexible y revisable dependiendo de cómo evolucione la enfermedad.

El tratamiento a implementar deberá ser multidisciplinar. Eso implica que además de las típicas especialidades implicadas en estos casos: geriatra, neurólogo, psiquiatra, se deberán incluir a otros profesionales de ramas como la enfermería, la psicología y trabajo social. La familia, por supuesto, también debe implicarse y tiene un importante papel a desempeñar.

Como ya hemos indicado antes en la actualidad no existe ningún tratamiento eficaz aprobado para el uso de esta enfermedad. No obstante sí que se administran ciertos fármacos que ayudan a promover su calidad de vida.

A la hora de decidir los tratamientos se requiere un cuidadoso equilibrio entre los beneficios y los riesgos potenciales. Los beneficios incluyen mejor funcionalismo, mejor cognición y menos síntomas neurológicos, pero los riesgos potenciales incluyen efectos colaterales y complicaciones secundarias.

 

Tratamiento farmacológico

Se suelen indicar fármacos inhibidores de la colinesterasa que mejoran la alerta y la cognición.

También fármacos antiparkinsonianos.

Algunos antidepresivos pues pueden mejorar los síntomas de la depresión, la ansiedad y la calidad/cantidad de sueño.

 

Tratamiento NO farmacológico

Son muy adecuados incluir entre el amplio abanico de tratamientos no farmacológicos los siguientes:

Estimulación cognitiva: especialmente terapia de orientación a la realidad, terapia de reminiscencia, terapia de validación, entrenamiento de la memoria y estimulación sensorial.

Terapia conductual.

Terapia cognitivo – conductual.

También tratamientos para la mejora de los trastornos sensoriales tratables, como pueden ser posibles alteraciones auditivas o de la visión, pueden reducir las alucinaciones y las caídas.

Las caídas pueden reducirse sensiblemente reduciendo los factores de riesgo: luz deficiente, alfombras, etcétera. Otras medidas como el uso de protectores pueden minimizar tanto las caídas como sus consecuencias.

 

Es importante que los pacientes con demencia con cuerpos de Lewy reciban reevaluaciones médicas frecuentes y una vigilancia y supervisión adecuadas.

Los cuidadores deben estar siempre atentos al paciente, ya que estos tienen tendencia a caerse o perder la conciencia.

 

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La incapacitación judicial en la tercera edad.

En España los 18 años es la edad cuando se presume la capacidad de una persona para tomar sus propias decisiones y gobernar sus propios asuntos.

No obstante, no todas las personas tienen capacidad para ello. En concreto, las personas afectadas por enfermedades mentales o demencia senil.

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Es un hecho que con la edad avanzada se presentan este tipo de enfermedades de una manera mucho más frecuente. Cuando esto sucede suelen plantearse muchas dudas con relación a la capacidad de la persona para gestionar su vida, su alimentación, patrimonio, etc.

Cuando la enfermedad es obvia es cuando entra en juego la necesidad de incapacitar judicialmente a esa persona. Cuando se trata de un padre o una madre puede resultar un proceso incómodo e incluso doloroso para todas las partes.

Pero ¿en qué consiste exactamente la incapacitación judicial? ¿Qué objetivo tiene incapacitar a una persona adulta? ¿Cuales son causas de incapacitación judicial? ¿Qué consecuencias tiene para el incapacitado?

 

Qué es la incapacitación judicial  y que objetivo tiene

La incapacitación judicial es un procedimiento legal que puede iniciarlo el Ministerio Fiscal o los familiares de la persona mayor (conyúge, hijos, hermanos, nietos, etc…)

Se debe presentar una solicitud o demanda tras la cual se siguen una serie de trámites marcados por la ley, lo que incluye un examen exhaustivo de las pruebas que demuestren -o no- la incapacidad de obrar de la persona.

Una vez concluido el proceso, un juez es quien puede declarar la incapacidad de la persona, para su propio beneficio. En este caso se nombra un tutor que le asista.

Es un procedimiento judicial a instancia de parte o del Ministerio Fiscal. Se debe presentar una solicitud o demanda y, tras ésta, se siguen una serie de trámites marcados por la ley y se realiza un examen exhaustivo de las pruebas. Una vez concluido el proceso, un juez puede declarar la incapacidad de una persona, en su beneficio.

Si así fuera, se priva a ésta por completo (en raras ocasiones de modo parcial) de la capacidad de obrar. Se nombra, según el caso, un tutor o curador que velará por el afectado.

El objetivo de la incapacitación consiste en proteger al anciano y evitar que se pueda perjudicar a sí mismo con decisiones inadecuadas con relación a sus intereses patrimoniales y a la atención de sus necesidades.

 

Causas de incapacitación judicial en la tercera edad y procedimiento

Según el Código Civil, son causa de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impiden a la persona gobernarse por sí misma.

La persistencia de la enfermedad indica que no se trata de una situación transitoria o temporal. Para demostrar que el anciano tiene una demencia, enfermedad física o psíquica que le impide cuidar de sí mismo, se ha de hacer un dictamen pericial médico acordado por el tribunal.

Para ello se llevan a cabo varias pruebas:

Una prueba documental que consta de informes médicos y sociales, certificado de discapacidad y cualquier otro que sea relevante.

A fin de evaluar la competencia de una persona con demencia, existe el documento Sitges. En este informe se valoran cinco aspectos: capacidad y autogobierno, toma de decisiones en el ámbito personal y patrimonial, condiciones neurológicas necesarias para la toma de decisiones, exploración de las condiciones neurológicas y correlación entre el estado neurológico y la capacidad para tomar decisiones.

incapacitacion-judicial-ancianos

También se lleva a cabo una audiencia de los parientes próximos o con especial relación con el anciano. Se les preguntará sobre la situación de la persona y su presunta incapacidad.

Se debe realizar una exploración del anciano por un médico forense que emitirá un informe acerca de cómo inciden su enfermedad o deficiencia en su capacidad de obrar.

Por último será el propio juez quien examine a la persona afectada, entrevistándose con ella a fin de formarse una opinión sobre su estado.

Finalmente se dicta sentencia sobre si se incapacita o no a la persona.

 

Consecuencias de la incapacitación

La persona incapacitada se le impide hacer por sí misma una serie de cosas. Algunas relevantes son que no puede casarse sin autorización, no puede comprar, vender, contratar personal, hacer un testamento, pedir un préstamo, realizar donaciones, votar, etc.

También se bloquean sus cuentas bancarias y se le puede internar en contra de su voluntad y sus bienes serán administrados por el tutor.

Viendo las consecuencias tan relevantes que tiene en el anciano la incapacitación, es necesario que haya una sentencia judicial que demuestre que la persona no puede gobernar su vida por sí misma.

En la misma sentencia dictada por el juez se nombra a un tutor del enfermo que administrará su patrimonio y se compromete a cuidar de él y a ocuparse de todas sus necesidades.

 

El papel del tutor

El tutor del enfermo puede ser una persona física como puede ser un familiar o un amigo, o bien una persona jurídica (asociaciones de familiares de Alzheimer, director de una residencia o fundaciones).

Hay fundaciones que no escogen a sus tutelados sino que se los asigna un juez. La tutela implica cuidar de la persona incapaz en los aspectos personales y en la administración de sus bienes sin ánimo de lucro.

La tutela está sometida a diversas medidas de control. Se ha de formalizar un inventario inicial de los bienes, se ha de rendir cuentas anualmente, se ha de obtener autorización previa para llevar a cabo operaciones económicamente importantes (la venta de un piso, por ejemplo) y se ha de presentar un balance final de cuentas.

 

 

 

catala

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