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Plazas públicas gratuitas para centro de día disponibles

En este momento tenemos disponibles de algunas plazas públicas gratuitas para centro de día.

Las plazas son gratuitas para usuarios con cualquier grado de dependencia (I, II y III)

Nuestro centro de día ofrece los siguientes servicios que podemos dividir en:

 

SERVICIOS DE CARÁCTER BÁSICO

Seguimiento y prevención de las alteraciones de la salud, a través de nuestro servicio médico y de enfermería.

Cocina propia, incluyendo las siguientes comidas: desayuno, comida y merienda, con cena opcional. El equipo de nutrición, dietista y responsable higiénico sanitàrio, innovan para que la dieta no sólo sea sana y equilibrada, sino también variada, sabrosa y nutritiva. Nos adaptamos a las diferentes intolerancias y tipos de dietas, ofrecemos un menú nutritivo con el correcto aporte calórico necesario. Además, los menús se van alternando cada 6 semanas, y adaptando a la estación del tiempo en que nos encontremos.

Atención personal en las actividades de la vida diária:

  • Higiene personal, y una ducha semanal, con opción a ducha diaria.
  • Readaptación funcional y social.

Fomentamos la recuperación de las hábitos y la autonomía a través del equipo de técnicos, entre los que se incluye, el fisioterapeuta, el terapeuta ocupacional, la educadora social y el psicólogo, cuyas funciones favorecen la recuperación y el mantenimiento de la autonomía personal y social.

 

SERVICIOS COMPLEMENTARIOS

  • Fomentamos la dinamización sociocultural (celebraciones de cumpleaños, fiestas, cinefórum…)
  • Llevamos a cabo activitades lúdicas y de ocio, como excursiones.
  • Soporte personal, social y familiar.
  • Celebración de misas y eucaristías.
  • Horticultura y terapia con animales.

 

SERVICIOS DE CARÁCTER OPCIONAL

  • Peluquería.
  • Podología.
  • Transporte adaptado de la Cruz Roja.

 


 

Residencia de ancianos cerca de Barcelona Sol i Natura

Sol i Natura es una residencia de ancianos concertada ubicada muy cerca de Barcelona ciudad (Corbera de Llobregat). Está situada en un entorno privilegiado, en la zona alta del nucleo urbano de Corbera, rodeado de naturaleza con magníficas vistas.

Bienvenidos a la Residencia de ancianos Sol i Natura de Corbera de Llobregat, Barcelona

En Residencia Sol i Natura hemos diseñado hasta el último detalle para facilitar la vida cotidiana de sus residentes.

Si buscas una residencia muy cerca de Barcelona, con unas instalaciones amplias, modernas y seguras, y un lugar donde encontrar el mejor trato humano y profesional, en Sol i Natura lo encontrarás.

 


 

Las fracturas de cadera en la tercera edad

Las fracturas de la región de la cadera son una lesión bastante frecuente entre nuestros mayores se corresponden con las que se producen en la parte superior del fémur, y junto con las de la muñeca y columna, son las más frecuentes en las personas mayores.

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¿Por qué se producen las fracturas de cadera en las personas mayores?

Se estima que en la tercera década de la vida, se llega al máximo nivel de masa ósea, y de ahí en adelante se pierde paulatinamente hasta la menopausia, en el caso de las mujeres, y sobre los 70 años en los hombres, donde la pérdida es mucho más acentuada.

De tal modo que mientras mayor sea la reserva, mas resistencia tendrá el hueso al momento de recibir golpes.

Lo anterior está vinculado de alguna forma con la osteoporosis, que es una enfermedad propia de adultos mayores, en la que se pierde el calcio de los huesos, haciéndolos más frágiles y más propensos a romperse.

Sin embargo, en las personas mayores, tan importante como la calidad del hueso son los golpes que se le den a éste. Por eso las caídas, son un factor esencial en el riesgo de padecer fracturas de cadera.

Los ancianos se caen por muchas causas, desde las alteraciones para caminar, la visión defectuosa, la falta de equilibrio, etc. hasta los accidentes producto de barreras arquitectónicas como las escaleras sin pasamanos y sin antideslizantes, los desniveles de la acera, la falta de iluminación nocturna para concurrir al servicio higiénico, etc.

Una de las principales diferencias de los ancianos respecto de los más jóvenes, es que basta una pequeña cantidad de energía para que, en el contexto de un hueso poco resistente, se produzca la fractura.

 

¿Quiénes tienen más riesgos de fracturarse?

Se estima que las mujeres tienen 3 veces más fracturas que los hombres, siendo el sexo femenino por lo tanto más propenso.También influye la raza, pues la gente de raza negra tiene mayor resistencia que la de raza blanca.

La edad, como ya se había expuesto, es un claro elemento asociado a la presentación de fracturas pues a mayor edad mayor es mayor el riesgo, y esto es para ambos sexos.

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Además existe una mayor susceptibilidad para fracturarse en mujeres que tengan antecedentes familiares de fracturas de cadera. La osteoporosis y las caídas de cualquier origen, completan el círculo en la producción de fracturas.

 

¿Cuál es el tratamiento de una fractura de cadera?

Habitualmente, y salvo justificadas excepciones, el tratamiento es quirúrgico, y lo realiza el cirujano ortopedista, también llamado traumatólogo.

Según el tipo de fractura, su localización y por cierto, el estado del enfermo y su situación funcional previa, se llevará a cabo un tipo determinado de intervención quirúrgica, a fin de dar solidez y estabilidad a esa articulación y para lograr recuperar la marcha del paciente.

De acuerdo a las mencionadas características se utilizarán diferentes tipos de técnicas para obtener el mejor rendimiento posible de esa articulación, ya sea con clavos, placas, prótesis parciales o totales de la cadera.

 

¿Cómo se puede prevenir la fractura de cadera?

Se sabe que las posibilidades de sufrir caídas aumenta con la edad, de tal manera que un 30% de la población mayor de 75 años se cae al menos una vez al año, y este porcentaje asciende al 50% en los mayores de 80.

Como la mayor parte del tiempo los ancianos lo pasan en su domicilio o en las instituciones en las que están acogidos, es en estos lugares en donde habitualmente se producen las caídas, y, dentro de ellos, en los dormitorios, salas de estar y aseos.

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En estos lugares conviene establecer sistemas o dispositivos tales como pasamanos o barandillas y asientos especiales.

Las alfombras son un peligro para las personas de edad avanzada y muchas de las caídas se producen al tropezar o resbalar sobre ellas por lo que deberían de estar bien adheridas al suelo o, mejor aún, prescindir de ellas.

Otro riesgo es la existencia de zonas oscuras, por lo que es necesario una buena iluminación en los lugares por donde se mueven los ancianos, máxime cuando con mucha frecuencia presentan disminución de la agudeza visual.

También es importante la puesta en marcha de medidas de coordinación y la programación de ejercicios controlados, así como el uso de sistemas protectores (almohadillas) para que actúen como amortiguadores en el caso de caídas.

Hay que tener precaución con la toma de medicamentos sedantes y con todos aquellos que causan hipotensión ortostática en los pacientes que tengan predisposición a las caídas. Se evitará el consumo de alcohol y tabaco, ya que ambos son favorecedores de la osteoporosis.

 

A modo de resumen, podemos concluir que nos encontramos ante un proceso de enorme trascendencia por su frecuencia, coste, gravedad y potencial incapacitante.

Por tanto es necesario mantener y mejorar nuestros esfuerzos en su prevención, reparación y recuperación, para que abordemos el problema en todos sus frentes.

 

Cómo mantener en forma la memoria en la tercera edad.

La memoria es un proceso mediante el cual se puede, registrar, codificar, almacenar, acceder y recuperar la información que en la práctica cotidiana se va adquiriendo.

Por lo tanto constituye para las personas una guía que fundamenta su conducta. La pérdida de la memoria es una amenaza siempre presente para los adultos mayores.

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A continuación vamos a considerar los factores más frecuentes en los que se da pérdida de memoria y cómo estimular nuestro cerebro mediante ciertas actividades mentales y físicas.

 

Factores que influyen en la pérdida de memoria

La angustia y la depresión, el aislamiento y la inactividad.
Medicamentos que pueden interferir con la atención y eventualmente, producir daños cerebrales.
Enfermedades cerebrales: Alzheimer, lesiones vasculares o de otro tipo.
La memoria es como un músculo. Se debilita si uno no lo cuida y ejercita, entonces lo mejor que se puede hacer es entrenarla ya que la estimulación mental tiene como fin frenar o retrasar el deterioro que llega con la edad.

 

¿Qué es la estimulación cognitiva?

La estimulación cognitiva consiste en trabajar las capacidades cognitivas como son la memoria, el cálculo, la atención, el razonamiento…mediante ejercicios escritos u orales.

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El principal objetivo de la estimulación cognitiva es mejorar o bien mantener dichas capacidades.

Para mantener nuestras capacidades cognitivas en forma debemos ejercitarlas todos los días. 

Actualmente es el principal tratamiento para relentizar en la medida de lo posible la evolución de las demencias.

Todas las personas mayores aunque no tengan demencia, ni perdidas de memoria deben trabajar estas capacidades, bien mediante ejercicios de estimulación cognitiva o bien jugando a juegos nuevos, aprendiendo idiomas, a tocar instrumentos, algún deporte… ya que con la edad el cerebro también pierde capacidad.

 

 

Actividades para ejercitar la mente

Ser constantes y realizar una serie de actividades de lo que llamamos gimnasia cerebral es clave. Ésta consiste en una serie de movimientos corporales sencillos que activan o interconectan ambos hemisferios del cerebro, logrando las condiciones óptimas para realizar otras actividades y así mantener el cerebro activo, ya que se ha demostrado que cuanto más se utilice este órgano, más disminuye la posibilidad que se presenten fallos en sus funciones.

Estos movimientos y actividades ayudan a lograr la comunicación entre el cuerpo y el cerebro, lo que significa eliminar del organismo estrés y tensiones al mover la energía bloqueada y permitiendo que la energía fluya fácilmente por el complejo mente-cuerpo.

Estos sencillos “desafíos” o ejercicios pueden ser desde ducharse con los ojos cerrados a tratar de utilizar la mano contraria para realizar alguna actividad, leer en voz alta un texto o cambiar rutinas y aprender cosas nuevas.

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Con actividades tan sencillas como estas conseguiremos mantener un nivel constante de actividad intelectual y, por lo tanto, mejoramos nuestro estado de ánimo.

Si a esto le unimos un componente social, participar en talleres, ya sea la pintura y dibujo, por su capacidad de activar y mejorar la perspectiva del espacio y la creatividad, y otras actividades manuales, nos serán de mucha utilidad para mantener nuestra mente en forma y, además, podremos compartir nuestras vivencias e inquietudes con personas de la misma edad que tienen inquietudes, problemas o aficiones similares.

Cualquier forma de aprendizaje es ejercicio para la materia gris. En principio no importa lo que se aprenda; lo importante para un entrenamiento positivo es mantener la mente ocupada con unos conocimientos que le permitan repetir y memorizar ciertas materias de aprendizaje.

Estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

A menudo, los trabajos manuales u otros pasatiempos creativos ofrecen excelentes oportunidades de ampliar sus conocimientos y ejercitar sus capacidades mentales.

Sin embargo, también sirven los sudokus, los crucigramas, los juegos de palabras, el ajedrez u otros ejercicios mentales para mantener la agilidad de las células grises.

Por otro lado, los estudios han demostrado que los programas de ejercicio físico mejoran el rendimiento mental.

Aumentan la imaginación espacial, las capacidades de orientación y concentración y la percepción corporal, y contribuyen a vivir de forma activa y a aprovechar su entorno de manera consciente y participativa, por no hablar de las numerosas ventajas que tienen para el sistema circulatorio, la resistencia y el riego sanguíneo.

Causas, efectos y tratamiento de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina. El afectado puede llegar a sentir una necesidad imperiosa y repentina de orinar pero es incapaz de retener la orina.

Los escapes también pueden producirse al estornudar, reír, realizar algún esfuerzo o ejercicio físico. Supone un problema higiénico, social y psíquico, ya que influye en la actividad cotidiana del enfermo y reduce su calidad de vida. (según DMedicina.com)

 

Causas frecuentes de la incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es un problema que si bien se asocia a la edad avanzada, esta no es por sí mismo motivo para padecerla.

No obstante, sí que se han observado algunos cambios asociados con la edad y la aparición de determinadas enfermedades que predisponen a su desarrollo.

Además de la edad, otros factores que influyen a la hora de padecer incontinencia urinaria son los antecedentes personales y las enfermedades que haya padecido o padezca el paciente, como son patologías neurológicas o enfermedades sistémicas con repercusión sobre el sistema nervioso central.

También influyen cualquier intervención que el paciente haya tenido y que haya afectado al tracto urinario, a la zona abdominal y de la pelvis, y a la columna vertebral.

Algunas de las intervenciones más comunes en este sentido son: uretrotomías, resección transuretral de póstrata, resección abdominoperineal de colon, histerectomías, laminectomías, etc.

También hay que tener en cuenta el plan de medicación del paciente, ya que algunos fármacos pueden tener entre los efectos secundarios desencadenar o agravar la incontinencia urinaria.

 

¿A quiénes afecta más?

Este trastorno ocurre tanto en hombre como en mujeres. Sin embargo, debido en parte a las tensiones físicas de la maternidad y a una disminución del estrógeno después de la menopausia, las mujeres sufren incontinencia con el doble de frecuencia que los hombres.

De hecho, se calcula que aproximadamente un 15% de los varones ancianos y un 30% de las mujeres padecen incontinencia.

En el caso de los hombres, la incontinencia de urgencia es la más frecuente y está caracterizada por la pérdida involuntaria de orina asociada con un intenso deseo de orinar.

Entre las mujeres, la más común es la incontinencia de esfuerzo. Se trata de pérdidas involuntarias de orina que se producen durante el ejercicio físico y ocurren cuando la presión intravesical supera a la presión uretral. Está asociada con la debilidad del suelo pélvico y se produce fundamentalmente durante el día.

 

Efectos en la vida diaria

Si el problema no se afronta a tiempo, puede derivar en efectos adversos que impactan significativamente en la calidad de vida de las personas que sufren incontinencia.

Algunos de los más habituales son desde problemas en la piel (maceración, úlceras cutáneas), infecciones urinarias de repetición y caídas (incontinencia nocturna), a problemas de aislamiento, depresión o dependencia, por ejemplo.

 

Buscar ayuda médica pronto

Una vez que se constata que existe el problema, es fundamental buscar asesoramiento médico. Pero no siempre se recurre a él por diferentes motivos- de hecho, sólo 1 de cada 3 afectados consulta sobre este tema al médico-.

La vergüenza, la pérdida de autoestima y considerar la incontinencia como un hecho inevitable del envejecimiento son los factores más frecuentemente asociados a la ocultación del problema.

Es un error suponer que no existe tratamiento.

No hablar con el médico sobre las pérdidas de orina cuando empiezan a ocurrir es un error, ya que en el 30-40% de los casos el tratamiento precoz recupera la continencia y en más de la mitad la mejoría que puede llegar a alcanzarse es notable.

 

Consejos para afrontar la incontinencia urinaria

Prevención

Existen algunas medidas que pueden ayudar a retrasar la aparición de la incontinencia de orina así como prevenirla. Algunos de los consejos que pueden tener en cuenta son:

  • Seguir una dieta equilibrada, como la mediterránea. Evitar el sobrepeso y la obesidad, de esta forma se reducirá la presión intraabdominal.
  • Reducir el consumo de bebidas como el café, los refrescos y bebidas carbonatadas, el alcohol y los cítricos, entre otros.
  • Evitar las comidas picantes.
  • Aumentar el consumo de fibra para evitar el estreñimiento.
  • Reducir el consumo de productos y medicamentos diuréticos, así tendrá menos ganas de orinar.
  • Evitar beber entre cuatro y dos horas antes de irse a dormir.
  • No empujar al orinar. De esta manera evitará que se dañen los músculos del suelo pélvico.
  • No ingerir bebidas antes de realizar ejercicio físico.

Ejercicios de Kegel

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos situados alrededor de la uretra y del suelo pélvico, cuando estos músculos están debilitados hay más probabilidades de que aparezca la incontinencia urinaria.

Estos ejercicios consisten en la realización de una serie de contracciones y relajaciones que se repiten a lo largo del día de forma constante.

Otras medidas higiénico-dietéticas

Por otro lado, los médicos apuntan a que existen medidas higiénico-dietéticas básicas que facilitan el manejo de la incontinencia.

Se debe intentar ayudar al anciano a establecer un horario regular de micciones que no supere las 3 horas; hay que controlar que el paciente pueda acceder rápidamente al baño desde su cama, que la ropa de dormir pueda quitarse con facilidad y que el baño disponga de elementos de seguridad y de timbre.

En cuanto a la distribución de líquidos diarios, debe ser ordenada por el médico y variar en verano e invierno de acuerdo con las condiciones climáticas.

Un buen aporte durante la mañana y primeras horas de la tarde, acompañado de una disminución acentuada durante la noche, permite controlar mejor la incontinencia nocturna, por ejemplo.

Por otro lado y en relación a los fármacos diuréticos, no deben administrarse por la mañana en ancianos activos. Muchas veces, los pacientes se orinan por esta causa y dejan de tomarlos.

Tampoco se han de tomar por la noche porque obliga a levantarse en la madrugada con el consecuente peligro de sufrir caídas.

El mejor momento es antes o después de comer, periodos en los que ya se han realizado las tareas cotidianas.

 

Demencia con cuerpos de Lewy: qué es y tratamientos

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad neurodegenerativa que suele darse más habitualmente entre los 50 y los 80 años.

Demencia con cuerpos de Levy, qué es y tratamientos

Esta enfermedad suele confundirse a menudo con el Parkinson y el Alzheimer, pero no es la misma. No obstante sí comparte algunos síntomas con dichas enfermedades y a menudo se superpone a estas. La demencia con Cuerpos de Lewy incluye síntomas conductuales y de la memoria propios del Alzheimer, a la vez que síntomas del sistema motor similares a los del Parkinson.

También se caracteriza por la presencia de alucinaciones visuales muy vívidas.

Los rasgos más característicos de las personas con demencia con Cuerpos de Lewy son, además de los indicados, son predominio de la rigidez, la bradicinesia (lentitud en los movimientos, especialmente los voluntarios complejos), falta de expresividad facial, trastornos de postura, hipofonía (trastorno de la voz, condicionado por una tonación baja de la voz) y temblor.

La mezcla de síntomas, su orden de aparición e intensidad varían de un paciente a otro.

La demencia con Cuerpos de Lewy es una enfermedad para la que, de momento, no existen vías de prevención ni cura, si bien se están desarrollando a través de múltiples estudios de investigación, nuevos fármacos que permitan aliviar los síntomas y detener la progresión de la enfermedad.

 

Tratamiento de los enfermos con demencia con Cuerpos de Lewy

Hasta ahora hemos visto los síntomas y criterios de diagnóstico de la demencia con Cuerpos de Lewy. Pero más importante es si cabe ofrecer el tratamiento adecuado que, como veremos, debe incluir intervención farmacológica y no farmacológica.

Primero de todo se ha de hacer una valoración integral del paciente que nos permita ver su situación desde una perspectiva global. Es entonces cuando podremos elaborar un tratamiento personalizado, flexible y revisable dependiendo de cómo evolucione la enfermedad.

El tratamiento a implementar deberá ser multidisciplinar. Eso implica que además de las típicas especialidades implicadas en estos casos: geriatra, neurólogo, psiquiatra, se deberán incluir a otros profesionales de ramas como la enfermería, la psicología y trabajo social. La familia, por supuesto, también debe implicarse y tiene un importante papel a desempeñar.

Como ya hemos indicado antes en la actualidad no existe ningún tratamiento eficaz aprobado para el uso de esta enfermedad. No obstante sí que se administran ciertos fármacos que ayudan a promover su calidad de vida.

A la hora de decidir los tratamientos se requiere un cuidadoso equilibrio entre los beneficios y los riesgos potenciales. Los beneficios incluyen mejor funcionalismo, mejor cognición y menos síntomas neurológicos, pero los riesgos potenciales incluyen efectos colaterales y complicaciones secundarias.

 

Tratamiento farmacológico

Se suelen indicar fármacos inhibidores de la colinesterasa que mejoran la alerta y la cognición.

También fármacos antiparkinsonianos.

Algunos antidepresivos pues pueden mejorar los síntomas de la depresión, la ansiedad y la calidad/cantidad de sueño.

 

Tratamiento NO farmacológico

Son muy adecuados incluir entre el amplio abanico de tratamientos no farmacológicos los siguientes:

Estimulación cognitiva: especialmente terapia de orientación a la realidad, terapia de reminiscencia, terapia de validación, entrenamiento de la memoria y estimulación sensorial.

Terapia conductual.

Terapia cognitivo – conductual.

También tratamientos para la mejora de los trastornos sensoriales tratables, como pueden ser posibles alteraciones auditivas o de la visión, pueden reducir las alucinaciones y las caídas.

Las caídas pueden reducirse sensiblemente reduciendo los factores de riesgo: luz deficiente, alfombras, etcétera. Otras medidas como el uso de protectores pueden minimizar tanto las caídas como sus consecuencias.

 

Es importante que los pacientes con demencia con cuerpos de Lewy reciban reevaluaciones médicas frecuentes y una vigilancia y supervisión adecuadas.

Los cuidadores deben estar siempre atentos al paciente, ya que estos tienen tendencia a caerse o perder la conciencia.

 

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La incapacitación judicial en la tercera edad.

En España los 18 años es la edad cuando se presume la capacidad de una persona para tomar sus propias decisiones y gobernar sus propios asuntos.

No obstante, no todas las personas tienen capacidad para ello. En concreto, las personas afectadas por enfermedades mentales o demencia senil.

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Es un hecho que con la edad avanzada se presentan este tipo de enfermedades de una manera mucho más frecuente. Cuando esto sucede suelen plantearse muchas dudas con relación a la capacidad de la persona para gestionar su vida, su alimentación, patrimonio, etc.

Cuando la enfermedad es obvia es cuando entra en juego la necesidad de incapacitar judicialmente a esa persona. Cuando se trata de un padre o una madre puede resultar un proceso incómodo e incluso doloroso para todas las partes.

Pero ¿en qué consiste exactamente la incapacitación judicial? ¿Qué objetivo tiene incapacitar a una persona adulta? ¿Cuales son causas de incapacitación judicial? ¿Qué consecuencias tiene para el incapacitado?

 

Qué es la incapacitación judicial  y que objetivo tiene

La incapacitación judicial es un procedimiento legal que puede iniciarlo el Ministerio Fiscal o los familiares de la persona mayor (conyúge, hijos, hermanos, nietos, etc…)

Se debe presentar una solicitud o demanda tras la cual se siguen una serie de trámites marcados por la ley, lo que incluye un examen exhaustivo de las pruebas que demuestren -o no- la incapacidad de obrar de la persona.

Una vez concluido el proceso, un juez es quien puede declarar la incapacidad de la persona, para su propio beneficio. En este caso se nombra un tutor que le asista.

Es un procedimiento judicial a instancia de parte o del Ministerio Fiscal. Se debe presentar una solicitud o demanda y, tras ésta, se siguen una serie de trámites marcados por la ley y se realiza un examen exhaustivo de las pruebas. Una vez concluido el proceso, un juez puede declarar la incapacidad de una persona, en su beneficio.

Si así fuera, se priva a ésta por completo (en raras ocasiones de modo parcial) de la capacidad de obrar. Se nombra, según el caso, un tutor o curador que velará por el afectado.

El objetivo de la incapacitación consiste en proteger al anciano y evitar que se pueda perjudicar a sí mismo con decisiones inadecuadas con relación a sus intereses patrimoniales y a la atención de sus necesidades.

 

Causas de incapacitación judicial en la tercera edad y procedimiento

Según el Código Civil, son causa de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impiden a la persona gobernarse por sí misma.

La persistencia de la enfermedad indica que no se trata de una situación transitoria o temporal. Para demostrar que el anciano tiene una demencia, enfermedad física o psíquica que le impide cuidar de sí mismo, se ha de hacer un dictamen pericial médico acordado por el tribunal.

Para ello se llevan a cabo varias pruebas:

Una prueba documental que consta de informes médicos y sociales, certificado de discapacidad y cualquier otro que sea relevante.

A fin de evaluar la competencia de una persona con demencia, existe el documento Sitges. En este informe se valoran cinco aspectos: capacidad y autogobierno, toma de decisiones en el ámbito personal y patrimonial, condiciones neurológicas necesarias para la toma de decisiones, exploración de las condiciones neurológicas y correlación entre el estado neurológico y la capacidad para tomar decisiones.

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También se lleva a cabo una audiencia de los parientes próximos o con especial relación con el anciano. Se les preguntará sobre la situación de la persona y su presunta incapacidad.

Se debe realizar una exploración del anciano por un médico forense que emitirá un informe acerca de cómo inciden su enfermedad o deficiencia en su capacidad de obrar.

Por último será el propio juez quien examine a la persona afectada, entrevistándose con ella a fin de formarse una opinión sobre su estado.

Finalmente se dicta sentencia sobre si se incapacita o no a la persona.

 

Consecuencias de la incapacitación

La persona incapacitada se le impide hacer por sí misma una serie de cosas. Algunas relevantes son que no puede casarse sin autorización, no puede comprar, vender, contratar personal, hacer un testamento, pedir un préstamo, realizar donaciones, votar, etc.

También se bloquean sus cuentas bancarias y se le puede internar en contra de su voluntad y sus bienes serán administrados por el tutor.

Viendo las consecuencias tan relevantes que tiene en el anciano la incapacitación, es necesario que haya una sentencia judicial que demuestre que la persona no puede gobernar su vida por sí misma.

En la misma sentencia dictada por el juez se nombra a un tutor del enfermo que administrará su patrimonio y se compromete a cuidar de él y a ocuparse de todas sus necesidades.

 

El papel del tutor

El tutor del enfermo puede ser una persona física como puede ser un familiar o un amigo, o bien una persona jurídica (asociaciones de familiares de Alzheimer, director de una residencia o fundaciones).

Hay fundaciones que no escogen a sus tutelados sino que se los asigna un juez. La tutela implica cuidar de la persona incapaz en los aspectos personales y en la administración de sus bienes sin ánimo de lucro.

La tutela está sometida a diversas medidas de control. Se ha de formalizar un inventario inicial de los bienes, se ha de rendir cuentas anualmente, se ha de obtener autorización previa para llevar a cabo operaciones económicamente importantes (la venta de un piso, por ejemplo) y se ha de presentar un balance final de cuentas.

 

 

 

Situación de personas dependientes en Cataluña

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El sistema público de servicios sociales prevé que las personas en situación de dependencia pueden tener acceso a determinados servicios sociales básicos y servicios sociales especializados.

En caso de que no sea posible la atención mediante algunos de estos servicios (públicos o concertados), se otorgarán prestaciones económicas vinculadas para la adquisición de servicios.

Servicios sociales básicos:

  • Servicio de atención domiciliaria. Incluyen servicios de tecnologías de asistencia, apoyo y cuidado, más popularmente conocidos como telealarma y teleasistencia.

Servicios sociales especializados para personas dependientes:

  • Servicios de prevención de situaciones de dependencia.
  • Servicio de valoración de la dependencia.

Servicios sociales especializados para personas mayores dependientes:

  • Centro de día para las personas mayores.
  • Centros residenciales para personas mayores

Servicios sociales especializados para personas dependientes atendidas en centros sociosanitarios:

  • Servicios de promoción de la autonomía personal para personas atendidas en centros sociosanitarios.
  • Promoción de la autonomía personal para personas con dependencia atendidas en los centros psiquiátricos de larga estancia de la cartera de servicios sociales.

Servicios sociales especializados para personas dependientes con discapacidad:

  • Para discapacidad intelectual: centros de día de atención especializada, centros residenciales y a los servicios de terapia ocupacionales y de tiempo libre.
  • Para discapacidad física: centros de día de atención especializada, centros residenciales, apoyo a la autonomía al propio hogar, centros ocupacionales y un servicio de asistencia personal.
  • Para discapacidad sensorial. Las personas sordociegas con discapacidad tienen derecho a un servicio de asistencia personal y, además, las personas con discapacidad visual y discapacidades múltiples cuentan con un servicio de apoyo para la integración sociolaboral y personal.

Apoyo a los cuidadores no profesionales

  • Servicio de apoyo a los cuidadores familiares y otros cuidadores no profesionales.
  • Los cuidadores familiares o cuidadores no profesionales de personas con dependencia tienen disponibles un servicio de apoyo social basado en la atención, orientación, asesoramiento y formación de profesionales especializados.

Niños menores de tres años de edad con dependencia

  • Aunque la dependencia está estrechamente relacionada con el envejecimiento, puede darse en cualquier edad por enfermedad, discapacidad u otras limitaciones. El reconocimiento de la situación de dependencia de los niños menores de tres años se lleva a cabo sobre la base de la escala de valoración específica (EVE).
  • La Ley de Dependencia también protege a los niños menores de tres años de edad y sus familias y promueve acciones dirigidas a la rehabilitación de las capacidades físicas, intelectuales y mentales de los niños. Los menores de tres años que acrediten situación de dependencia pueden acceder a varios beneficios económicos y servicios sociales para mejorar su calidad de vida y la de su familia.

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PRESTACIONES ECONÓMICAS

  • Prestación económica vinculada al servicio. Es una prestación personal y periódica, que está sujeta al grado y nivel de dependencia y a la capacidad económica de la persona beneficiaria. Se destina a cubrir los costes de los servicios previstos en el programa individual de atención (PIA) cuando no es posible la atención por parte del servicio público o concertado por falta de disponibilidad. Estos servicios son los siguientes:
    • Atención domiciliaria.
    • Centro de día.
    • Centro residencial.
  • Prestación económica para cuidadores no profesionales en el entorno familiar. Siempre que se den las circunstancias familiares adecuadas y manera excepcional, el beneficiario de esta prestación puede optar a ser atendido por su entorno familiar y la persona que le cuida recibe una compensación económica.
  • La asignación de este servicio se establece en base al programa individual de atención (PIA) y está sujeto al grado de dependencia y capacidad económica de la persona receptora. El cuidador debe recibir programas de formación, información y descanso.
  • Prestación económica para el asistente personal.

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COPAGO

La Ley de Dependencia establece que la persona beneficiaria tiene que pagar una cuota mensual cuando disfruta de un servicio. Es lo que se conoce como copago. La cantidad que debe pagar no es una cantidad fija, sino que depende de la capacidad económica de la persona beneficiaria.

El cálculo de la capacidad económica de los usuarios se lleva a cabo con arreglo a las disposiciones de la Orden BSF/130/2014, de 22 de abril, por la que se establecen los criterios para determinar que la capacidad económica de los beneficiarios y su participación en el coste de los servicios.

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INTEGRACIÓN DE LA LEY DE DEPENDENCIA EN LOS SERVICIOS SOCIALES

En Cataluña, la Ley de Dependencia está integrada en la Ley de Servicios Sociales y ha derivado en el Sistema Catalán de Autonomía y Atención a la Dependencia, integrado en el sistema público de servicios sociales.

De esta manera, la red de atención a personas con necesidades sociales también atiende a las personas con dependencia.

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COORDINACIÓN SOCIOSANITARIA

Cataluña cuenta con una red de servicios sociosanitarios de uso público.

En este sentido, el Departamento de Bienestar Social y Familia y el Departamento de Salud, a través del Plan Interdepartamental de Atención Social y Sanitaria (PIASS), trabajan de manera coordinada para lograr la aplicación efectiva de un sistema integrado de atención entre servicios de salud y sociales, que aseguren el continuum asistencial, con la atención centrada en la persona, integral e integrada, eficiente y de calidad.

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Más información de interés: http://dixit.gencat.cat/es/03ambits_tematics/02gent_gran/gent_gran_amb_dependencia/

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Cómo afrontar problemas visuales y auditivos en la tercera edad.

Millones de personas en todo el mundo sufren las consecuencias derivadas de problemas visuales y auditivos.

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La pérdida de audición y visual puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, algunas enfermedades infecciosas, el empleo de determinados fármacos, la exposición al ruido excesivo y también al envejecimiento.

Los problemas de visión y audición son de vital importancia en la vida de relación de las personas mayores porque condicionan la correcta relación con los demás.

Ante la aparición del más mínimo signo de alarma, como visión borrosa, disminución de la visión o dificultades auditivas hay que acudir al especialista para diagnosticar la causa de la alteración sensitiva y con ello poner el tratamiento adecuado lo antes posible.

A continuación vamos a considerar los problemas visuales y auditivos más comunes en la tercera edad y cómo afrontarlos afrontarlos.

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Problemas de visión más frecuentes en las personas mayores

La presbicia

Es una consecuencia del envejecimiento del ojo y de la disminución de la capacidad de acomodación del cristalino. Es algo casi inevitable y, aunque puede ser corregido, no tiene cura. Pero sí se puede mitigar su efecto mediante el uso de las correspondientes gafas graduadas de forma correcta según el déficit de visión.

Las cataratas

Están provocadas por la progresiva opacidad del cristalino y conllevan una disminución creciente de la agudeza visual. En su estado inicial se pueden manifestar por sensación de deslumbramiento, disminución de la sensibilidad a los contrastes y dificultades para percibir el relieve y los colores. Las posibilidades de tener cataratas aumentan con la edad. Afectan al 20% de la población de más de 65 años, a más del 35% de los mayores de 75 y a más del 60% de quienes han superado los 85. Por fortuna, las cataratas tienen buen tratamiento. La operación se puede practicar como cirugía ambulatoria y con anestesia local. Cada vez se operan más los dos ojos, aunque nunca en la misma intervención.

El glaucoma

Es una enfermedad que afecta al nervio óptico cuya función es conducir la información visual captada por el ojo hasta el cerebro. Lo más frecuente es que la destrucción de este nervio sea lenta y progresiva, lo que se conoce como glaucoma crónico.

Aunque todavía no se ha determinado bien las causas del glaucoma, la mayoría de las veces aparece asociado a un aumento de la tensión ocular debido a una anomalía en la filtración del humor acuoso, el líquido que se encuentra en el interior de los ojos.

Ese líquido, que todos producimos, se renueva de manera constante y, tras ser utilizado, es filtrado antes de volver la circulación sanguínea. Puede ocurrir, sin embargo, que el sistema de filtración no funcione correctamente, en general debido a su envejecimiento, con lo que el líquido se acumula en el interior del ojo y provoca una presión excesiva sobre el nervio óptico y los vasos que lo alimentan.

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Los síntomas del glaucoma crónico son tan leves que, a veces, ni se les presta atención. El nervio óptico se va destruyendo poco a poco desde la periferia hacia el interior. Al principio, el campo visual de la persona afectada se estrecha sin que se dé cuenta, ya que la zona central de la retina (que es la que nos permite ver con precisión, leer, reparar en los detalles…) no está afectada y el cerebro sigue siendo capaz de reconstruir las imágenes que faltan.

Más tarde, aparecen algunos síntomas leves: dolores de cabeza por la mañana, visión borrosa y necesidad constante de limpiar las gafas son algunos de los habituales. En cuanto se sienta alguno de ellos hay que acudir al oftalmólogo.

En un estadio aún más avanzado, la visión central desaparece casi por completo, impidiendo bajar escaleras o conducir. Cuando esto ocurre suele ser ya demasiado tarde porque las lesiones son irreversibles.

Existe un tratamiento eficaz para evitar que el glaucoma avance pero, como en todas las enfermedades, es necesario realizar un diagnóstico lo antes posible para poner el remedio adecuado por parte del médico especialista en oftalmología.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala visión

  • Se ayuda más a la persona con visión deficiente apoyándola para que se defienda por sí misma que haciendo las cosas en su lugar.
  • La forma más eficaz de saber lo que ve una persona es preguntárselo. Antes de hablarle, en particular si hay otras personas delante, lo mejor es decir nuestro nombre y después dirigirnos a ella por su nombre o tocarle el brazo. También es conveniente avisarla cuando nos disponemos a marcharnos.
  • Cuando se camina junto a ella, sólo hay que darle el brazo, sin intentar guiarla o tirar de su mano: esta actitud, además de inútil, le resultará molesta.
  • Hay que hacer el esfuerzo de describirle los lugares donde está o lo que pasa a su alrededor: la nueva decoración de la habitación, un paisaje, acontecimientos, imágenes de la televisión…
  • Para saber si necesita ayuda, lo más sencillo es preguntárselo.
  • Cuando se pone la mesa, es recomendable colocar platos claros sobre manteles oscuros y al contrario; los alimentos de color claro en platos oscuros y viceversa. Cuanto mayores sean los contrastes, mejor.
  • Para ayudarla a localizar objetos, una buena técnica es el «método del reloj» empleado por los pilotos de avión: «en el plato, la carne está en las dos», «en la mesa, las tijeras están en las diez»… Es sencillo y eficaz.
  • Hay objetos de la vida cotidiana diseñados para personas con problemas de visión: teléfonos con teclas grandes, juegos de mesa adaptados, lupas luminosas, utilizar audiolibros…

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Problemas auditivos

Cerca de un cuarta parte de las personas de 65 a 74 años y hasta la mitad de los mayores de 75 años sufren una pérdida de audición lo suficientemente importante como para interferir con su actividad social.

El hecho de no ser capaz de oír o entender las conversaciones limita la posibilidad de utilizar el teléfono, afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales y produce un sentimiento de aislamiento.

Si no se le pone remedio con rapidez, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente. El mundo deja de tener interés, no se oye a los pájaros ni se perciben otros sonidos de la vida cotidiana.

Cansados de repetir, los interlocutores sólo se dirigen a un sordo cuando no tienen más remedio. Y éste, apurado por las molestias e incómodo por las bromas o burlas que puedan producirse, deja de pedir que le repitan las frases.

También se aísla porque se cansa de leer los labios. Al final, se niega a salir porque, en la calle, en medio del bullicio, se siente aún más aislado, y los espectáculos le agotan porque debe mantenerse en alerta constante.

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Así, acaba por vivir en su propio mundo, calla y se repliega. En ocasiones, por el contrario, se convierte en un charlatán que habla sin parar y que acaba irritando a quienes le rodean. O, lo que resulta más grave aún: si no se toman medidas a tiempo (uso de un audífono), puede que quede alterado el propio mecanismo de comprensión de los sonidos, con lo que la amplificación de los mismos con un aparato no tendrá efectos satisfactorios.

Debido a la imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas («hablan mal de mí», «me insultan»…) que pueden derivar en el desarrollo de personalidades débiles, en delirios y otros problemas graves.

La falta de audición en la persona mayor puede ser debida a diferentes problemas, algunos de los cuales pueden tener tratamiento. La causa más común de pérdida de audición en la población mayor es la llamada presbiacusia, es decir, la disminución auditiva debida al propio proceso de envejecimiento caracterizada por una otoesclerosis.

No obstante, el envejecimiento no es sinónimo de sordera. Sí es cierto que el oído sufre una serie de cambios asociados con el envejecimiento que comportan unas modificaciones auditivas, pero nunca una sordera, por lo que ante cualquier problema de audición se recomienda acudir al médico especialista, el otorrinolaringólogo, para un estudio y valoración de las causas que motivan la pérdida de audición.

Según la causa, así será el tratamiento, pero nunca debe de ser el de la resignación y el de la creencia errónea de que es algo natural con la edad.

La tecnología actual pone a nuestra disposición los mejores avances en audioprótesis; audífonos que pasan totalmente inadvertidos y que se adaptan a nuestro nivel de audición.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala audición

Hay actitudes muy sencillas que favorecen enormemente la comunicación con una persona con dificultades de oído y que la ayudarán a salir de su aislamiento:

  • Antes de hablarle, llamar su atención
  • Vigilar que no haya obstáculos entre el rostro del interlocutor y el suyo
  • Mirar a la persona de frente
  • Procurar eliminar, en la medida de lo posible, los ruidos de fondo
  • Evitar comer, caminar o fumar cuando uno se dirige a la persona con dificultades de audición
  • Hablar con claridad y a ritmo medio
  • Gesticular para que las palabras sean más explícitas
  • Si una frase no se ha entendido bien, o lo parece, volver a enunciarla
  • Mostrarse tranquilo y ser paciente
  • En caso de mala comunicación, pedir a la persona con deficiencia auditiva que sugiera los medios para mejorarla.

 

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Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos

Las residencias de ancianos y centros de día están considerados como lugares donde las personas mayores reciben los cuidados y la atención que necesitan durante la última etapa de su vida.

No obstante, no siempre se ha tenido esta visión del ingreso de un padre, madre, tío, hermano, cónyuge o cualquier otro familiar en una residencia geriátrica. Hasta hace poco tiempo, las residencias de ancianos estaban consideradas como lugares donde se “aparcaba” o “abandonaba” al anciano que no se podía atender en casa.

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De vez en cuando, escuchamos alguna noticia negativa relacionada con personas mayores y residencias de ancianos. Son notícias que aun siendo precisamente eso, noticia por su excepcionalidad, pueden pintar en nuestra mente una idea totalmente falsa e injusta del trato y cuidados que se ofrecen en los centros geriátricos.

Gracias al trabajo de los profesionales, esta idea ha ido cambiando, y se ha podido comprobar que la convivencia y sociabilización dentro de una residencia permite aumentar la esperanza de vida.

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Motivos por los que algunos tienen sentimientos de culpa

El sentimiento de culpa aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad.

Cuando alguien está atrapado en la culpa, no se gusta, se descalifica, se tortura y se siente incapaz de tomar las riendas de su vida.

Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. Usted puede sentir que ha dejado a la persona, o que debería haberse hecho cargo por más tiempo.

Es posible que haya prometido previamente a la persona que usted siempre iba cuidar de ella en su casa y ahora se siente obligada a romper esa promesa.

Recuerde que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.

Puede ser de ayuda hablar con otros cuidadores en un grupo de apoyo, pero no deje que otros que todavía están cuidando en casa influyan en su sentimiento de culpa. La situación de cada persona es diferente y, al igual que en otros ámbitos de la vida, no debemos compararnos con otras personas.

Nunca olvidaré el día que tuve que dejar a mi mamá en un hogar de cuidado durante la primera etapa de su Alzheimer cuando todavía no cumplía los 70 años. Era la residente más joven.

Todavía me despierto por las noches con la culpa de haberla dejado mientras imploraba “Pero si yo soy tu mamá…” y yo me alejaba del oeste de Gales rumbo a mi esposo e hijos en Londres.

Aún recuerdo las cuatro horas que pasé en el auto, con el rostro inundado de lágrimas.

Mi padre me había dicho que no podía cuidar de ella y yo lo odiaba por eso. Lo que no sabíamos entonces era que él también estaba en las primeras etapas del Alzheimer.

(Testimonio de Fiona Phillips)

Es habitual que en los casos en la que la persona ingresa en la residencia con una actitud poco colaboradora o incluso en contra de su voluntad, las dudas y los sentimientos de culpa se hacen aun mayores. Este tipo de situaciones son habituales en cuadros de demencia y alzheimer, especialmente en sus fases más precoces.

En casos como el anterior, se inicia una lucha entre lo que nos dicta la razón (el enfermo necesita cuidados profesionales y estará mejor atendido)  y lo que sentimos (que no somos buenos hijos, por ejemplo).

Si bien ese tipo de sentimientos no son fáciles de erradicar, especialmente cuando el residente no está de acuerdo con la nueva situación, o cuando intenta chantajear emocionalmente al hasta ahora cuidador, sí que podemos esforzarnos por actuar de tal modo que la experiencia sea lo menos traumática posible e incluso agradable. ¿Qué podemos hacer?

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El ingreso no significa abandono

El traslado a una residencia no tiene por qué significar que usted renuncia a su papel de cuidador por completo, a menos que esto sea lo que quiere; es sólo una forma diferente de cuidar. Su participación aún puede ser muy importante.

Algunos cuidadores sienten que la atención residencial les ayuda a tener una mejor relación con la persona, ya que su tiempo juntos puede ser más especial, menos estresante y más como lo que solía ser antes de que llegase la constante preocupación sobre aspectos prácticos del cuidado.

Entrar en un centro es, sin embargo, un momento de transición; puede llevar a la persona y a su cuidador un tiempo para asentarse y acostumbrarse al cambio.

Lógicamente llevar al mayor a una residencia no significa que los familiares se vayan a desatender de su ser querido. Lejos de eso, es cuando más cercanía debe de haber entre el nuevo residente y los familiares.

Las residencias hacen mucho hincapié sobre el papel que juegan los familiares en la adaptación del nuevo residente en la fase de ingreso y adaptación.

importancia de visitar a familiares en residencias de ancianos

El principal objetivo que persiguen las residencias es que el acompañamiento familiar en las fases de preingreso, ingreso y adaptación de un nuevo residente al centro sea fundamental para lograr su plena integración, sin sentir un cambio demasiado brusco en su vida y mucho menos que sienta que lo están apartando de su grupo familiar.

Independientemente de nuestras circunstancias y de cómo nos sentimos nosotros y el residente ante la nueva situación, será bueno tener  en cuenta algunos de los principales beneficios de ser atendido en una residencia.

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Beneficios de ser atendido en una residencia

Sociabilización

En una residencia los ancianos se relacionan entre ellos, crean amistades, salen juntos a pasear, juegan a juegos de mesa, e incluso se visitan dentro de las habitaciones.

Un informe sobre envejecimiento activo recoge que el 60% las personas con más de 85 años presenta dificultades al caminar o al vestirse, esto provoca que no salgan a la calle, provocando una reclusión perjudicial para la salud mental.

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Estimulación cerebral

La estancia en un centro activa necesariamente la mente de sus residentes con actividades y talleres programadas por los psicólogos o educadores sociales del centro.

Aprenderse los nombres del resto de residentes o ir caminando a otras plantas, practicar gimnasia suave o caminar por los jardines del centro, son actividades diarias que les ayuda a mantenerse mentalmente y físicamente activos.

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Dieta equilibrada

Los ancianos con demencia o pérdidas de memoria empiezan a tener problemas para cocinar en casa y acaban comiendo incorrectamente. En la residencia se consigue que establezcan una dieta sana y equilibrada, observándose grandes mejorías en su aspecto físico y anímico gracias al aporte correcto de los nutrientes.

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Mejor Salud

Actualmente los mayores de 65 años representan cerca del 42% de las altas hospitalarias en nuestro país, un dato que se reduce cuando las personas mayores viven en una residencia al estar controlados por un equipo médico permanente.

Por otro lado los olvidos de los ancianos sobre la toma de la medicación o las sobredosis de medicación no se dan en una residencia. Los medicamentos se guardan en la farmacia del centro y enfermería se encarga de repartirlos a las horas convenidas. También se supervisa que el residente se tome la medicación, dándola en boca o triturándola si es necesario.

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En resumen podemos decir que gracias al impagable trabajo de los profesionales que atienden a nuestros mayores en las residencias, estos están bien cuidados y atendidos, obteniendo una serie de beneficios de sociabilizar con el resto de residentes, de participar en actividades adaptadas a sus circunstancias, recibiendo una dieta equilibrada y adaptada, manteniendo un control exhaustivo en la toma de medicación y en definitiva, obteniendo una mejoría en su calidad de vida.

Y por otro lado, podemos hacer mucho de nuestra parte al participar de manera activa en ayudar al residente en su nueva situación que, tengamos en cuenta, le costará un tiempo adaptarse a ella. Nuestras llamadas y visitas regulares seguramente reforzarán la idea en el residente de que es un ser muy amado y querido por nosotros.

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catala

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