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Residencia de ancianos cerca de Barcelona Sol i Natura

Sol i Natura es una residencia de ancianos concertada ubicada muy cerca de Barcelona ciudad (Corbera de Llobregat). Está situada en un entorno privilegiado, en la zona alta del nucleo urbano de Corbera, rodeado de naturaleza con magníficas vistas.

Bienvenidos a la Residencia de ancianos Sol i Natura de Corbera de Llobregat, Barcelona

En Residencia Sol i Natura hemos diseñado hasta el último detalle para facilitar la vida cotidiana de sus residentes.

Si buscas una residencia muy cerca de Barcelona, con unas instalaciones amplias, modernas y seguras, y un lugar donde encontrar el mejor trato humano y profesional, en Sol i Natura lo encontrarás.

 


 

Utilización y beneficios de las estancias temporales en residencias y de los centros de día.

La estancia temporal en una residencia puede ser definido este recurso como un servicio intermedio, para atender en períodos de corta estancia a una persona mayor en situación de dependencia que vive normalmente en su domicilio.

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Con la introducción de este servicio en dispositivos de alojamiento, además de atender necesidades de las personas mayores y de sus familias, también se rompe el estereotipo que existe sobre las residencias, que muchas personas perciben como lugares de estancia definitiva, de donde ya no se sale más.

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Beneficios de las estancias temporales en residencias

En cuanto a los objetivos de este servicio son varios y, a su vez, se subdividen en los que se dirigen a las personas mayores y los que se dirigen a sus familias cuidadoras.

Beneficios dirigidos a las personas mayores

– Ofrecer a las personas mayores dependientes o en situación de fragilidad que vivan solas un servicio para períodos de enfermedad (gripes, cólicos…) o en situaciones de crisis (riesgo de aislamiento por nevadas, por ejemplo).

– Pasar períodos de convalecencia o recuperación de enfermedades o accidentes (altas hospitalarias).

– Aprovechar durante una temporada tratamientos y servicios que pueden prestarse en estos centros.

Beneficios dirigidos a las familias cuidadoras

– Descansar temporalmente de los cuidados prestados a una persona mayor y poder organizar vacaciones o períodos de descanso.

– Contar con apoyos suficientes durante períodos de enfermedad o de incidencias imprevistas del cuidador/a principal.

– Tener un lugar adecuado para la atención cuando se realizan obras en la vivienda o hay un traslado de domicilio.

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Durante la estancia se ofrecen a la persona mayor aquellos programas que se dispensen en el centro y que puedan ser adecuados a las necesidades evaluadas.

Pero, además de intervenir con las personas mayores, hay que hacerlo con las familias, que pueden vivir la separación temporal con sentimientos de culpa o, al menos, con incertidumbre, sobre todo si se trata de la primera vez que lo utilizan.

Al finalizar el programa de estancias temporales, la persona mayor y su cuidador/a familiar deben recibir asesoramiento personal, orientación y pautas para continuar los cuidados en el domicilio de la manera más adecuada, corrigiendo, en su caso, algunos errores de atención que hayan podido ser detectados durante la estancia temporal.

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Los Centros de día para personas mayores dependientes

El Centro de Día para personas mayores dependientes es un recurso intermedio de la red de servicios sociales que tiene diferentes definiciones, según la institución o expertos que la realizan pero en las que, básicamente se produce coincidencia. Se define aquí de la siguiente manera:

“Centro gerontológico terapéutico y de apoyo a la familia que, de forma ambulatoria, presta atención integral y especializada a la persona mayor en situación de dependencia”.

De esta definición destacamos lo siguiente:

Centro gerontológico terapéutico.– Se trata de un recurso dirigido a la atención especializada de las personas mayores. Por tanto, la intervención debe estar a cargo de profesionales con formación acorde a las terapias que se apliquen, que conforman un equipo multidisciplinar, que actúa de manera interdisciplinar.

De apoyo a la familia.– Los Centros de Día, como ya se ha dicho, cumplen una función esencial de apoyo a las familias, pues, mientras la persona mayor se encuentra en este recurso, la familia puede descansar de su atención y cuidados.

Pero, para reforzar este apoyo a las familias, desde el centro de día debe ofrecerse un conjunto de programas dirigidos directamente a ellas, como los que se han mencionado anteriormente.

Atención ambulatoria.– Es decir, las personas que son atendidas en este recurso viven en su casa y van cada día que esté indicado al centro, para después regresar a su domicilio. En eso consiste su especifidad y por eso se conoce como “recurso intermedio”.

La atención que se presta a las personas en situación de dependencia es integral.– El equipo de profesionales elabora y dirige un plan integral individualizado para cada persona mayor, deducido de la valoración realizada.

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Beneficios de los Centros de día

El objetivo general del centro de día es mejorar la calidad de vida tanto de la familia cuidadora como de la persona mayor, a través de una intervención dirigida, por una parte a proporcionar una atención integral a la persona mayor dependiente y, por otra, a ofrecer el necesario apoyo a la familia para posibilitar una permanencia adecuada de la persona mayor en su entorno habitual.

Los objetivos específicos sobre los que debe girar la intervención a realizar en un centro de día pueden ser agrupados en torno a los dos protagonistas básicos de la intervención: la persona mayor dependiente y la familia cuidadora.

Beneficios para la persona mayor en situación de dependencia

  • Recuperar y/o mantener el mayor grado de independencia funcional y de autonomía personal.
  • Mejorar o mantener el estado de salud y prevenir la aparición de enfermedades o agravamientos de las mismas, mediante el desarrollo de programas sanitarios.
  • Frenar o prevenir el incremento de la dependencia a través de la potenciación y rehabilitación de sus capacidades cognitivas, funcionales y sociales.
  • Desarrollar la autoestima y favorecer un estado psicoafectivo adecuado.
  • Incrementar el número y la calidad de las interacciones sociales, mediante el ofrecimiento de un entorno que favorezca las relaciones y facilite la participación en actividades sociales gratificantes.
  • Evitar o retrasar institucionalizaciones no deseadas o desaconsejables..

Beneficios para la familia cuidadora

  • Proporcionar tiempo libre y descanso.
  • Ofrecer orientación y asesoramiento.
  • Dotar de conocimientos, habilidades y estrategias de afrontamiento que contribuyan a una mejora de la calidad de los cuidados que dispensa a la persona mayor.
  • Desarrollar habilidades que permitan reducir el estrés así como mejorar el estado psicofísico de los cuidadores.
  • Prevenir los conflictos familiares relacionados con el rol de cuidadores.
  • Reducir el riesgo de claudicación en los cuidados.
  • Favorecer la colaboración de la familia con el centro.

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Usuarios de los Centros de día

Los Centros de Día, tal como han sido definidos, están dirigidos a personas mayores en situaciones de dependencia – física y/o psíquica – que cuenten con un apoyo social suficiente para permitir su permanencia en el medio habitual, sin que sea excluyente el hecho de vivir solo/a.

Los Centros de Día para personas mayores dependientes deben ser capaces de acoger a usuarios de diferente tipo de dependencia y grado de severidad del deterioro. Han de evitarse, por tanto, prácticas que se realizan a veces de una selección negativa hacia quienes tienen niveles importantes de dependencia, pues estas personas, aunque no puedan aprovechar algunos de los programas terapéuticos del centro de día, pueden beneficiarse de otros.

Por otra parte, hay que pensar en la importante vertiente de apoyo familiar que tiene el centro de día, y las personas con grados importantes de dependencia pueden ser las que más carga de trabajo y fuente de estrés signifique para las personas cuidadoras.

 

Modalidades asistenciales en los Centros de día

Existen varias modalidades posibles de asistencia, las cuales deben establecerse en cada lugar teniendo en cuenta tanto los motivos fundamentales como los objetivos prioritarios que persiga el uso del recurso -el del apoyo familiar o la intervención terapéutica al usuario-, así como las propias posibilidades organizativas del centro.

Los usuario/as acceden al Centro, según valoración del caso y consenso con el usuario/a y familia, bien durante un periodo de tiempo establecido previamente al ingreso o bien sin determinación del mismo. Las modalidades asistenciales habituales son las dos siguientes:

Asistencia continua. Los usuario/as acuden al centro diariamente y durante la totalidad del horario de atención. Esta modalidad asistencial se reserva a los usuario/as cuyo motivo de ingreso es prioritariamente el del apoyo a los cuidadore/as, cuando la valoración social haya detectado una situación de sobrecarga familiar muy importante.ç

Asistencia parcial. En esta modalidad asistencial los usuario/as acudirán al centro existiendo flexibilidad tanto en la frecuencia de la asistencia como en el horario. Dicha asistencia se establecerá en el centro, consensuándose con el usuario/a y las familias, en función de la valoración efectuada por el Equipo Interdisciplinar encargado de la misma –valorando tanto la situación familiar como las necesidades terapéuticas del usuario/a y las posibilidades organizativas de cada centro.

Es importante que en la indicación de este recurso se tengan en cuenta cuestiones relacionadas con la eficacia y la eficiencia de los diferentes recursos de la red de servicios sociales.

Debe, a este respecto, verificarse si, cuando el apoyo a los cuidadores/as informales es el elemento fundamental en la valoración, es el centro de día el recurso adecuado.

Porque, como se ha indicado, este servicio, en sentido estricto, es altamente especializado y debiera reservarse para quienes, además de ofrecer apoyos a la familia, van a beneficiarse de los programas terapéuticos que se prestan en él.

En cuanto a la asistencia temporal y en horario restringido, es una posibilidad que se aprovecha para realizar, por ejemplo, programas específicos para:

  • 􀂙 Personas con deterioros cognitivos leves.
  • 􀂙 Programas de entrenamiento de la memoria.
  • 􀂙 Sesiones rehabilitadoras.
  • 􀂙 Entrenamiento y recuperación funcional para las AVDs.
  • 􀂙 Servicios de baño, podología, etc.

 

Servicios del Centro de día

Desde el enfoque de atención integral que se ha insistido deben mantener los Centros de Día para personas mayores dependientes, los servicios que se ofrecen en él han de ir dirigidos a cubrir sus necesidades personales básicas, terapéuticas y sociales.

Se consideran servicios básicos los siguientes:

  • 􀂙 Transporte accesible
  • 􀂙 Manutención
  • 􀂙 Asistencia en las actividades básicas de la vida diaria (AVD)

 

Se consideran servicios terapéuticos los siguientes:

  • 􀂙 Atención social
  • 􀂙 Atención psicológica
  • 􀂙 Terapia Ocupacional
  • 􀂙 Cuidados de salud

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Además, algunos centros como Residència Sol i Natura, disponen de otros servicios complementarios:

  • 􀂙 Peluquería
  • 􀂙 Podología
  • 􀂙 Cafetería
  • 􀂙 Servicio de atención de fin de semana o de ampliación de horarios
  • 􀂙 Otros

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Falta de cobertura a más de 400.000 personas dependientes en todo el territorio español.

La Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales de España, según su Presidente, el Sr. José Manuel Ramírez, denuncia recientemente que “se necesitarían 16 años para atender al completo la lista de espera con la tendencia que se marca en los datos oficiales del primer trimestre del año”.

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Actualmente son más de 400.000 las personas que han sido valoradas y reconocidas con un grado de dependencia, y que se encuentran sin recibir ningún tipo de prestación o servicio, pese a tener tales derechos reconocidos legalmente, que representan el 34% de los potenciales beneficiarios del Sistema de Atención a la Dependencia (SAAD). En la cruda realidad esta circunstancia se traduce que durante el año 2.015 hayan llegado a morir más de 45.000 personas en dicha situación.

La citada Asociación añade que en estos últimos años “el sistema ha recibido un inmenso varapalo jurídico y financiero, que ha recaído sobre las personas en situación de dependencia, sobre sus familiares y también sobre la administraciones territoriales obligadas a la gestión y que se ven imposibilitadas para incrementar y mejorar las atenciones al ritmo requerido…”

En los últimos tiempos no se está reduciendo la lista de espera de las personas dependientes como consecuencia de un incremento de las prestaciones y servicios del SAAD, sino que ello se ha debido a diversos factores:

a) Causas administrativas (tardanza en la tramitación de expedientes, duplicidades, caducidades o renuncias).

b) Aplicación de nuevos baremos a la hora de valorar a las personas dependientes, como por ejemplo, la supresión de los dos Niveles que existían en Cataluña dentro de cada Grado de Dependencia. Resulta paradójico, pero en los últimos años ha crecido el número de personas valoradas que no han obtenido grado.

c) El fallecimiento del titular del derecho mientras se encontraba en lista de espera, es decir, de la persona dependiente que había sido valorada y a la que legalmente se le había reconocido el derecho, y que todavía se encontraba en lista de espera sin llegar a recibir ninguna prestación, lo que se ha venido a denominar el “limbo de la Dependencia”.

Respecto al ligero incremento de los servicios esgrimido desde las Administraciones Públicas, ello obedece, más que a un real aumento de los servicios y/o prestaciones, a el incremento del copago o aportación económica de los beneficiarios del sistema, y a la reducción de las prestaciones económicas destinadas a los cuidadores no profesionales.

Por último, desde la “ASSOCIACIÓ ACAD”, de la que forma parte la Residència Sol i Natura, creemos que invertir en un mejor sistema que permita apoyar en su vida cotidiana a las personas dependientes, que posibilite conciliar a las familias, que genere empleo e importantes retornos a las arcas públicas, y que se base en inequívocos principios de justicia y de solidaridad recíproca, es una de las medidas más inteligentes y demandadas que podrían tomar el Gobierno Central y los Autonómicos actualmente.

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Actividades recreativas y socialización en la tercera edad.

Es habitual que en la tercera edad se produzca en el anciano una pérdida de interés por el mundo exterior, el entorno y todo lo que le rodea, mientras que, por el contrario, aumenta la preocupación por todo lo relacionado con su cuerpo y el deterioro típico de la vejez.

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Vamos a considerar, a continuación, algunos síntomas y comportamientos típicos -y naturales- de muchas personas mayores al encarar la vejez y cómo especialmente desde las residencias de ancianos buscamos fomentar, mediante actividades y terapias ocupacionales específicas, el interés de estas personas en su entorno y lograr, en definitiva, mejorar su calidad de vida.

La vejez no es una enfermedad, sino una etapa más de la vida con sus cosas buenas y malas, como cualquier otra. Sí que es verdad que, durante este periodo se incrementan los problemas de salud, los problemas físicos, produciéndose también, una disminución de la actividad intelectual, con pérdida de la memoria y deterioro de la agudeza perceptual.

El anciano experimenta una menor capacidad para adaptarse al medio en el que vive. Su estado de ánimo suele decaer y aumentan los componentes depresivos y diferentes temores ante la soledad, la indefensión y la muerte. Crece el desinterés por todo lo que les rodea. No les gusta nada y se muestran gruñones y regañones quejándose constantemente.

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Podemos clasificar estas actividades según su propósito. Así, por un lado, nos encontramos con aquellas que buscan potenciar la creatividad, la productividad y la capacidad artística. Por otro, las que hacen frente a las limitaciones físicas, favoreciendo el mantenimiento de un funcionamiento psicomotriz adecuado, trabajando equilibrio, flexibilidad y expresividad corporal.

Junto a éstas, se desarrollan otras actividades de tipo psicológico con las que se persigue la integración de la persona mayor y su socialización. Algunas van dirigidas a aumentar el sentimiento de utilidad y autoestima personal, otras a desarrollar la capacidad del disfrute y de apertura hacia nuevos intereses, fomentar la comunicación, la amistad y el establecimiento de relaciones interpersonales.

Otra forma de conseguir acabar con el aislamiento en las personas de la tercera edad es a través de las actividades socio-recreativas. Mediante excursiones, visitas, fiestas, bailes, manualidades y juegos de mesa se propicia el establecimiento de relaciones interpersonales entre los residentes y su integración social, además de tener efectos favorables sobre la salud y el bienestar psicológico.

El trabajo que realizamos en las residencias geriátricas para acabar con el aislamiento en las personas mayores, es realmente significativo y el porcentaje de éxito, bastante elevado.

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Amplio abanico de actividades

Existen distintos tipos de actividad que pueden ser utilizadas de manera conjunta y adaptadas a las necesidades y características del anciano:

  • Actividad artística y cultural
  • Actividad deportiva
  • Actividad pedagógica
  • Actividad ambiental
  • Actividad terapéutica

Los tipos de actividad artística, cultural, deportiva y pedagógica tienen por finalidad principal el mantenimiento, desarrollo y recuperación de habilidades diversas; servir de estímulo de la creatividad y posibilitar experiencias que contribuyan al bienestar y autoestima de los participantes. Por otra parte, estas actividades propician el establecimiento de relaciones interpersonales y la integración social de los sujetos, con independencia de sus favorables efectos sobre la salud y el bienestar psicológico.

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La actividad ambiental, además de propiciar el disfrute de las relaciones con el medio ambiente, propicia la identificación con este, y fomenta el desarrollo de una cultura sostenible y la motivación por su preservación.

La actividad terapéutica, puede estar orientada a personas con problemas funcionales, físicos o psicológicos y puede ser ella misma vehículo o instrumento de rehabilitación o complemento de programas diseñados a estos fines.

En fin, de lo que se trata es de emplear las actividades de ocio y de recreación para el fomento de estilos de vida en el adulto mayor, que propicien su salud y bienestar y lo impliquen en acciones que le sirvan como instrumento para el crecimiento la autodeterminación personal y su adecuada inserción en la vida comunitaria y social.

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Beneficios de las terapias ocupacionales

Los beneficios obtenidos por los ancianos al participar en las distintas actividades programadas por profesionales expertos en terapia ocupacional y psicólogos son muchos y muy variados.

Destacamos, de entre todos, los que ayudan al anciano a mejorar las relaciones interpersonales y la integración social. Algunos de los beneficios más destacados son:

Potenciar la creatividad y la capacidad estética y artística.

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Favorecer el mantenimiento de un funcionamiento psicomotriz adecuado.

Fomentar los contactos interpersonales y la integración social.

Mantener, en cierto nivel, las capacidades productivas.

Hacer frente a las disminuciones y limitaciones físicas.

Mantener equilibrio, flexibilidad y expresividad corporal.

Servir como medio de distensión y enfrentamiento activo al estrés y las tensiones propias de esta etapa de la vida.

Contribuir al mantenimiento del sentimiento de utilidad y autoestima personal.

Fomentar la creatividad y productividad en el uso del tiempo libre.

Mantener o desarrollar la capacidad del disfrute lúdico y la apertura hacia nuevos intereses y formas de actividades.

Fomentar la comunicación, la amistad y el establecimiento de relaciones interpersonales ricas y variadas.

Propiciar el bienestar y la satisfacción personal.

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En Residencia Sol i Natura nos tomamos el bienestar de nuestros mayores muy en serio. Para ello hacemos que el residente participe de la vida del centro, mediante su implicación en las diversas actividades de ocio, no solo como distracción sino como terapia para ayudarle a socializar, mantener sus capacidades físicas y cognitivas en las mejores condiciones posibles y, en definitiva mejorar su calidad de vida.

Destacamos, entre las diversas actividades que llevamos a cabo con nuestros mayores, actividades programadas como: calendario del mes, juegos de mesa, bingo (semanalmente), árbol estacional, fichas cognitivas, estimulación cognitiva oral, canciones, refranes en grupo, mandalas, juegos físicos (anillas, bolos, pelota…), celebración de cumpleaños, cinefórum, talleres (carnaval, San Valentín, primavera, Sant Jordi, Sant Joan, castanyera, preparación de panellets…

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Caminando hacia un mundo libre de contenciones.

Hasta ahora el uso de la contención en los centros ha tenido como objetivo el contener físicamente y / o farmacológicamente al residente que se agita o que tiene una conducta violenta, para reducir de esta forma el riesgo de caídas, autolesiones, el daño a otras personas, incluso, el deterioro de las instalaciones, y cualquier otro accidente con grave perjuicio para su propia integridad física o de los demás.

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No obstante, este modelo de gestión en los últimos años ha comenzado ostensiblemente a cambiar en nuestro sector. La supresión y / o el uso racional de las contenciones físicas está comportando un cambio de modelo asistencial centrado en la persona y en su dignidad, así como un trabajo de equipo interdisciplinar con todo el personal de atención directa, reto al que cada día se suman más residencias, que empiezan a trabajar para alcanzar este objetivo, y que también viene propiciado desde la labor de asesoramiento desarrollada por el Servicio de Inspección.

Ahora, en la gran mayoría de las residencias estamos valorando a la persona como individuo particular, estudiando sus necesidades, su problemática, las reservas características y factores de riesgo, con el propósito de llegar a una solución que resuelva “el problema “sin necesidad de utilizar dichas sujeciones, y sólo cuando no funcionan estas medidas alternativas, porque hayan resultado infructuosas, se recurre a alguno de los tipos de medidas de sujeciones.

Hay varios métodos que nos ayudan para llegar a ser un centro libre de contenciones.

Por otro lado, tampoco se puede pretender una seguridad total para nuestros residentes, una sobreprotección a la hora de cuidar no es buena, ya que esto invalidaría la propia existencia, y se debe promover la autonomía personal y debe asumir el riesgo que conlleva la vida misma, de lo que las familias también deben ser conscientes, colaborando todos juntos para conocer y respetar los valores y voluntades de la persona atendida. Como una vez me dijo una Inspectora de Bienestar Social, “chica, la vida es un riesgo …”

La actuación inmediata estándar, frente a todo cambio significativo de comportamiento, es hacer unavaloración integral de la persona, identificando y tratando los problemas psicosociales, funcionales y sanitarios que puedan ser responsables de la situación particular del residente.

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Se utiliza el denominado método conceptual “DSM”, que consiste en la observación durante horas de la conducta del residente, en diferentes franjas horarias, a fin de detectar los posibles problemas y las necesidades que precisa. A continuación, por parte del personal sanitario y cuidador se debe analizar toda la información y valoraciones, y después, con toda la información acumulada, se decidirá por parte del equipo interdisciplinario que se hará, adoptando un plan de medidas como estrategia que sea adecuado al estado de la persona, entre las que destacan:

  • Hacer un abordaje verbal hacia la persona.
  • Hacer un tratamiento de los problemas de salud del residente.
  • Aplicar medidas ambientales y / o conductuales, como por ejemplo:

a) Modificar el entorno físico a las necesidades y el bienestar de las personas, como crear espacios diferenciados, adaptaciones a la vida diaria y estímulos sensoriales, y para hacerlo más seguro, como por ejemplo, utilizar butacas ergonómicas con orejeras y con reposa pies, el descanso diurno del residente; en las habitaciones, camas articuladas más bajos, que eviten que el residente se haga daño si se cae al suelo, además de barandillas, como elemento de seguridad, y siempre y cuando no exista el riesgo de que el residente pueda saltar por encima de la barandilla; un pavimento que sea un suelo caliente; un jardín terapéutico, dotado de huertos urbanos, agua y texturas de colores, y barandillas en los recorridos, etc ..

b) Organizar un programa de estimulación física y actividades que llegue al máximo número de usuarios y que sea impartido por el máximo número posible de profesionales. Resulta muy importante que la persona mayor haga un tipo de ejercicio adecuado a su situación médica, como por ejemplo, dar paseos.

c) Mantener la rutina habitual de cada individuo.

d) Aumentar el trato amable y humanitario por parte del personal sanitario y cuidador con la persona, como por ejemplo, rascar la espalda, hacer masajes de manos, abrazar o coger las manos, ya que transmiten una influencia calmante y una sensación de amor y de seguridad, que hace disminuir los problemas de comportamiento.

En definitiva, los profesionales que trabajamos en las residencias intentamos reconocer y responder a las necesidades particulares de cada residente, con un apoyo psicosocial, cuidados sanitarios, actividades y ejercicio regular, en un entorno físico más seguro, suprimiendo el uso de contenciones, o reduciéndolo a los casos que las otras medidas alternativas no han dado éxito.

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Cuidamos a nuestros mayores como personas.

No podemos permanecer impasibles cuando nos levantamos y desayunamos con noticias publicadas en los medios que desprestigian como a profesionales a las personas que trabajamos en las residencias y en los centros de día de la tercera edad, incluso algunos atreviéndose a acusarnos de maltrato psicológico hacia las personas mayores.

El modelo de asistencia que desde hace ya varios años se viene desarrollando e implementando en las residencias y centros de días de la tercera edad tiene como núcleo básico de atención a la persona del residente o del usuario, a sus intereses y preferencias, con la implicación de las familias, para mejorar su calidad de vida, modelo que últimamente se ha venido a consolidar bajo la nomenclatura “Atención centrada en la persona” (ACP).

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El equipo interdisciplinar de los centros (auxiliares, técnicos y directores) se preocupan de conocer a la persona mayor, trazando su historia de vida, con el fin de comprenderle mejor, de respetar sus gustos y preferencias, para que pueda continuar siendo la misma persona que fue y, al fin y al cabo, lograr nuestro objetivo en común, que no es otro, que conseguir su bienestar, haciendo su vida más fácil y agradable.

Los equipos directivos dirigen su esfuerzo en planificar e implementar en el seno de nuestras organizaciones una formación orientada a mejorar las competencias técnicas y profesionales de los empleados que atienden a nuestros mayores, potenciando sus conocimientos y dotándoles de las herramientas necesarias para que sean capaces de introducir los cambios que en los procesos formativos les han sido planteados, y de esta forma conseguir implementar un modelo de atención centrado en la persona.

Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

Al personal se le forma para que trate con suma amabilidad a las personas residentes o usuarias de centros de días. Su formación les enseña que a un anciano no se le trata como a un niño pequeño, pues aunque tenga muchos años, un deterioro cognitivo por sus patologías médicas o vea poco, sigue siendo un hombre o una mujer, con sus derechos y su dignidad, tan íntegros como pueda tenerlos cualquiera de nosotros, y con una larga historia de vida, experiencia y conocimientos acumulados a lo largo de los años que, en muchas ocasiones nos podría sorprender.

Frente a un anciano que se expresa mal y cuesta de entender, no le alzamos la voz, a no ser que de verdad no te oiga, mantenemos la calma, y con un discurso claro y sencillo nos hacemos entender. Muchas veces, ni siquiera el discurso es necesario, basta plantarte delante de la persona, que te vea la cara y tu expresión, y descubres su mirada de complicidad que te confirma que te ha entendido.

Nuestra ética tampoco nos permite hablar en presencia de la persona mayor, como si esta no estuviera….

Le pedimos opinión a la psicóloga de la Residencia Sol i Natura, la Sra. Meritxell Rosa, titulada en un máster de gerontología, una más de esas miles de profesionales que trabajan en las residencias geriátricas por y para nuestros mayores, y le preguntamos por la opinión que le merece oír en los medios que se nos tache de “maltratadores” a los centros. Nos manifiesta que “trabajo desde hace algunos años en el ámbito geriátrico, en residencias. A lo largo de todo este tiempo he tratado a las personas mayores como lo que son: personas de avanzada edad, con su historia de vida, sus experiencias, sus valores, etc, siendo cada uno de ellos una persona singular, individual y especial, diferente a otra (obviamente como todas las personas!).

Sí, seguramente, en los centros geriátricos podemos cometer errores, pero se hace el máximo esfuerzo por todo el personal para acompañar en esta etapa de la vida, suplir aquellas necesidades básicas que no puedan realizar por ellas mismas, escuchar las historias que quieren contarnos y todo aquello que pueda optimizar su calidad de vida dado el cambio que supone vivir en una residencia. Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

¿Maltrato psicológico? Perdón, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando leo el artículo y vuelvo a ver que entre otros, el centro de la diana somos aquellos profesionales entregados a acompañar a nuestros ancianos como personas, personas mayores, con su nombre y apellidos, respetando sus creencias, sus valores, sus sentimientos, sus emociones, pensamientos y todo aquello que hacen que cada persona sea única.

De nuevo, echo en falta que no se hable del maltrato recibido desde las comunidades autónomas, las consejerías y gobierno estatal: los recortes, el eterno convenio de las residencias y otros elementos se manifiestan en auténticos signos que sí deben remarcarse como auténticos factores de maltrato: número limitado de absorbentes (compresas y pañales) necesarios para una persona mayor con incontinencia, eliminación de tratamientos médicos farmacológicos por reducción de costes y ratios en la Sanidad, aumento del grado de deterioro cognitivo y funcional para ahorrar ayudas económicas en el ámbito de la Dependencia, visitas médicas de especialistas que no llegan,… en definitiva, la falta de políticas dirigidas a este sector de la población: los profesionales que nos dedicamos vocacional y profesionalmente al acompañamiento de personas mayores vemos a las personas, no un número de historia ni una etiqueta ni un gasto.

Somos realistas y sabemos que siempre hay cosas para mejorar y en esta mejora está nuestro empeño y desempeño en el día a día y por una vez, sería interesante que las miras se pusieran un poco más arriba de los profesionales de campo. “

Podríamos resumir todo en que en las residencias y centros de día tenemos muy en cuenta a nuestros mayores, como a personas que integran un colectivo vulnerable, y pensamos de corazón en la actitud que debemos adoptar a la hora de cuidarlos, para tener en cuenta su historia de vida y lograr su bienestar.

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La salud mental en la tercera edad.

Aunque la mayoría de las personas mayores tienen una buena salud mental, muchas corren el riesgo de presentar trastornos mentales, enfermedades neurológicas o problemas de consumo de sustancias, además de otras afecciones, como la diabetes, la hipoacusia o la artrosis.
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Por otra parte, a medida que envejecemos aumentan las probabilidades de que padezcamos varias afecciones al mismo tiempo.

El problema

La proporción de personas mayores está aumentando rápidamente en todo el mundo. Según se calcula, entre 2015 y 2050 dicha proporción casi se duplicará, pasando de 12 a 22%. En números absolutos, el aumento previsto es de 900 millones a 2 000 millones de personas mayores de 60 años. Los adultos mayores pueden sufrir problemas físicos y mentales que es preciso reconocer.

Más de un 20% de las personas que pasan de los 60 años de edad sufren algún trastorno mental o neural (sin contar los que se manifiestan por cefalea) y el 6,6% de la discapacidad en ese grupo etario se atribuye a trastornos mentales y del sistema nervioso. Estos trastornos representan en la población anciana un 17,4% de los años vividos con discapacidad. La demencia y la depresión son los trastornos neuropsiquiátricos más comunes en ese grupo de edad.

Los trastornos de ansiedad afectan al 3,8% de la población de edad mayor y los problemas por abuso de sustancias psicotrópicas, casi al 1%; asimismo, aproximadamente una cuarta parte de las muertes por daños autoinfligidos corresponden a personas de 60 años de edad o mayores. Es frecuente que los problemas por abuso de sustancias psicotrópicas en los ancianos se pasen por alto o se diagnostiquen erróneamente.

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El personal sanitario y los propios ancianos no reconocen los problemas de salud mental en su verdadera dimensión, y el estigma de las enfermedades mentales propicia que las personas sean aun más reacias a buscar ayuda.

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Los factores de riesgo de los trastornos mentales en adultos mayores

A lo largo de la vida son muchos los factores sociales, psíquicos y biológicos que determinan la salud mental de las personas. Además de las causas generales de tensión con que se enfrenta todo el mundo, muchos adultos mayores se ven privados de la capacidad de vivir independientemente por dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad u otros problemas mentales o físicos, de modo que necesitan asistencia a largo plazo. Además, entre los ancianos son más frecuentes experiencias como el dolor por la muerte de un ser querido, un descenso del nivel socioeconómico como consecuencia de la jubilación, o la discapacidad. Todos estos factores pueden ocasionarles aislamiento, pérdida de la independencia, soledad y angustia.

La salud mental influye en la salud del cuerpo, y a la inversa. Por ejemplo, los adultos mayores con enfermedades como las cardiopatías presentan tasas más elevadas de depresión que quienes no padecen problemas médicos. Por el contrario, la coexistencia de depresión no tratada y cardiopatía en una persona mayor puede empeorar esta última.

Los adultos mayores también son vulnerables al maltrato, sea físico, sexual, psicológico, emocional, económico o material; al abandono; a la falta de atención y a graves pérdidas de dignidad y respeto. Los datos actuales indican que una de cada 10 personas mayores sufre maltrato. El maltrato de las personas mayores no se limita a causar lesiones físicas sino también graves problemas psíquicos de carácter crónico, como la depresión y la ansiedad.

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La demencia y la depresión en la tercera edad

Demencia

Es un síndrome que se caracteriza por la mengua de la memoria y la capacidad de pensar, trastornos del comportamiento e incapacidad para realizar las actividades de la vida cotidiana. Afecta principalmente a los ancianos, pero no es una parte normal de la vejez.

Se calcula que en el mundo hay unos 47,5 millones de personas aquejadas de demencia. Se prevé que el número de estas personas aumentará a 75,6 millones en 2030 y a 135,5 millones en 2050; además, la mayoría de esos pacientes vivirán en países de ingresos bajos y medianos.

La demencia lleva aparejados problemas sociales y económicos de envergadura por lo que toca a los costos de la asistencia médica, social e informal que impone. Por otra parte, las presiones físicas, emocionales y económicas pueden agobiar a las familias. Tanto las personas aquejadas de demencia como quienes las asisten necesitan apoyo sanitario, social, económico y legal.

Depresión

La depresión puede causar grandes sufrimientos y trastorna la vida cotidiana. La depresión unipolar afecta a un 7% de la población de ancianos en general y representa un 5,7% de los años vividos con una discapacidad entre las personas de 60 años de edad y mayores. En los establecimientos de atención primaria de salud la depresión no se diagnostica ni se trata como debiera. Es frecuente que los síntomas de este trastorno en los adultos mayores se pasen por alto y no se traten porque coinciden con otros problemas que experimentan los adultos mayores.

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Los adultos mayores con depresión tienen un desempeño más deficiente en comparación con los que padecen enfermedades crónicas como las enfermedades pulmonares, la hipertensión arterial o la diabetes sacarina. Este trastorno también aumenta la percepción de tener mala salud, la utilización de los servicios médicos y los costos de la asistencia sanitaria.

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Estrategias de tratamiento y asistencia

Es importante que los prestadores de asistencia sanitaria y la sociedad en su conjunto presten atención a las necesidades especiales de los grupos de población de edad mayor mediante las medidas siguientes:

  • capacitación de los profesionales sanitarios en la atención de los ancianos;
  • prevención y atención de las enfermedades crónicas que acompañan a la vejez, como los problemas mentales, neurales y por abuso de sustancias psicotrópicas;
  • elaboración de políticas sostenibles sobre la asistencia a largo plazo y los cuidados paliativos;
  • creación de servicios y entornos que favorezcan a las personas de edad.

Promoción de la salud

La salud mental de los adultos mayores se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables. Ello supone crear condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien que las personas adopten modos de vida sanos e integrados.

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La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias conducentes a que los ancianos cuenten con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas, tales como:

  • protección y libertad;
  • viviendas adecuadas mediante políticas apropiadas;
  • apoyo social a las personas de edad más avanzada y a quienes cuidan de ellas;
  • programas sanitarios y sociales dirigidos específicamente a grupos vulnerables como las personas que viven solas y las que habitan en el medio rural o las aquejadas de enfermedades mentales o somáticas;
  • programas para prevenir y abordar el maltrato de los adultos mayores;
  • programas de desarrollo comunitario.

Intervenciones

El reconocimiento y tratamiento oportunos de los trastornos mentales, neurorológicos y por abuso de sustancias psicotrópicas en los adultos mayores revisten una importancia decisiva. Se recomienda aplicar intervenciones psicosociales y farmacológicas.

No se cuenta hoy por hoy con medicamentos para curar la demencia, pero es mucho lo que se puede hacer para apoyar y mejorar la vida de las personas que la padecen, así como a sus cuidadores y familias, como por ejemplo:

  • el diagnóstico temprano para promover el tratamiento oportuno y óptimo;
  • la optimización de la salud física y psíquica y el bienestar;
  • la detección y el tratamiento de síntomas comportamentales y psíquicos difíciles;
  • el suministro de información y apoyo prolongado a los cuidadores.

La atención de la salud mental en la comunidad

Una buena asistencia sanitaria y social en general es importante para mejorar la salud, prevenir enfermedades y tratar los padecimientos crónicos de las personas mayores. Por lo tanto, es importante capacitar a todo el personal sanitario que debe enfrentarse con los problemas y trastornos relacionados con la vejez.
 
Para ello es imprescindible proporcionar a los adultos mayores una atención de salud mental eficaz en el nivel comunitario. La misma importancia tiene poner de relieve la asistencia prolongada de los adultos mayores aquejados de trastornos mentales, así como dar formación, capacitación y apoyo a quienes los atienden.
 
Es imprescindible contar con un marco legislativo apropiado, basado en las normas internacionales sobre derechos humanos, para ofrecer los servicios de la mejor calidad a las personas con enfermedades mentales y a quienes cuidan de ellas.
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Datos y cifras
  • La población mundial está envejeciendo rápidamente. Entre 2015 y 2050 la proporción de la población mundial mayor de 60 años se multiplicará casi por dos, pasando del 12% al 22%.
  • La salud mental y el bienestar emocional tienen la misma importancia en la edad mayor que en cualquier otro periodo de la vida.
  • Los trastornos neuropsiquiátricos representan el 6,6% de la discapacidad total (AVAD) en este grupo etario.
  • Aproximadamente un 15% de los adultos de 60 años o mayores sufren algún trastorno mental.

Alzheimer: el enfermo y la familia frente a la enfermedad.

Si tuviéramos que decir el nombre de una enfermedad que asociemos directamente con la pérdidas de memoria, seguramente una amplia mayoría diríamos la Enfermedad de Alzheimer.

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¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que conlleva la muerte de determinadas neuronas. Este proceso de muerte celular no está vinculado al envejecimiento.
Es una enfermedad frecuente. En España hay unos 800.000 casos diagnosticados y, según el Diari de Girona (22-09-2015) el 25% de la población catalana de 80 años padece Alzheimer.

Se trata de una enfermedad progresiva que evoluciona lentamente durante diez o quince años y su frecuencia aumenta con la edad.

Su desarrollo es relativamente homogéneo: primero afecta a la memoria de los hechos recientes; después, poco a poco, a las funciones cognitivas, hasta que incapacita al paciente para llevar una vida autónoma. Solo afecta al cerebro y no al resto del cuerpo.

La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por provocar problemas de memoria, aislados durante bastante tiempo, que afectan principalmente a los hechos recientes y que, aunque ligeros, tienen repercusión en la organización de la vida cotidiana y entrañan un cambio en las relaciones con los demás. Van acompañados de dificultades de localización y orientación espacial y temporal.

El paciente confunde fechas, no sabe qué día es ni en qué año vive, tiene tendencia a perderse cuando pasea y, con frecuencia, no se da cuenta de sus dificultades. Este fenómeno se denomina agnosia y resulta tremendamente penoso para el entorno familiar del enfermo.

No es que el paciente niegue su enfermedad, sino que realmente no tiene capacidad para evaluar de manera correcta su amnesia, que está vinculada al mal funcionamiento de determinadas estructuras cerebrales. El enfermo «olvida que olvida» y por eso piensa que los consejos que se le dan están fuera de lugar y que la preocupación de los demás no está justificada.

La evolución de la enfermedad es lenta y progresiva, y acaba afectando al conjunto de las funciones cognitivas, incapacitando al paciente para los actos habituales de la vida diaria: hacer recados, preparar la comida, tomar sus medicinas, controlar el dinero… En un estadio más avanzado, el enfermo necesita ayuda para tareas aún más sencillas, como vestirse o lavarse.

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¿Cómo se diagnostica el Alzheimer?

Por el momento, no existe ningún análisis de sangre o una prueba médica de imagen que permita diagnosticar de forma rápida y fiable la enfermedad de Alzheimer. Sólo es posible llegar al diagnóstico después de un proceso largo en el que se persigue tanto evaluar los problemas como descartar otras posibles causas.

El diagnóstico sólo puede establecerse al término de estas tres etapas:

1. Consulta con el médico de cabecera: Cuando exista la menor duda, hay que consultar al médico de atención primaria. Antes de acudir a la consulta, conviene anotar en un papel los principales incidentes que motivan nuestra preocupación, sin olvidar incluir aquellos acontecimientos que hayan podido tener fuerte impacto en la vida de la persona (un traslado de casa, la muerte de alguien próximo…) ni la lista de los medicamentos que toma.

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Un médico generalista no tiene ni la capacidad ni los medios para diagnosticar la enfermedad, debe dirigirnos al especialista; si no lo hace, no hay que dudar en pedírselo.

2. La consulta en la unidad de memoria: El neurólogo o el geriatra reunirán la información precisa sobre la situación del paciente y solicitarán la realización de tests para evaluar su estado y tomar las medidas convenientes.

3. Exámenes complementarios: El mal de Alzheimer se puede confundir con otras enfermedades y, a veces, es difícil distinguirlo de algunos tipos de depresión. También ciertas intoxicaciones por medicamentos o el alcoholismo crónico pueden parecer, erróneamente, Alzheimer. Por todo ello, nunca se debe ocultar nada al médico.

Con el fin descartar posibles problemas vasculares (infarto cerebral) u otros que precisen neurocirugía (tumor, hematoma) pueden realizarse un escáner o una resonancia magnética. Los análisis de sangre son útiles para descartar otras enfermedades, como las disfunciones de tiroides.

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Alzheimer: señales de alerta

Vigilar los síntomas permite un diagnóstico precoz del Alzheimer. Es imprescindible descubrir cuanto antes los síntomas precursores de esta enfermedad, que afectará progresivamente a un mayor número de personas debido al envejecimiento de la población española.

La temible enfermedad de Alzheimer, que afecta en España a unas 800 000 personas, conduce al deterioro progresivo e irremediable de las facultades intelectuales. Se puede tratar cuando su grado es bajo o moderado, pero no en los estadios más avanzados.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Problemas de memoria. Son el síntoma más precoz y más frecuente de la enfermedad de Alzheimer en las personas mayores. En el primer estadio de la enfermedad, afectan sobre todo a los hechos recientes. No se trata tanto de olvidos, como de fallos en la codificación: las informaciones no son registradas. Sin embargo, tampoco hay que ser excesivamente alarmistas: a partir de los 50 años, una de cada dos personas se queja de su falta de memoria.

No hay que inquietarse si una persona no recuerda un nombre o una fecha que luego le viene a la cabeza en el momento menos pensado. Estos problemas de memoria son enojosos, pero benignos la mayoría de las veces.

Por el contrario, lo preocupante son los problemas que afectan a la vida cotidiana: olvido de una cita, no acordarse de lo que uno iba a comprar, etc.

Problemas espacio-temporales. Los problemas de memoria suelen ir acompañados de dificultades para situarse en el tiempo. A todos nos ha pasado alguna vez no saber si estamos a martes o a miércoles, si es el cinco o el seis de junio… Eso no es inquietante, especialmente si las actividades no varían mucho de un día a otro. Lo preocupante es olvidar el mes o el año en que uno vive.

Las dificultades para orientarse en el espacio son otra manifestación muy frecuente del mal de Alzheimer. Adquieren proporciones espectaculares en los estadios avanzados de la enfermedad, pero pueden aparecer discretamente en un estadio precoz: por ejemplo, la persona afectada tiende a perderse en su propio barrio, de tal forma que va reduciendo el perímetro de sus desplazamientos.

Otra manifestación del mismo problema consiste en que la persona afectada va dejando objetos en lugares inapropiados.

Bruscos cambios de humor sin razón aparente. El paso repentino de la serenidad al abatimiento, de la alegría a la tristeza, de la calma a la cólera, y viceversa, es un síntoma serio; del mismo modo que lo son los cambios importantes de personalidad, la tendencia manifiesta a la apatía y la falta crónica de entusiasmo.

Problemas de lenguaje. Una persona que solía utilizar siempre la palabra justa y adecuada, de pronto empieza a utilizar en sus frases genéricos como «cosa», «eso», etc. Más tarde, al no encontrar la palabra apropiada, trata de salvar la dificultad utilizando otras como, por ejemplo, «ese chisme para escribir» en lugar de «lápiz», porque ésta se le escapa. Paralelamente, va empleando términos inapropiados en el lugar de las palabras que ha olvidado. Al escribir, también aparecen los mismos problemas.

Pérdida de juicio. Puede manifestarse por una apreciación inadecuada (no preocuparse ante una situación económica grave, por ejemplo) o por comportamientos diarios irracionales (ponerse dos camisas, una encima de otra, por ejemplo).

Incapacidad para comprender las nociones abstractas. Una persona con Alzheimer olvida totalmente el significado de los números, hasta el punto de ignorar lo que significa su cumpleaños. Hay manifestaciones que pueden ser signos precursores de la enfermedad, aunque su interpretación depende del carácter de cada persona. Hay cabezas de chorlito que nunca saben dónde dejan las llaves o las gafas, así que no conviene alarmarse si les sigue ocurriendo cuando han pasado de los 80. Por el contrario, es preocupante que un viejo profesor de matemáticas no logre hacer una operación elemental de cálculo.

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La familia de un enfermo de Alzheimer

Es fundamental, tanto para el enfermo como para la familia, no sentirse solo frente a la enfermedad.

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Convivir con una persona enferma de Alzheimer, sobre todo cuando se trata de un padre o una madre, es una de las pruebas más duras a las que se puede enfrentar una persona y, con frecuencia, genera fuertes sentimientos que van desde el abatimiento y la culpabilidad al deseo de que llegue la muerte. Descubrir que un padre no nos reconoce es algo traumático y doloroso, una sensación a la que suele seguir el abatimiento.

Es fundamental, tanto para el enfermo como para la familia, no sentirse solo frente a la enfermedad. Un recurso para conseguirlo es recurrir a la red de asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer, que viven de cerca los problemas, proporcionan información a familiares y cuidadores, y ofrecen ayuda práctica y apoyo emocional.

Existen en España más de cien asociaciones de este tipo, que ayudan a las familias a afrontar el impacto de la enfermedad a través de programas de apoyo domiciliario, ayuda psicológica y asesoría médica, jurídica y social.

Concretamente en Catalunya existen varias asociaciones y federaciones que han ayudado y ayudan tanto al enfermo de Alzheimer como a los familiares, ofreciendo apoyo, orientación y asesoramiento.

Algunas son:

  • Alzheimer Catalunya
  • FAFAC – Federació de familiars de malalts d´Alzheimer
  • AFAB – Associació de familiars de malalts d´Alzheimer de Barcelona
  • AFA Tarragona – Associació de familiars de malalts d´Alzheimer de Tarragona
  • Fundació Pasqual Maragall
  • FADESIA (Girona)
  • AFALL – ASOCIACIÓN DE ENFERMOS DE ALZHEIMER DE LLEIDA.

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Celebración de la 12a Semana de la Gent Gran

Desde el 28 de septiembre hasta el 4 de octubre Corbera ha celebrado la 12a Semana de la Gent Gran con una serie de actividades que han servido para dar visibilidad a un colectivo muy numeroso y también muy activo en nuestro municipio.

Como conclusión, disfrutamos de una comida con baile donde se ofreció un emotivo homenaje a las personas mayores, del que participó Residència Sol i Natura.

Dejamos un enlace al número de octubre de la Revista de información municipal L’Avançada, de Corbera de Llobregat, donde se dan más detalles del evento.

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