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Residencia de ancianos cerca de Barcelona Sol i Natura

Sol i Natura es una residencia de ancianos concertada ubicada muy cerca de Barcelona ciudad (Corbera de Llobregat). Está situada en un entorno privilegiado, en la zona alta del nucleo urbano de Corbera, rodeado de naturaleza con magníficas vistas.

Bienvenidos a la Residencia de ancianos Sol i Natura de Corbera de Llobregat, Barcelona

En Residencia Sol i Natura hemos diseñado hasta el último detalle para facilitar la vida cotidiana de sus residentes.

Si buscas una residencia muy cerca de Barcelona, con unas instalaciones amplias, modernas y seguras, y un lugar donde encontrar el mejor trato humano y profesional, en Sol i Natura lo encontrarás.

 


 

La incapacitación judicial en la tercera edad.

En España los 18 años es la edad cuando se presume la capacidad de una persona para tomar sus propias decisiones y gobernar sus propios asuntos.

No obstante, no todas las personas tienen capacidad para ello. En concreto, las personas afectadas por enfermedades mentales o demencia senil.

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Es un hecho que con la edad avanzada se presentan este tipo de enfermedades de una manera mucho más frecuente. Cuando esto sucede suelen plantearse muchas dudas con relación a la capacidad de la persona para gestionar su vida, su alimentación, patrimonio, etc.

Cuando la enfermedad es obvia es cuando entra en juego la necesidad de incapacitar judicialmente a esa persona. Cuando se trata de un padre o una madre puede resultar un proceso incómodo e incluso doloroso para todas las partes.

Pero ¿en qué consiste exactamente la incapacitación judicial? ¿Qué objetivo tiene incapacitar a una persona adulta? ¿Cuales son causas de incapacitación judicial? ¿Qué consecuencias tiene para el incapacitado?

 

Qué es la incapacitación judicial  y que objetivo tiene

La incapacitación judicial es un procedimiento legal que puede iniciarlo el Ministerio Fiscal o los familiares de la persona mayor (conyúge, hijos, hermanos, nietos, etc…)

Se debe presentar una solicitud o demanda tras la cual se siguen una serie de trámites marcados por la ley, lo que incluye un examen exhaustivo de las pruebas que demuestren -o no- la incapacidad de obrar de la persona.

Una vez concluido el proceso, un juez es quien puede declarar la incapacidad de la persona, para su propio beneficio. En este caso se nombra un tutor que le asista.

Es un procedimiento judicial a instancia de parte o del Ministerio Fiscal. Se debe presentar una solicitud o demanda y, tras ésta, se siguen una serie de trámites marcados por la ley y se realiza un examen exhaustivo de las pruebas. Una vez concluido el proceso, un juez puede declarar la incapacidad de una persona, en su beneficio.

Si así fuera, se priva a ésta por completo (en raras ocasiones de modo parcial) de la capacidad de obrar. Se nombra, según el caso, un tutor o curador que velará por el afectado.

El objetivo de la incapacitación consiste en proteger al anciano y evitar que se pueda perjudicar a sí mismo con decisiones inadecuadas con relación a sus intereses patrimoniales y a la atención de sus necesidades.

 

Causas de incapacitación judicial en la tercera edad y procedimiento

Según el Código Civil, son causa de incapacitación las enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico que impiden a la persona gobernarse por sí misma.

La persistencia de la enfermedad indica que no se trata de una situación transitoria o temporal. Para demostrar que el anciano tiene una demencia, enfermedad física o psíquica que le impide cuidar de sí mismo, se ha de hacer un dictamen pericial médico acordado por el tribunal.

Para ello se llevan a cabo varias pruebas:

Una prueba documental que consta de informes médicos y sociales, certificado de discapacidad y cualquier otro que sea relevante.

A fin de evaluar la competencia de una persona con demencia, existe el documento Sitges. En este informe se valoran cinco aspectos: capacidad y autogobierno, toma de decisiones en el ámbito personal y patrimonial, condiciones neurológicas necesarias para la toma de decisiones, exploración de las condiciones neurológicas y correlación entre el estado neurológico y la capacidad para tomar decisiones.

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También se lleva a cabo una audiencia de los parientes próximos o con especial relación con el anciano. Se les preguntará sobre la situación de la persona y su presunta incapacidad.

Se debe realizar una exploración del anciano por un médico forense que emitirá un informe acerca de cómo inciden su enfermedad o deficiencia en su capacidad de obrar.

Por último será el propio juez quien examine a la persona afectada, entrevistándose con ella a fin de formarse una opinión sobre su estado.

Finalmente se dicta sentencia sobre si se incapacita o no a la persona.

 

Consecuencias de la incapacitación

La persona incapacitada se le impide hacer por sí misma una serie de cosas. Algunas relevantes son que no puede casarse sin autorización, no puede comprar, vender, contratar personal, hacer un testamento, pedir un préstamo, realizar donaciones, votar, etc.

También se bloquean sus cuentas bancarias y se le puede internar en contra de su voluntad y sus bienes serán administrados por el tutor.

Viendo las consecuencias tan relevantes que tiene en el anciano la incapacitación, es necesario que haya una sentencia judicial que demuestre que la persona no puede gobernar su vida por sí misma.

En la misma sentencia dictada por el juez se nombra a un tutor del enfermo que administrará su patrimonio y se compromete a cuidar de él y a ocuparse de todas sus necesidades.

 

El papel del tutor

El tutor del enfermo puede ser una persona física como puede ser un familiar o un amigo, o bien una persona jurídica (asociaciones de familiares de Alzheimer, director de una residencia o fundaciones).

Hay fundaciones que no escogen a sus tutelados sino que se los asigna un juez. La tutela implica cuidar de la persona incapaz en los aspectos personales y en la administración de sus bienes sin ánimo de lucro.

La tutela está sometida a diversas medidas de control. Se ha de formalizar un inventario inicial de los bienes, se ha de rendir cuentas anualmente, se ha de obtener autorización previa para llevar a cabo operaciones económicamente importantes (la venta de un piso, por ejemplo) y se ha de presentar un balance final de cuentas.

 

 

 

Situación de personas dependientes en Cataluña

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El sistema público de servicios sociales prevé que las personas en situación de dependencia pueden tener acceso a determinados servicios sociales básicos y servicios sociales especializados.

En caso de que no sea posible la atención mediante algunos de estos servicios (públicos o concertados), se otorgarán prestaciones económicas vinculadas para la adquisición de servicios.

Servicios sociales básicos:

  • Servicio de atención domiciliaria. Incluyen servicios de tecnologías de asistencia, apoyo y cuidado, más popularmente conocidos como telealarma y teleasistencia.

Servicios sociales especializados para personas dependientes:

  • Servicios de prevención de situaciones de dependencia.
  • Servicio de valoración de la dependencia.

Servicios sociales especializados para personas mayores dependientes:

  • Centro de día para las personas mayores.
  • Centros residenciales para personas mayores

Servicios sociales especializados para personas dependientes atendidas en centros sociosanitarios:

  • Servicios de promoción de la autonomía personal para personas atendidas en centros sociosanitarios.
  • Promoción de la autonomía personal para personas con dependencia atendidas en los centros psiquiátricos de larga estancia de la cartera de servicios sociales.

Servicios sociales especializados para personas dependientes con discapacidad:

  • Para discapacidad intelectual: centros de día de atención especializada, centros residenciales y a los servicios de terapia ocupacionales y de tiempo libre.
  • Para discapacidad física: centros de día de atención especializada, centros residenciales, apoyo a la autonomía al propio hogar, centros ocupacionales y un servicio de asistencia personal.
  • Para discapacidad sensorial. Las personas sordociegas con discapacidad tienen derecho a un servicio de asistencia personal y, además, las personas con discapacidad visual y discapacidades múltiples cuentan con un servicio de apoyo para la integración sociolaboral y personal.

Apoyo a los cuidadores no profesionales

  • Servicio de apoyo a los cuidadores familiares y otros cuidadores no profesionales.
  • Los cuidadores familiares o cuidadores no profesionales de personas con dependencia tienen disponibles un servicio de apoyo social basado en la atención, orientación, asesoramiento y formación de profesionales especializados.

Niños menores de tres años de edad con dependencia

  • Aunque la dependencia está estrechamente relacionada con el envejecimiento, puede darse en cualquier edad por enfermedad, discapacidad u otras limitaciones. El reconocimiento de la situación de dependencia de los niños menores de tres años se lleva a cabo sobre la base de la escala de valoración específica (EVE).
  • La Ley de Dependencia también protege a los niños menores de tres años de edad y sus familias y promueve acciones dirigidas a la rehabilitación de las capacidades físicas, intelectuales y mentales de los niños. Los menores de tres años que acrediten situación de dependencia pueden acceder a varios beneficios económicos y servicios sociales para mejorar su calidad de vida y la de su familia.

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PRESTACIONES ECONÓMICAS

  • Prestación económica vinculada al servicio. Es una prestación personal y periódica, que está sujeta al grado y nivel de dependencia y a la capacidad económica de la persona beneficiaria. Se destina a cubrir los costes de los servicios previstos en el programa individual de atención (PIA) cuando no es posible la atención por parte del servicio público o concertado por falta de disponibilidad. Estos servicios son los siguientes:
    • Atención domiciliaria.
    • Centro de día.
    • Centro residencial.
  • Prestación económica para cuidadores no profesionales en el entorno familiar. Siempre que se den las circunstancias familiares adecuadas y manera excepcional, el beneficiario de esta prestación puede optar a ser atendido por su entorno familiar y la persona que le cuida recibe una compensación económica.
  • La asignación de este servicio se establece en base al programa individual de atención (PIA) y está sujeto al grado de dependencia y capacidad económica de la persona receptora. El cuidador debe recibir programas de formación, información y descanso.
  • Prestación económica para el asistente personal.

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COPAGO

La Ley de Dependencia establece que la persona beneficiaria tiene que pagar una cuota mensual cuando disfruta de un servicio. Es lo que se conoce como copago. La cantidad que debe pagar no es una cantidad fija, sino que depende de la capacidad económica de la persona beneficiaria.

El cálculo de la capacidad económica de los usuarios se lleva a cabo con arreglo a las disposiciones de la Orden BSF/130/2014, de 22 de abril, por la que se establecen los criterios para determinar que la capacidad económica de los beneficiarios y su participación en el coste de los servicios.

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INTEGRACIÓN DE LA LEY DE DEPENDENCIA EN LOS SERVICIOS SOCIALES

En Cataluña, la Ley de Dependencia está integrada en la Ley de Servicios Sociales y ha derivado en el Sistema Catalán de Autonomía y Atención a la Dependencia, integrado en el sistema público de servicios sociales.

De esta manera, la red de atención a personas con necesidades sociales también atiende a las personas con dependencia.

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COORDINACIÓN SOCIOSANITARIA

Cataluña cuenta con una red de servicios sociosanitarios de uso público.

En este sentido, el Departamento de Bienestar Social y Familia y el Departamento de Salud, a través del Plan Interdepartamental de Atención Social y Sanitaria (PIASS), trabajan de manera coordinada para lograr la aplicación efectiva de un sistema integrado de atención entre servicios de salud y sociales, que aseguren el continuum asistencial, con la atención centrada en la persona, integral e integrada, eficiente y de calidad.

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Más información de interés: http://dixit.gencat.cat/es/03ambits_tematics/02gent_gran/gent_gran_amb_dependencia/

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Cómo afrontar problemas visuales y auditivos en la tercera edad.

Millones de personas en todo el mundo sufren las consecuencias derivadas de problemas visuales y auditivos.

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La pérdida de audición y visual puede deberse a causas genéticas, complicaciones en el parto, algunas enfermedades infecciosas, el empleo de determinados fármacos, la exposición al ruido excesivo y también al envejecimiento.

Los problemas de visión y audición son de vital importancia en la vida de relación de las personas mayores porque condicionan la correcta relación con los demás.

Ante la aparición del más mínimo signo de alarma, como visión borrosa, disminución de la visión o dificultades auditivas hay que acudir al especialista para diagnosticar la causa de la alteración sensitiva y con ello poner el tratamiento adecuado lo antes posible.

A continuación vamos a considerar los problemas visuales y auditivos más comunes en la tercera edad y cómo afrontarlos afrontarlos.

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Problemas de visión más frecuentes en las personas mayores

La presbicia

Es una consecuencia del envejecimiento del ojo y de la disminución de la capacidad de acomodación del cristalino. Es algo casi inevitable y, aunque puede ser corregido, no tiene cura. Pero sí se puede mitigar su efecto mediante el uso de las correspondientes gafas graduadas de forma correcta según el déficit de visión.

Las cataratas

Están provocadas por la progresiva opacidad del cristalino y conllevan una disminución creciente de la agudeza visual. En su estado inicial se pueden manifestar por sensación de deslumbramiento, disminución de la sensibilidad a los contrastes y dificultades para percibir el relieve y los colores. Las posibilidades de tener cataratas aumentan con la edad. Afectan al 20% de la población de más de 65 años, a más del 35% de los mayores de 75 y a más del 60% de quienes han superado los 85. Por fortuna, las cataratas tienen buen tratamiento. La operación se puede practicar como cirugía ambulatoria y con anestesia local. Cada vez se operan más los dos ojos, aunque nunca en la misma intervención.

El glaucoma

Es una enfermedad que afecta al nervio óptico cuya función es conducir la información visual captada por el ojo hasta el cerebro. Lo más frecuente es que la destrucción de este nervio sea lenta y progresiva, lo que se conoce como glaucoma crónico.

Aunque todavía no se ha determinado bien las causas del glaucoma, la mayoría de las veces aparece asociado a un aumento de la tensión ocular debido a una anomalía en la filtración del humor acuoso, el líquido que se encuentra en el interior de los ojos.

Ese líquido, que todos producimos, se renueva de manera constante y, tras ser utilizado, es filtrado antes de volver la circulación sanguínea. Puede ocurrir, sin embargo, que el sistema de filtración no funcione correctamente, en general debido a su envejecimiento, con lo que el líquido se acumula en el interior del ojo y provoca una presión excesiva sobre el nervio óptico y los vasos que lo alimentan.

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Los síntomas del glaucoma crónico son tan leves que, a veces, ni se les presta atención. El nervio óptico se va destruyendo poco a poco desde la periferia hacia el interior. Al principio, el campo visual de la persona afectada se estrecha sin que se dé cuenta, ya que la zona central de la retina (que es la que nos permite ver con precisión, leer, reparar en los detalles…) no está afectada y el cerebro sigue siendo capaz de reconstruir las imágenes que faltan.

Más tarde, aparecen algunos síntomas leves: dolores de cabeza por la mañana, visión borrosa y necesidad constante de limpiar las gafas son algunos de los habituales. En cuanto se sienta alguno de ellos hay que acudir al oftalmólogo.

En un estadio aún más avanzado, la visión central desaparece casi por completo, impidiendo bajar escaleras o conducir. Cuando esto ocurre suele ser ya demasiado tarde porque las lesiones son irreversibles.

Existe un tratamiento eficaz para evitar que el glaucoma avance pero, como en todas las enfermedades, es necesario realizar un diagnóstico lo antes posible para poner el remedio adecuado por parte del médico especialista en oftalmología.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala visión

  • Se ayuda más a la persona con visión deficiente apoyándola para que se defienda por sí misma que haciendo las cosas en su lugar.
  • La forma más eficaz de saber lo que ve una persona es preguntárselo. Antes de hablarle, en particular si hay otras personas delante, lo mejor es decir nuestro nombre y después dirigirnos a ella por su nombre o tocarle el brazo. También es conveniente avisarla cuando nos disponemos a marcharnos.
  • Cuando se camina junto a ella, sólo hay que darle el brazo, sin intentar guiarla o tirar de su mano: esta actitud, además de inútil, le resultará molesta.
  • Hay que hacer el esfuerzo de describirle los lugares donde está o lo que pasa a su alrededor: la nueva decoración de la habitación, un paisaje, acontecimientos, imágenes de la televisión…
  • Para saber si necesita ayuda, lo más sencillo es preguntárselo.
  • Cuando se pone la mesa, es recomendable colocar platos claros sobre manteles oscuros y al contrario; los alimentos de color claro en platos oscuros y viceversa. Cuanto mayores sean los contrastes, mejor.
  • Para ayudarla a localizar objetos, una buena técnica es el «método del reloj» empleado por los pilotos de avión: «en el plato, la carne está en las dos», «en la mesa, las tijeras están en las diez»… Es sencillo y eficaz.
  • Hay objetos de la vida cotidiana diseñados para personas con problemas de visión: teléfonos con teclas grandes, juegos de mesa adaptados, lupas luminosas, utilizar audiolibros…

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Problemas auditivos

Cerca de un cuarta parte de las personas de 65 a 74 años y hasta la mitad de los mayores de 75 años sufren una pérdida de audición lo suficientemente importante como para interferir con su actividad social.

El hecho de no ser capaz de oír o entender las conversaciones limita la posibilidad de utilizar el teléfono, afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales y produce un sentimiento de aislamiento.

Si no se le pone remedio con rapidez, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente. El mundo deja de tener interés, no se oye a los pájaros ni se perciben otros sonidos de la vida cotidiana.

Cansados de repetir, los interlocutores sólo se dirigen a un sordo cuando no tienen más remedio. Y éste, apurado por las molestias e incómodo por las bromas o burlas que puedan producirse, deja de pedir que le repitan las frases.

También se aísla porque se cansa de leer los labios. Al final, se niega a salir porque, en la calle, en medio del bullicio, se siente aún más aislado, y los espectáculos le agotan porque debe mantenerse en alerta constante.

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Así, acaba por vivir en su propio mundo, calla y se repliega. En ocasiones, por el contrario, se convierte en un charlatán que habla sin parar y que acaba irritando a quienes le rodean. O, lo que resulta más grave aún: si no se toman medidas a tiempo (uso de un audífono), puede que quede alterado el propio mecanismo de comprensión de los sonidos, con lo que la amplificación de los mismos con un aparato no tendrá efectos satisfactorios.

Debido a la imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas («hablan mal de mí», «me insultan»…) que pueden derivar en el desarrollo de personalidades débiles, en delirios y otros problemas graves.

La falta de audición en la persona mayor puede ser debida a diferentes problemas, algunos de los cuales pueden tener tratamiento. La causa más común de pérdida de audición en la población mayor es la llamada presbiacusia, es decir, la disminución auditiva debida al propio proceso de envejecimiento caracterizada por una otoesclerosis.

No obstante, el envejecimiento no es sinónimo de sordera. Sí es cierto que el oído sufre una serie de cambios asociados con el envejecimiento que comportan unas modificaciones auditivas, pero nunca una sordera, por lo que ante cualquier problema de audición se recomienda acudir al médico especialista, el otorrinolaringólogo, para un estudio y valoración de las causas que motivan la pérdida de audición.

Según la causa, así será el tratamiento, pero nunca debe de ser el de la resignación y el de la creencia errónea de que es algo natural con la edad.

La tecnología actual pone a nuestra disposición los mejores avances en audioprótesis; audífonos que pasan totalmente inadvertidos y que se adaptan a nuestro nivel de audición.

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Recomendaciones de actuación ante una persona mayor con mala audición

Hay actitudes muy sencillas que favorecen enormemente la comunicación con una persona con dificultades de oído y que la ayudarán a salir de su aislamiento:

  • Antes de hablarle, llamar su atención
  • Vigilar que no haya obstáculos entre el rostro del interlocutor y el suyo
  • Mirar a la persona de frente
  • Procurar eliminar, en la medida de lo posible, los ruidos de fondo
  • Evitar comer, caminar o fumar cuando uno se dirige a la persona con dificultades de audición
  • Hablar con claridad y a ritmo medio
  • Gesticular para que las palabras sean más explícitas
  • Si una frase no se ha entendido bien, o lo parece, volver a enunciarla
  • Mostrarse tranquilo y ser paciente
  • En caso de mala comunicación, pedir a la persona con deficiencia auditiva que sugiera los medios para mejorarla.

 

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Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos

Las residencias de ancianos y centros de día están considerados como lugares donde las personas mayores reciben los cuidados y la atención que necesitan durante la última etapa de su vida.

No obstante, no siempre se ha tenido esta visión del ingreso de un padre, madre, tío, hermano, cónyuge o cualquier otro familiar en una residencia geriátrica. Hasta hace poco tiempo, las residencias de ancianos estaban consideradas como lugares donde se “aparcaba” o “abandonaba” al anciano que no se podía atender en casa.

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De vez en cuando, escuchamos alguna noticia negativa relacionada con personas mayores y residencias de ancianos. Son notícias que aun siendo precisamente eso, noticia por su excepcionalidad, pueden pintar en nuestra mente una idea totalmente falsa e injusta del trato y cuidados que se ofrecen en los centros geriátricos.

Gracias al trabajo de los profesionales, esta idea ha ido cambiando, y se ha podido comprobar que la convivencia y sociabilización dentro de una residencia permite aumentar la esperanza de vida.

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Motivos por los que algunos tienen sentimientos de culpa

El sentimiento de culpa aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad.

Cuando alguien está atrapado en la culpa, no se gusta, se descalifica, se tortura y se siente incapaz de tomar las riendas de su vida.

Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. Usted puede sentir que ha dejado a la persona, o que debería haberse hecho cargo por más tiempo.

Es posible que haya prometido previamente a la persona que usted siempre iba cuidar de ella en su casa y ahora se siente obligada a romper esa promesa.

Recuerde que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.

Puede ser de ayuda hablar con otros cuidadores en un grupo de apoyo, pero no deje que otros que todavía están cuidando en casa influyan en su sentimiento de culpa. La situación de cada persona es diferente y, al igual que en otros ámbitos de la vida, no debemos compararnos con otras personas.

Nunca olvidaré el día que tuve que dejar a mi mamá en un hogar de cuidado durante la primera etapa de su Alzheimer cuando todavía no cumplía los 70 años. Era la residente más joven.

Todavía me despierto por las noches con la culpa de haberla dejado mientras imploraba “Pero si yo soy tu mamá…” y yo me alejaba del oeste de Gales rumbo a mi esposo e hijos en Londres.

Aún recuerdo las cuatro horas que pasé en el auto, con el rostro inundado de lágrimas.

Mi padre me había dicho que no podía cuidar de ella y yo lo odiaba por eso. Lo que no sabíamos entonces era que él también estaba en las primeras etapas del Alzheimer.

(Testimonio de Fiona Phillips)

Es habitual que en los casos en la que la persona ingresa en la residencia con una actitud poco colaboradora o incluso en contra de su voluntad, las dudas y los sentimientos de culpa se hacen aun mayores. Este tipo de situaciones son habituales en cuadros de demencia y alzheimer, especialmente en sus fases más precoces.

En casos como el anterior, se inicia una lucha entre lo que nos dicta la razón (el enfermo necesita cuidados profesionales y estará mejor atendido)  y lo que sentimos (que no somos buenos hijos, por ejemplo).

Si bien ese tipo de sentimientos no son fáciles de erradicar, especialmente cuando el residente no está de acuerdo con la nueva situación, o cuando intenta chantajear emocionalmente al hasta ahora cuidador, sí que podemos esforzarnos por actuar de tal modo que la experiencia sea lo menos traumática posible e incluso agradable. ¿Qué podemos hacer?

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El ingreso no significa abandono

El traslado a una residencia no tiene por qué significar que usted renuncia a su papel de cuidador por completo, a menos que esto sea lo que quiere; es sólo una forma diferente de cuidar. Su participación aún puede ser muy importante.

Algunos cuidadores sienten que la atención residencial les ayuda a tener una mejor relación con la persona, ya que su tiempo juntos puede ser más especial, menos estresante y más como lo que solía ser antes de que llegase la constante preocupación sobre aspectos prácticos del cuidado.

Entrar en un centro es, sin embargo, un momento de transición; puede llevar a la persona y a su cuidador un tiempo para asentarse y acostumbrarse al cambio.

Lógicamente llevar al mayor a una residencia no significa que los familiares se vayan a desatender de su ser querido. Lejos de eso, es cuando más cercanía debe de haber entre el nuevo residente y los familiares.

Las residencias hacen mucho hincapié sobre el papel que juegan los familiares en la adaptación del nuevo residente en la fase de ingreso y adaptación.

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El principal objetivo que persiguen las residencias es que el acompañamiento familiar en las fases de preingreso, ingreso y adaptación de un nuevo residente al centro sea fundamental para lograr su plena integración, sin sentir un cambio demasiado brusco en su vida y mucho menos que sienta que lo están apartando de su grupo familiar.

Independientemente de nuestras circunstancias y de cómo nos sentimos nosotros y el residente ante la nueva situación, será bueno tener  en cuenta algunos de los principales beneficios de ser atendido en una residencia.

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Beneficios de ser atendido en una residencia

Sociabilización

En una residencia los ancianos se relacionan entre ellos, crean amistades, salen juntos a pasear, juegan a juegos de mesa, e incluso se visitan dentro de las habitaciones.

Un informe sobre envejecimiento activo recoge que el 60% las personas con más de 85 años presenta dificultades al caminar o al vestirse, esto provoca que no salgan a la calle, provocando una reclusión perjudicial para la salud mental.

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Estimulación cerebral

La estancia en un centro activa necesariamente la mente de sus residentes con actividades y talleres programadas por los psicólogos o educadores sociales del centro.

Aprenderse los nombres del resto de residentes o ir caminando a otras plantas, practicar gimnasia suave o caminar por los jardines del centro, son actividades diarias que les ayuda a mantenerse mentalmente y físicamente activos.

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Dieta equilibrada

Los ancianos con demencia o pérdidas de memoria empiezan a tener problemas para cocinar en casa y acaban comiendo incorrectamente. En la residencia se consigue que establezcan una dieta sana y equilibrada, observándose grandes mejorías en su aspecto físico y anímico gracias al aporte correcto de los nutrientes.

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Mejor Salud

Actualmente los mayores de 65 años representan cerca del 42% de las altas hospitalarias en nuestro país, un dato que se reduce cuando las personas mayores viven en una residencia al estar controlados por un equipo médico permanente.

Por otro lado los olvidos de los ancianos sobre la toma de la medicación o las sobredosis de medicación no se dan en una residencia. Los medicamentos se guardan en la farmacia del centro y enfermería se encarga de repartirlos a las horas convenidas. También se supervisa que el residente se tome la medicación, dándola en boca o triturándola si es necesario.

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En resumen podemos decir que gracias al impagable trabajo de los profesionales que atienden a nuestros mayores en las residencias, estos están bien cuidados y atendidos, obteniendo una serie de beneficios de sociabilizar con el resto de residentes, de participar en actividades adaptadas a sus circunstancias, recibiendo una dieta equilibrada y adaptada, manteniendo un control exhaustivo en la toma de medicación y en definitiva, obteniendo una mejoría en su calidad de vida.

Y por otro lado, podemos hacer mucho de nuestra parte al participar de manera activa en ayudar al residente en su nueva situación que, tengamos en cuenta, le costará un tiempo adaptarse a ella. Nuestras llamadas y visitas regulares seguramente reforzarán la idea en el residente de que es un ser muy amado y querido por nosotros.

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Utilización y beneficios de las estancias temporales en residencias y de los centros de día.

La estancia temporal en una residencia puede ser definido este recurso como un servicio intermedio, para atender en períodos de corta estancia a una persona mayor en situación de dependencia que vive normalmente en su domicilio.

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Con la introducción de este servicio en dispositivos de alojamiento, además de atender necesidades de las personas mayores y de sus familias, también se rompe el estereotipo que existe sobre las residencias, que muchas personas perciben como lugares de estancia definitiva, de donde ya no se sale más.

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Beneficios de las estancias temporales en residencias

En cuanto a los objetivos de este servicio son varios y, a su vez, se subdividen en los que se dirigen a las personas mayores y los que se dirigen a sus familias cuidadoras.

Beneficios dirigidos a las personas mayores

– Ofrecer a las personas mayores dependientes o en situación de fragilidad que vivan solas un servicio para períodos de enfermedad (gripes, cólicos…) o en situaciones de crisis (riesgo de aislamiento por nevadas, por ejemplo).

– Pasar períodos de convalecencia o recuperación de enfermedades o accidentes (altas hospitalarias).

– Aprovechar durante una temporada tratamientos y servicios que pueden prestarse en estos centros.

Beneficios dirigidos a las familias cuidadoras

– Descansar temporalmente de los cuidados prestados a una persona mayor y poder organizar vacaciones o períodos de descanso.

– Contar con apoyos suficientes durante períodos de enfermedad o de incidencias imprevistas del cuidador/a principal.

– Tener un lugar adecuado para la atención cuando se realizan obras en la vivienda o hay un traslado de domicilio.

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Durante la estancia se ofrecen a la persona mayor aquellos programas que se dispensen en el centro y que puedan ser adecuados a las necesidades evaluadas.

Pero, además de intervenir con las personas mayores, hay que hacerlo con las familias, que pueden vivir la separación temporal con sentimientos de culpa o, al menos, con incertidumbre, sobre todo si se trata de la primera vez que lo utilizan.

Al finalizar el programa de estancias temporales, la persona mayor y su cuidador/a familiar deben recibir asesoramiento personal, orientación y pautas para continuar los cuidados en el domicilio de la manera más adecuada, corrigiendo, en su caso, algunos errores de atención que hayan podido ser detectados durante la estancia temporal.

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Los Centros de día para personas mayores dependientes

El Centro de Día para personas mayores dependientes es un recurso intermedio de la red de servicios sociales que tiene diferentes definiciones, según la institución o expertos que la realizan pero en las que, básicamente se produce coincidencia. Se define aquí de la siguiente manera:

“Centro gerontológico terapéutico y de apoyo a la familia que, de forma ambulatoria, presta atención integral y especializada a la persona mayor en situación de dependencia”.

De esta definición destacamos lo siguiente:

Centro gerontológico terapéutico.– Se trata de un recurso dirigido a la atención especializada de las personas mayores. Por tanto, la intervención debe estar a cargo de profesionales con formación acorde a las terapias que se apliquen, que conforman un equipo multidisciplinar, que actúa de manera interdisciplinar.

De apoyo a la familia.– Los Centros de Día, como ya se ha dicho, cumplen una función esencial de apoyo a las familias, pues, mientras la persona mayor se encuentra en este recurso, la familia puede descansar de su atención y cuidados.

Pero, para reforzar este apoyo a las familias, desde el centro de día debe ofrecerse un conjunto de programas dirigidos directamente a ellas, como los que se han mencionado anteriormente.

Atención ambulatoria.– Es decir, las personas que son atendidas en este recurso viven en su casa y van cada día que esté indicado al centro, para después regresar a su domicilio. En eso consiste su especifidad y por eso se conoce como “recurso intermedio”.

La atención que se presta a las personas en situación de dependencia es integral.– El equipo de profesionales elabora y dirige un plan integral individualizado para cada persona mayor, deducido de la valoración realizada.

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Beneficios de los Centros de día

El objetivo general del centro de día es mejorar la calidad de vida tanto de la familia cuidadora como de la persona mayor, a través de una intervención dirigida, por una parte a proporcionar una atención integral a la persona mayor dependiente y, por otra, a ofrecer el necesario apoyo a la familia para posibilitar una permanencia adecuada de la persona mayor en su entorno habitual.

Los objetivos específicos sobre los que debe girar la intervención a realizar en un centro de día pueden ser agrupados en torno a los dos protagonistas básicos de la intervención: la persona mayor dependiente y la familia cuidadora.

Beneficios para la persona mayor en situación de dependencia

  • Recuperar y/o mantener el mayor grado de independencia funcional y de autonomía personal.
  • Mejorar o mantener el estado de salud y prevenir la aparición de enfermedades o agravamientos de las mismas, mediante el desarrollo de programas sanitarios.
  • Frenar o prevenir el incremento de la dependencia a través de la potenciación y rehabilitación de sus capacidades cognitivas, funcionales y sociales.
  • Desarrollar la autoestima y favorecer un estado psicoafectivo adecuado.
  • Incrementar el número y la calidad de las interacciones sociales, mediante el ofrecimiento de un entorno que favorezca las relaciones y facilite la participación en actividades sociales gratificantes.
  • Evitar o retrasar institucionalizaciones no deseadas o desaconsejables..

Beneficios para la familia cuidadora

  • Proporcionar tiempo libre y descanso.
  • Ofrecer orientación y asesoramiento.
  • Dotar de conocimientos, habilidades y estrategias de afrontamiento que contribuyan a una mejora de la calidad de los cuidados que dispensa a la persona mayor.
  • Desarrollar habilidades que permitan reducir el estrés así como mejorar el estado psicofísico de los cuidadores.
  • Prevenir los conflictos familiares relacionados con el rol de cuidadores.
  • Reducir el riesgo de claudicación en los cuidados.
  • Favorecer la colaboración de la familia con el centro.

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Usuarios de los Centros de día

Los Centros de Día, tal como han sido definidos, están dirigidos a personas mayores en situaciones de dependencia – física y/o psíquica – que cuenten con un apoyo social suficiente para permitir su permanencia en el medio habitual, sin que sea excluyente el hecho de vivir solo/a.

Los Centros de Día para personas mayores dependientes deben ser capaces de acoger a usuarios de diferente tipo de dependencia y grado de severidad del deterioro. Han de evitarse, por tanto, prácticas que se realizan a veces de una selección negativa hacia quienes tienen niveles importantes de dependencia, pues estas personas, aunque no puedan aprovechar algunos de los programas terapéuticos del centro de día, pueden beneficiarse de otros.

Por otra parte, hay que pensar en la importante vertiente de apoyo familiar que tiene el centro de día, y las personas con grados importantes de dependencia pueden ser las que más carga de trabajo y fuente de estrés signifique para las personas cuidadoras.

 

Modalidades asistenciales en los Centros de día

Existen varias modalidades posibles de asistencia, las cuales deben establecerse en cada lugar teniendo en cuenta tanto los motivos fundamentales como los objetivos prioritarios que persiga el uso del recurso -el del apoyo familiar o la intervención terapéutica al usuario-, así como las propias posibilidades organizativas del centro.

Los usuario/as acceden al Centro, según valoración del caso y consenso con el usuario/a y familia, bien durante un periodo de tiempo establecido previamente al ingreso o bien sin determinación del mismo. Las modalidades asistenciales habituales son las dos siguientes:

Asistencia continua. Los usuario/as acuden al centro diariamente y durante la totalidad del horario de atención. Esta modalidad asistencial se reserva a los usuario/as cuyo motivo de ingreso es prioritariamente el del apoyo a los cuidadore/as, cuando la valoración social haya detectado una situación de sobrecarga familiar muy importante.ç

Asistencia parcial. En esta modalidad asistencial los usuario/as acudirán al centro existiendo flexibilidad tanto en la frecuencia de la asistencia como en el horario. Dicha asistencia se establecerá en el centro, consensuándose con el usuario/a y las familias, en función de la valoración efectuada por el Equipo Interdisciplinar encargado de la misma –valorando tanto la situación familiar como las necesidades terapéuticas del usuario/a y las posibilidades organizativas de cada centro.

Es importante que en la indicación de este recurso se tengan en cuenta cuestiones relacionadas con la eficacia y la eficiencia de los diferentes recursos de la red de servicios sociales.

Debe, a este respecto, verificarse si, cuando el apoyo a los cuidadores/as informales es el elemento fundamental en la valoración, es el centro de día el recurso adecuado.

Porque, como se ha indicado, este servicio, en sentido estricto, es altamente especializado y debiera reservarse para quienes, además de ofrecer apoyos a la familia, van a beneficiarse de los programas terapéuticos que se prestan en él.

En cuanto a la asistencia temporal y en horario restringido, es una posibilidad que se aprovecha para realizar, por ejemplo, programas específicos para:

  • 􀂙 Personas con deterioros cognitivos leves.
  • 􀂙 Programas de entrenamiento de la memoria.
  • 􀂙 Sesiones rehabilitadoras.
  • 􀂙 Entrenamiento y recuperación funcional para las AVDs.
  • 􀂙 Servicios de baño, podología, etc.

 

Servicios del Centro de día

Desde el enfoque de atención integral que se ha insistido deben mantener los Centros de Día para personas mayores dependientes, los servicios que se ofrecen en él han de ir dirigidos a cubrir sus necesidades personales básicas, terapéuticas y sociales.

Se consideran servicios básicos los siguientes:

  • 􀂙 Transporte accesible
  • 􀂙 Manutención
  • 􀂙 Asistencia en las actividades básicas de la vida diaria (AVD)

 

Se consideran servicios terapéuticos los siguientes:

  • 􀂙 Atención social
  • 􀂙 Atención psicológica
  • 􀂙 Terapia Ocupacional
  • 􀂙 Cuidados de salud

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Además, algunos centros como Residència Sol i Natura, disponen de otros servicios complementarios:

  • 􀂙 Peluquería
  • 􀂙 Podología
  • 􀂙 Cafetería
  • 􀂙 Servicio de atención de fin de semana o de ampliación de horarios
  • 􀂙 Otros

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Falta de cobertura a más de 400.000 personas dependientes en todo el territorio español.

La Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales de España, según su Presidente, el Sr. José Manuel Ramírez, denuncia recientemente que “se necesitarían 16 años para atender al completo la lista de espera con la tendencia que se marca en los datos oficiales del primer trimestre del año”.

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Actualmente son más de 400.000 las personas que han sido valoradas y reconocidas con un grado de dependencia, y que se encuentran sin recibir ningún tipo de prestación o servicio, pese a tener tales derechos reconocidos legalmente, que representan el 34% de los potenciales beneficiarios del Sistema de Atención a la Dependencia (SAAD). En la cruda realidad esta circunstancia se traduce que durante el año 2.015 hayan llegado a morir más de 45.000 personas en dicha situación.

La citada Asociación añade que en estos últimos años “el sistema ha recibido un inmenso varapalo jurídico y financiero, que ha recaído sobre las personas en situación de dependencia, sobre sus familiares y también sobre la administraciones territoriales obligadas a la gestión y que se ven imposibilitadas para incrementar y mejorar las atenciones al ritmo requerido…”

En los últimos tiempos no se está reduciendo la lista de espera de las personas dependientes como consecuencia de un incremento de las prestaciones y servicios del SAAD, sino que ello se ha debido a diversos factores:

a) Causas administrativas (tardanza en la tramitación de expedientes, duplicidades, caducidades o renuncias).

b) Aplicación de nuevos baremos a la hora de valorar a las personas dependientes, como por ejemplo, la supresión de los dos Niveles que existían en Cataluña dentro de cada Grado de Dependencia. Resulta paradójico, pero en los últimos años ha crecido el número de personas valoradas que no han obtenido grado.

c) El fallecimiento del titular del derecho mientras se encontraba en lista de espera, es decir, de la persona dependiente que había sido valorada y a la que legalmente se le había reconocido el derecho, y que todavía se encontraba en lista de espera sin llegar a recibir ninguna prestación, lo que se ha venido a denominar el “limbo de la Dependencia”.

Respecto al ligero incremento de los servicios esgrimido desde las Administraciones Públicas, ello obedece, más que a un real aumento de los servicios y/o prestaciones, a el incremento del copago o aportación económica de los beneficiarios del sistema, y a la reducción de las prestaciones económicas destinadas a los cuidadores no profesionales.

Por último, desde la “ASSOCIACIÓ ACAD”, de la que forma parte la Residència Sol i Natura, creemos que invertir en un mejor sistema que permita apoyar en su vida cotidiana a las personas dependientes, que posibilite conciliar a las familias, que genere empleo e importantes retornos a las arcas públicas, y que se base en inequívocos principios de justicia y de solidaridad recíproca, es una de las medidas más inteligentes y demandadas que podrían tomar el Gobierno Central y los Autonómicos actualmente.

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Actividades recreativas y socialización en la tercera edad.

Es habitual que en la tercera edad se produzca en el anciano una pérdida de interés por el mundo exterior, el entorno y todo lo que le rodea, mientras que, por el contrario, aumenta la preocupación por todo lo relacionado con su cuerpo y el deterioro típico de la vejez.

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Vamos a considerar, a continuación, algunos síntomas y comportamientos típicos -y naturales- de muchas personas mayores al encarar la vejez y cómo especialmente desde las residencias de ancianos buscamos fomentar, mediante actividades y terapias ocupacionales específicas, el interés de estas personas en su entorno y lograr, en definitiva, mejorar su calidad de vida.

La vejez no es una enfermedad, sino una etapa más de la vida con sus cosas buenas y malas, como cualquier otra. Sí que es verdad que, durante este periodo se incrementan los problemas de salud, los problemas físicos, produciéndose también, una disminución de la actividad intelectual, con pérdida de la memoria y deterioro de la agudeza perceptual.

El anciano experimenta una menor capacidad para adaptarse al medio en el que vive. Su estado de ánimo suele decaer y aumentan los componentes depresivos y diferentes temores ante la soledad, la indefensión y la muerte. Crece el desinterés por todo lo que les rodea. No les gusta nada y se muestran gruñones y regañones quejándose constantemente.

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Podemos clasificar estas actividades según su propósito. Así, por un lado, nos encontramos con aquellas que buscan potenciar la creatividad, la productividad y la capacidad artística. Por otro, las que hacen frente a las limitaciones físicas, favoreciendo el mantenimiento de un funcionamiento psicomotriz adecuado, trabajando equilibrio, flexibilidad y expresividad corporal.

Junto a éstas, se desarrollan otras actividades de tipo psicológico con las que se persigue la integración de la persona mayor y su socialización. Algunas van dirigidas a aumentar el sentimiento de utilidad y autoestima personal, otras a desarrollar la capacidad del disfrute y de apertura hacia nuevos intereses, fomentar la comunicación, la amistad y el establecimiento de relaciones interpersonales.

Otra forma de conseguir acabar con el aislamiento en las personas de la tercera edad es a través de las actividades socio-recreativas. Mediante excursiones, visitas, fiestas, bailes, manualidades y juegos de mesa se propicia el establecimiento de relaciones interpersonales entre los residentes y su integración social, además de tener efectos favorables sobre la salud y el bienestar psicológico.

El trabajo que realizamos en las residencias geriátricas para acabar con el aislamiento en las personas mayores, es realmente significativo y el porcentaje de éxito, bastante elevado.

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Amplio abanico de actividades

Existen distintos tipos de actividad que pueden ser utilizadas de manera conjunta y adaptadas a las necesidades y características del anciano:

  • Actividad artística y cultural
  • Actividad deportiva
  • Actividad pedagógica
  • Actividad ambiental
  • Actividad terapéutica

Los tipos de actividad artística, cultural, deportiva y pedagógica tienen por finalidad principal el mantenimiento, desarrollo y recuperación de habilidades diversas; servir de estímulo de la creatividad y posibilitar experiencias que contribuyan al bienestar y autoestima de los participantes. Por otra parte, estas actividades propician el establecimiento de relaciones interpersonales y la integración social de los sujetos, con independencia de sus favorables efectos sobre la salud y el bienestar psicológico.

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La actividad ambiental, además de propiciar el disfrute de las relaciones con el medio ambiente, propicia la identificación con este, y fomenta el desarrollo de una cultura sostenible y la motivación por su preservación.

La actividad terapéutica, puede estar orientada a personas con problemas funcionales, físicos o psicológicos y puede ser ella misma vehículo o instrumento de rehabilitación o complemento de programas diseñados a estos fines.

En fin, de lo que se trata es de emplear las actividades de ocio y de recreación para el fomento de estilos de vida en el adulto mayor, que propicien su salud y bienestar y lo impliquen en acciones que le sirvan como instrumento para el crecimiento la autodeterminación personal y su adecuada inserción en la vida comunitaria y social.

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Beneficios de las terapias ocupacionales

Los beneficios obtenidos por los ancianos al participar en las distintas actividades programadas por profesionales expertos en terapia ocupacional y psicólogos son muchos y muy variados.

Destacamos, de entre todos, los que ayudan al anciano a mejorar las relaciones interpersonales y la integración social. Algunos de los beneficios más destacados son:

Potenciar la creatividad y la capacidad estética y artística.

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Favorecer el mantenimiento de un funcionamiento psicomotriz adecuado.

Fomentar los contactos interpersonales y la integración social.

Mantener, en cierto nivel, las capacidades productivas.

Hacer frente a las disminuciones y limitaciones físicas.

Mantener equilibrio, flexibilidad y expresividad corporal.

Servir como medio de distensión y enfrentamiento activo al estrés y las tensiones propias de esta etapa de la vida.

Contribuir al mantenimiento del sentimiento de utilidad y autoestima personal.

Fomentar la creatividad y productividad en el uso del tiempo libre.

Mantener o desarrollar la capacidad del disfrute lúdico y la apertura hacia nuevos intereses y formas de actividades.

Fomentar la comunicación, la amistad y el establecimiento de relaciones interpersonales ricas y variadas.

Propiciar el bienestar y la satisfacción personal.

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En Residencia Sol i Natura nos tomamos el bienestar de nuestros mayores muy en serio. Para ello hacemos que el residente participe de la vida del centro, mediante su implicación en las diversas actividades de ocio, no solo como distracción sino como terapia para ayudarle a socializar, mantener sus capacidades físicas y cognitivas en las mejores condiciones posibles y, en definitiva mejorar su calidad de vida.

Destacamos, entre las diversas actividades que llevamos a cabo con nuestros mayores, actividades programadas como: calendario del mes, juegos de mesa, bingo (semanalmente), árbol estacional, fichas cognitivas, estimulación cognitiva oral, canciones, refranes en grupo, mandalas, juegos físicos (anillas, bolos, pelota…), celebración de cumpleaños, cinefórum, talleres (carnaval, San Valentín, primavera, Sant Jordi, Sant Joan, castanyera, preparación de panellets…

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Caminando hacia un mundo libre de contenciones.

Hasta ahora el uso de la contención en los centros ha tenido como objetivo el contener físicamente y / o farmacológicamente al residente que se agita o que tiene una conducta violenta, para reducir de esta forma el riesgo de caídas, autolesiones, el daño a otras personas, incluso, el deterioro de las instalaciones, y cualquier otro accidente con grave perjuicio para su propia integridad física o de los demás.

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No obstante, este modelo de gestión en los últimos años ha comenzado ostensiblemente a cambiar en nuestro sector. La supresión y / o el uso racional de las contenciones físicas está comportando un cambio de modelo asistencial centrado en la persona y en su dignidad, así como un trabajo de equipo interdisciplinar con todo el personal de atención directa, reto al que cada día se suman más residencias, que empiezan a trabajar para alcanzar este objetivo, y que también viene propiciado desde la labor de asesoramiento desarrollada por el Servicio de Inspección.

Ahora, en la gran mayoría de las residencias estamos valorando a la persona como individuo particular, estudiando sus necesidades, su problemática, las reservas características y factores de riesgo, con el propósito de llegar a una solución que resuelva “el problema “sin necesidad de utilizar dichas sujeciones, y sólo cuando no funcionan estas medidas alternativas, porque hayan resultado infructuosas, se recurre a alguno de los tipos de medidas de sujeciones.

Hay varios métodos que nos ayudan para llegar a ser un centro libre de contenciones.

Por otro lado, tampoco se puede pretender una seguridad total para nuestros residentes, una sobreprotección a la hora de cuidar no es buena, ya que esto invalidaría la propia existencia, y se debe promover la autonomía personal y debe asumir el riesgo que conlleva la vida misma, de lo que las familias también deben ser conscientes, colaborando todos juntos para conocer y respetar los valores y voluntades de la persona atendida. Como una vez me dijo una Inspectora de Bienestar Social, “chica, la vida es un riesgo …”

La actuación inmediata estándar, frente a todo cambio significativo de comportamiento, es hacer unavaloración integral de la persona, identificando y tratando los problemas psicosociales, funcionales y sanitarios que puedan ser responsables de la situación particular del residente.

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Se utiliza el denominado método conceptual “DSM”, que consiste en la observación durante horas de la conducta del residente, en diferentes franjas horarias, a fin de detectar los posibles problemas y las necesidades que precisa. A continuación, por parte del personal sanitario y cuidador se debe analizar toda la información y valoraciones, y después, con toda la información acumulada, se decidirá por parte del equipo interdisciplinario que se hará, adoptando un plan de medidas como estrategia que sea adecuado al estado de la persona, entre las que destacan:

  • Hacer un abordaje verbal hacia la persona.
  • Hacer un tratamiento de los problemas de salud del residente.
  • Aplicar medidas ambientales y / o conductuales, como por ejemplo:

a) Modificar el entorno físico a las necesidades y el bienestar de las personas, como crear espacios diferenciados, adaptaciones a la vida diaria y estímulos sensoriales, y para hacerlo más seguro, como por ejemplo, utilizar butacas ergonómicas con orejeras y con reposa pies, el descanso diurno del residente; en las habitaciones, camas articuladas más bajos, que eviten que el residente se haga daño si se cae al suelo, además de barandillas, como elemento de seguridad, y siempre y cuando no exista el riesgo de que el residente pueda saltar por encima de la barandilla; un pavimento que sea un suelo caliente; un jardín terapéutico, dotado de huertos urbanos, agua y texturas de colores, y barandillas en los recorridos, etc ..

b) Organizar un programa de estimulación física y actividades que llegue al máximo número de usuarios y que sea impartido por el máximo número posible de profesionales. Resulta muy importante que la persona mayor haga un tipo de ejercicio adecuado a su situación médica, como por ejemplo, dar paseos.

c) Mantener la rutina habitual de cada individuo.

d) Aumentar el trato amable y humanitario por parte del personal sanitario y cuidador con la persona, como por ejemplo, rascar la espalda, hacer masajes de manos, abrazar o coger las manos, ya que transmiten una influencia calmante y una sensación de amor y de seguridad, que hace disminuir los problemas de comportamiento.

En definitiva, los profesionales que trabajamos en las residencias intentamos reconocer y responder a las necesidades particulares de cada residente, con un apoyo psicosocial, cuidados sanitarios, actividades y ejercicio regular, en un entorno físico más seguro, suprimiendo el uso de contenciones, o reduciéndolo a los casos que las otras medidas alternativas no han dado éxito.

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Cuidamos a nuestros mayores como personas.

No podemos permanecer impasibles cuando nos levantamos y desayunamos con noticias publicadas en los medios que desprestigian como a profesionales a las personas que trabajamos en las residencias y en los centros de día de la tercera edad, incluso algunos atreviéndose a acusarnos de maltrato psicológico hacia las personas mayores.

El modelo de asistencia que desde hace ya varios años se viene desarrollando e implementando en las residencias y centros de días de la tercera edad tiene como núcleo básico de atención a la persona del residente o del usuario, a sus intereses y preferencias, con la implicación de las familias, para mejorar su calidad de vida, modelo que últimamente se ha venido a consolidar bajo la nomenclatura “Atención centrada en la persona” (ACP).

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El equipo interdisciplinar de los centros (auxiliares, técnicos y directores) se preocupan de conocer a la persona mayor, trazando su historia de vida, con el fin de comprenderle mejor, de respetar sus gustos y preferencias, para que pueda continuar siendo la misma persona que fue y, al fin y al cabo, lograr nuestro objetivo en común, que no es otro, que conseguir su bienestar, haciendo su vida más fácil y agradable.

Los equipos directivos dirigen su esfuerzo en planificar e implementar en el seno de nuestras organizaciones una formación orientada a mejorar las competencias técnicas y profesionales de los empleados que atienden a nuestros mayores, potenciando sus conocimientos y dotándoles de las herramientas necesarias para que sean capaces de introducir los cambios que en los procesos formativos les han sido planteados, y de esta forma conseguir implementar un modelo de atención centrado en la persona.

Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

Al personal se le forma para que trate con suma amabilidad a las personas residentes o usuarias de centros de días. Su formación les enseña que a un anciano no se le trata como a un niño pequeño, pues aunque tenga muchos años, un deterioro cognitivo por sus patologías médicas o vea poco, sigue siendo un hombre o una mujer, con sus derechos y su dignidad, tan íntegros como pueda tenerlos cualquiera de nosotros, y con una larga historia de vida, experiencia y conocimientos acumulados a lo largo de los años que, en muchas ocasiones nos podría sorprender.

Frente a un anciano que se expresa mal y cuesta de entender, no le alzamos la voz, a no ser que de verdad no te oiga, mantenemos la calma, y con un discurso claro y sencillo nos hacemos entender. Muchas veces, ni siquiera el discurso es necesario, basta plantarte delante de la persona, que te vea la cara y tu expresión, y descubres su mirada de complicidad que te confirma que te ha entendido.

Nuestra ética tampoco nos permite hablar en presencia de la persona mayor, como si esta no estuviera….

Le pedimos opinión a la psicóloga de la Residencia Sol i Natura, la Sra. Meritxell Rosa, titulada en un máster de gerontología, una más de esas miles de profesionales que trabajan en las residencias geriátricas por y para nuestros mayores, y le preguntamos por la opinión que le merece oír en los medios que se nos tache de “maltratadores” a los centros. Nos manifiesta que “trabajo desde hace algunos años en el ámbito geriátrico, en residencias. A lo largo de todo este tiempo he tratado a las personas mayores como lo que son: personas de avanzada edad, con su historia de vida, sus experiencias, sus valores, etc, siendo cada uno de ellos una persona singular, individual y especial, diferente a otra (obviamente como todas las personas!).

Sí, seguramente, en los centros geriátricos podemos cometer errores, pero se hace el máximo esfuerzo por todo el personal para acompañar en esta etapa de la vida, suplir aquellas necesidades básicas que no puedan realizar por ellas mismas, escuchar las historias que quieren contarnos y todo aquello que pueda optimizar su calidad de vida dado el cambio que supone vivir en una residencia. Quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas que pulir en el desarrollo de nuestro trabajo y en ese camino estamos, con dedicación y conciencia de que existe una necesidad de cambio en la manera de mirar los centros geriátricos por parte de todos, no sólo de las personas que trabajamos en las residencias.

¿Maltrato psicológico? Perdón, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando leo el artículo y vuelvo a ver que entre otros, el centro de la diana somos aquellos profesionales entregados a acompañar a nuestros ancianos como personas, personas mayores, con su nombre y apellidos, respetando sus creencias, sus valores, sus sentimientos, sus emociones, pensamientos y todo aquello que hacen que cada persona sea única.

De nuevo, echo en falta que no se hable del maltrato recibido desde las comunidades autónomas, las consejerías y gobierno estatal: los recortes, el eterno convenio de las residencias y otros elementos se manifiestan en auténticos signos que sí deben remarcarse como auténticos factores de maltrato: número limitado de absorbentes (compresas y pañales) necesarios para una persona mayor con incontinencia, eliminación de tratamientos médicos farmacológicos por reducción de costes y ratios en la Sanidad, aumento del grado de deterioro cognitivo y funcional para ahorrar ayudas económicas en el ámbito de la Dependencia, visitas médicas de especialistas que no llegan,… en definitiva, la falta de políticas dirigidas a este sector de la población: los profesionales que nos dedicamos vocacional y profesionalmente al acompañamiento de personas mayores vemos a las personas, no un número de historia ni una etiqueta ni un gasto.

Somos realistas y sabemos que siempre hay cosas para mejorar y en esta mejora está nuestro empeño y desempeño en el día a día y por una vez, sería interesante que las miras se pusieran un poco más arriba de los profesionales de campo. “

Podríamos resumir todo en que en las residencias y centros de día tenemos muy en cuenta a nuestros mayores, como a personas que integran un colectivo vulnerable, y pensamos de corazón en la actitud que debemos adoptar a la hora de cuidarlos, para tener en cuenta su historia de vida y lograr su bienestar.

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catala

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